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El Banco de Leche Materna ha investigado durante seis años la influencia de la alimentación en la salud de los bebés

 

Ya está aquí el inicio del periodo escolar, para mí como pediatra y supongo que para maestros y docentes el año empieza ahora y no el 1 de enero. Con la apertura de aulas empiezan, no solo los problemas con libros y uniformes, llantos a la entrada y separaciones dolorosas, también el reencuentro con amigos y enemigos. Entre estos últimos están nuestros denostados virus. Con el comienzo de las clases, el hacinamiento en algunos casos y las relajadas medidas de higiene que mantienen los menores hacen que mocos y fluidos circulen a sus anchas por el aula, permitiendo que los virus empiecen a disfrutar de su ambiente deseado.

El verano actúa como un reset casi completo, pues si vimos un duro invierno de catarros y gripes, la primavera acrecentó los cuadros con asmas, alergias, neumonías y anginas bacterianas. Durante el cierre de las clases y el pasar más tiempo en la calle, campo y playa hicieron que los procesos habituales de los pequeños disminuyeran de manera drástica, modificándose el patrón de consultas, lo que fueron toses y mocos en verano eran picaduras y brechas.

 

El reinicio de la enfermedad banal de los mocosos lleva implícito el uso y abuso de todo tipo de medicamentos, antibióticos incluidos, como muy bien dice el doctor Andrade en su carta a raíz de un artículo mío sobre antibióticos: “El problema de los tratamientos con antibióticos en pediatría de cuadros catarrales, otitis, bronquitis y bronquiolitis, etc. es complejo y para nada sencillo, tanto por la mala educación sanitaria de la población como por nosotros mismos profesionales que estamos inmersos en este mundo, socialmente medicalizado y en el que es sistema de salud es totalmente abierto a todo y para todo.”

Esa barra libre que hay para el acceso a la consulta y esa medicalización donde todo parece necesitar un remedio, hace que para el profesional saturado sea más fácil y rápido tirar de receta de antibióticos, que podría no hacer falta, en vez de recitar al paciente en unos días para ver cómo evoluciona.

Como bien señala Andrade en su carta, los padres demandan inmediatez, el nene debe curarse cuanto antes, no quieren estar dos o tres días con un catarro sin hacer nada, faltando a clase y al trabajo, si no hay con quien dejarlo, y eso nos puede pasar a nosotros también.

Siguiendo su análisis comenta en su párrafo central: “La realidad, es un circuito que consiste en lo siguiente: consulta de la madre o padre a pediatra, por la mañana, tratamiento sintomático, con evolución de tres o cuatro días, a las 12-24 horas en la persistencia de síntomas, acude a urgencias de Atención Primaria u Hospitalaria, de nuevo se procede a exploración y mantenimiento de diagnóstico, y de nuevo consejo de tratamiento sintomático, a las 24 horas, acude nuevo a su pediatra o de nuevo a urgencias, si mantenemos la cordura, el proceso catarral, acaba con tres o cuatro consultas médicas con dos o tres profesionales diferentes, que en el supuesto haya sido todo académico, no habrán prescrito antibióticos. El tratamiento antibiótico, ejerce un efecto psicológico sedante a los padres, que hace que les ceda la ansiedad y efectivamente aguanten al enfermito en su domicilio hasta su curación. Eso ¿es malo?, es malísimo, pero en nuestra sociedad medicalizada hasta la extenuación, es un factor a tener en cuenta, y no podemos ceder a una realidad que hemos creado, no solo los profesionales, sino todos… Hasta que nuestros responsables políticos no usen todas las armas de comunicación para culturizar a la población en un tema como es el sanitario, no tendremos remedio”.

Aquí tengo que discrepar del análisis y de la receta propuesta, que la situación que describe es real, frecuente y conocida no lo voy a discutir, es nuestro pan de cada día, consultas abarrotadas con tontinaderías, permítaseme el término sin querer ofender a nadie, y urgencias hospitalarias sobrecargadas con asuntos banales o que podrían esperar y ser vistas por su médico de atención primaria, pero aun siendo cierto, el tratamiento antibiótico no puede ser en ningún caso un ansiolítico administrado al niño para apaciguar a unos padres demandantes.

No podemos como profesionales caer en el uso de placebos o pseudociencias y mucho menos de antibióticos como tapabocas por sentirnos nosotros sobrepasados, quemados o presionados por el entorno, no es ético, nuestra responsabilidad es con el menor y debemos contemplar su infancia actuando de una manera lo más respetuosa posible y eso implica no hacer o dejar de hacer cosas por presiones externas inadecuadas y mucho menos porque nuestro entorno laboral no sea el adecuado, entrando en un círculo donde nos sentimos maltratados y sin darnos cuenta maltratamos nosotros también y encima al más débil.

No estoy tampoco de acuerdo en cargar culpas a los responsables políticos que, si bien no hay una inversión en educación para la salud, y los presupuestos para primaria cada vez son menores a costa de gastar en un modelo hospitalocentrista cada vez más hipertrofiado y privado, no es más cierto que la responsabilidad debe empezar en nuestro entorno. No solo las cuentas macroeconómicas y grandes presupuestos tienen la culpa de todo, nuestro micromundo, nuestro entorno de cinco metros alrededor es nuestra responsabilidad y de nadie más. Cómo concluyamos una entrevista clínica, cómo desarrollemos esos cinco minutos que tenemos y que ojalá fueran más, cómo actuemos en educación para la salud en nuestra comunidad, tiene más valor en el día a día que cualquier reivindicación a la cúpula directiva que podamos hacer, que también.

Todo lo que se puede leer sobre antibióticos últimamente nos encamina a un desastre, bacterias superresistentes a todo, antibióticos que dejan de funcionar, uso inadecuado y abuso por doquier colocándonos a la cabeza de Europa en su mal control y no digamos ya en la infancia donde la situación es abusiva. En los últimos días, he podido leer estudios donde la responsabilidad de las resistencias no está tanto en el esos tratamientos interrumpidos que tanto regañamos a los pacientes porque no cumplen el periodo indicado, no está tanto en tomar dos días y dejarlo porque ya me encuentro mejor, el problema real puede ser el uso excesivo para cuadros que no lo precisan, la mayor parte de la veces por indicación inadecuada del profesional o también por automedicación, las farmacias no son pocas las que venden sin receta o adelantan el tratamiento, esas pastillas que le sobraron a la vecina y que le fueron tan bien o las que guardó del año pasado cuando pasó algo parecido. También se culpa a los tratamientos indicados correctamente, pero excesivamente prolongados, como se viene demostrando y que habría que replantear cuando una otitis se cura en cinco días iguales que con un tratamiento de 10 o una amigdalitis con dos o tres días de medicación.

En cuestión de antibióticos no es cuestión solo de echar la culpa a los que presionan al médico para que se los recete porque creen que sin ello no mejorarán o se curarán antes. La carta del colega Andrade me hace replantearme y mirarme el ombligo ¿Qué hago yo en cuestión de política de antibióticos? ¿Qué hago en mi día a día, además de quejarme de lo que hace tal responsable político o de las presiones de las farmacéuticas?

Aunque tenga 40 citados ¿soy capaz de perder unos minutos para explicar que no le voy a mandar antibiótico porque no le hace falta? ¿Soy consciente en todo momento de que si un producto, medicamento o placebo, no hace falta, tan solo puede hacer daño al niño?

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/08/24/mamas_papas/1503564201_541536.html

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La información debe ser clara y entendible, pero con un lenguaje delicado y afectuoso

 

Cuando un profesional sanitario debe comunicar una mala noticia a un niño la recomendación es que lo haga en un sitio agradable y con cierta intimidad, no en un pasillo, mejor sentados y escuchando sus dudas y temores, ha explicado la pediatra Ana Cuevas, en una mesa redonda sobre el duelo y el niño, celebrada durante el el XXXI Congreso de la Sociedad Española de Pediatría Hospitalaria y Atención Primaria (Sepeap). Dar información clara y entendible pero con un lenguaje delicado y afectuoso, repitiendo lo importante, son también pautas recomendadas.

Los niños tienen un concepto diferente de la muerte según la edad y, por lo tanto, hay recomendaciones concretas para el acompañamiento en cada etapa. De cero a dos años, intentar que mantengan sus rutinas dentro de lo posible para que se sientan seguros; de tres a seis años, pueden sentirse abandonados por el fallecido o castigados por alguna mala conducta que hayan tenido o algún mal pensamiento. Por eso, es fundamental liberarlos de la culpabilidad, que expresen lo que sienten y piensan y responder a sus preguntas, evitando los eufemismos y “llamando a las cosas por su nombre: muerte y enfermedad”, ha apuntado Cuevas.

Respecto a si deben participar o no en ceremonias de duelo, no hay reglas, pero la pediatra recomienda preguntarles: “Aunque un niño nos parezca muy pequeño para ir a un funeral, si desea ir, podemos dejarle ir y también al contrario, puede parecernos muy mayor para no ir, pero si no quiere, debemos respetarlo”.

Entre los siete y los 12 años, los niños comprenden la muerte y sus consecuencias, pero no están preparados emocionalmente para afrontarla. Es momento de ser más precisos y concretos en las explicaciones y también de escucharles en profundidad. Los dibujos, cuentos y películas pueden ser útiles. También los paseos para que expresen lo que llevan dentro.

A partir de los 12 años, es bueno darles el protagonismo que deseen en las ceremonias y es una edad en la que los amigos adquieren mucha importancia. “El dolor no se resuelve pasando rápido por la experiencia, como a menudo se piensa, sino que sucede todo lo contrario, la agrava”, ha concluido la pediatra Manuela Contreras.

 

Fuente: https://www.redaccionmedica.com/secciones/pediatria/pautas-de-los-pediatras-para-comunicar-malas-noticias-a-los-ninos-1542

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La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha destacado la importancia de la lectura en la edad infantil, dado que sirve para “mejorar el aprendizaje de los niños, su desarrollo y su maduración”.

 

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) ha destacado la importancia de la lectura en la edad infantil, dado que sirve para “mejorar el aprendizaje de los niños, su desarrollo y su maduración”.

La presidenta de esta asociación, la doctora Begoña Domínguez, ha señalado que esta actividad “permite a los niños aprender las palabras con mayor rapidez, mejora su comprensión y ejercita su cerebro para que la adquisición del lenguaje, que se produce entre los 10 y los 30 meses, sea lo más rica posible”.

“Las áreas cognitivas del cerebro se estimulan con la lectura y los aspectos emocionales de nuestro desarrollo también evolucionan favorablemente con este hábito”, ha apuntado esta doctora.

Esta actividad también les ayuda en “su desarrollo cultural, pero también en su maduración psico-afectiva”, según la pediatra de esta asociación, la doctora Esther Serrano.

En cuanto a la práctica de esta actividad en las familias, el 79 por ciento de las que tienen menores de 6 años les leen en casa una media de 3 horas a la semana y el 84,7 por ciento de los niños entre 6 y 13 años leen libros que no son de texto durante más de 3 horas semanales.

Además, el 78,3 por ciento de los niños ha asegurado que sus padres leen habitualmente y un 96,7 ha dicho que en el colegio les animan a leer, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Los profesionales también han recordado que es bueno que los niños elijan sus libros preferidos y que tengan sus propios gustos porque, de ese modo, “los padres pueden compartir con ellos sus aficiones y sus gustos” y porque “la falta de interés por los temas que se les impongan puede generar apatía y rechazo ante la lectura”, según la doctora Serrano.

En cuanto al tipo de lectura y el formato, los hábitos han cambiado, ya que actualmente el 46,6 por ciento de los niños de 13 años lee en formato digital y el 81,1 por ciento usa Internet para buscar información.LANZAN UNA CAMPAÑA DE PROMOCIÓN DE LA LECTURA EN ‘FAMILIAYSALUD.ES’

Con la intención de fomentar este hábito, la AEPap ha apoyado la puesta en marcha de una campaña de promoción de la lectura que la web ‘www.familiaysalud.es’ ha iniciado con motivo del Día Internacional del Libro, quienes fomentarán esta actividad durante todo el mes de abril con la publicación de noticias y consejos sobre el tema.

Esta asociación también ha usado su página web para poner al alcance de los padres diversos recursos como cuentos y libros, con el fin de colaborar con el aprendizaje y la estimulación infantil.

Además, la web ‘www.familiaysalud.es’ ha puesto a disposición de los padres un decálogo informativo bajo el lema ‘El derecho de los niños a escuchar cuentos’, en el que se hace referencia a algunos de los beneficios de la lectura diaria para los niños.

 

Fuente: https://www.lainformacion.com/salud/pediatria/la-lectura-durante-la-infancia-es-clave-para-mejorar-el-aprendizaje-de-los-ninos_C6H3u6NV4edUOGZ59y8Of4/

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Unas declaraciones del consejero de salud asturiano ponen en jaque a esta especialidad

 

No es nuevo el debate de cuál es el modelo de atención a la infancia idóneo, desde que en los años sesenta se creara lo que hoy se conoce como pediatría de atención primaria, muchas veces ha reverdecido la polémica de si es necesario o no, hasta que edad se considere óptimo, y sobre todo quien debe asumir esa atención.

Al principio la atención diferenciada entre adultos y niños fue hasta los siete años, posteriormente hasta los 14 y siempre se habló de los 18 para abarcar toda la adolescencia, casi un 10% de mi grupo tiene más de 14 años porque me interesa la adolescencia y porque quiero creer que ellos se sienten a gusto conmigo. El caso evidente es que los niños no son adultos bajitos, tienen sus enfermedades específicas y tienen su enfermar diferenciado, no digamos nada ya de los menores de tres años con los problemas y avatares propios de la crianza y el primer desarrollo.

El sistema parece consolidado en España, aunque excepcional, ya que en el resto del mundo no es lo habitual. En Europa es raro ver a un pediatra formado como especialista atendiendo en atención primaria, función que queda reservada para los médicos generalistas o de familia que atienden al conjunto del núcleo familiar. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, de ahí el debate. Pediatras formados en la atención al menor en exclusividad defienden su especialidad y su “pastel” y médicos de familia formados adecuadamente pretenden acceder a un trozo de la tarta, mientras otros médicos de familia abominan de todo lo que tenga menos de 1,20 metros de altura.

Hoy por hoy no hay un censo exacto, pero se habla de que la pediatría de atención primaria está siendo atendida por casi un 40% de médicos de familia que pasa consulta de niños en exclusividad. En la ciudad de Madrid, según datos del Sermas, casi 300.000 niños estarían siendo atendidos por médicos de familia sin menoscabo de la salud, ni aumento de índices de morbimortalidad como sugieren algunas sociedades de pediatría que reclaman la exclusividad. Cada día son menos los especialistas en pediatría que recalan en la primaria, la mayor parte no abandona el hospital en que se formó para seguir su formación o para acceder a otro modo de atención más especializada, no tan general como es el centro de salud. Cada vez más vacantes, ya no hay suplentes que cubran bajas o vacaciones, ya no hay quien vaya a cubrir turnos de tarde que imposibilitan la conciliación familiar, ese trabajo no deseado lo cubrimos en precario médicos generalistas formados, pero a los que no se nos permite acceder a la oposición, ni a poder consolidar el puesto a pesar de llevar once años en él como eventual no interino.

En este mar revuelto aparece un consejero de sanidad, alguien que tiene algo que ver y que decir, aunque sea solo en su comunidad asturiana y dice:

“…de aquí al año 2025 probablemente la especialidad de Atención Primaria pediátrica desaparezca…” y que “…se camina hacia el modelo del norte de Europa donde la pediatría es asumida por médicos generalistas…”.

Ya está para que quieres más. Se volvió a desatar la polémica. Palabras que podían haber pasado sin más, pero que tuvieron su realce y cobertura en la prensa. Ante este “grave ataque” de un gestor de la sanidad pública, las sociedades de pediatría montan en cólera y emiten un comunicado mostrando su malestar en defensa nuevamente de su “pastel”.

 

¿Podrán contener la que se avecina?

 

¿Podrán los taxistas evitar que empresas como Uber o Cabify les quiten su monopolio? El futuro ya está aquí, por mucho que nos resistamos los carteros dejarán de repartir cartas, las cajeras del hipermercado desaparecerán sustituidas por cámaras y escáneres, muchas profesiones desaparecerán, incluso los conductores ya sean taxistas, de Cabify o de Uber dentro de unos años habrán sucumbido a los coches autónomos que ya están en nuestras calles. ¿Seremos los médicos una excepción?

Por mucho que se empeñen las sociedades del ramo, el modelo de atención a la infancia está cambiando, ya son minoría los profesionales que dedican su especialización en pediatría para hacer primaria, no es nada atractivo, los salarios no son adecuados, en un libre mercado cuando una profesión es muy demandada y con muy poca oferta, los salarios podrían multiplicarse como ocurre en la medicina privada o en el extranjero que si pueden ser atractivos y reclamo de profesionales. Horarios y contratos basura que no permiten a una profesión ni la más mínima conciliación familiar de verdad, nada sexy la pediatría de centro de salud para un joven recién acabado en la élite, con las mejores notas en selectividad y en el Mir para poder ejercer una profesión altamente demandada.

Durante años la atención se ha ido hipertrofiando siendo cada vez necesarios más y más profesionales, se ha conseguido desde esas mismas sociedades y desde el estado inutilizar a la población para que acuda al profesional que sabe de niños, se han creado enfermedades y programas preventivos que han masificado consultas, decenas de visitas a niños sanos para felicitar a los padres por lo bien que lo están haciendo y para más gloria del profesional que supervisa tal desatino.

Una burbuja de poder alrededor de revisiones con poca o nula evidencia científica, una burbuja que como todas las burbujas deben explotar, cegados sin querer ver el futuro que ya tenemos aquí, los pediatras siguen reclamando con voz ponente, pero probablemente inútil con un comunicado de consumo interno, un devenir inexorable, un cambio del paradigma de atención en donde pasar de una pediatría para satisfacer al cliente-votante-padres, a un modelo donde lo importante sea de verdad el menor, un menor no medicalizado, ni institucionalizado desde el primer día de su vida.

Lo que desaparece es el sistema en sí mismo independientemente de que lo atiendan pediatras formados para una medicina hospitalaria con menos de dos meses de paso por el centro de salud en sus 10 años de formación, o médicos de familia correctamente formados, o incluso profesionales de otras latitudes formados en sus países, lo que falla es el modelo, da igual quien atienda la consulta, quizás el consejero agorero tenga razón. Escuecen sus palabras, quizás las mías también, pero no importa, el futuro pasará por encima de todos nosotros y o bien estamos atentos o nos arrollará por mucho que griten desde las poltronas.

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/01/23/mamas_papas/1516698648_153918.html

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Cuando las guarderías alertan de un virus, se me llena la consulta de madres y padres pidiendo papeles que aseguren que su hijo no está enfermo

 

Que al ser humano le encantan los papeles parece evidente, si llevan firma ya pasan a un nivel superior de interés y si, además, se estampa un sello o cuño sobre él adquiere la condición de objeto de deseo. Pedimos papeles para todo. Sin papeles no eres nadie. Sin papeles no te dan otros papeles. Sin papeles no ingresas allá donde deseas y sin esos benditos escritos que llamamos certificados, y que deberían denominarse certificoides, no conseguimos que nuestros hijos accedan a la salud ni a la educación.

La falta de un sello o firma podría impedir que nuestro hijo ingrese en una prestigiosa universidad o que ni siquiera pueda tener un digno futuro de paleta porque el maestro de obra le pida también el papel que acredite su pertenencia al sindicato, que previamente le habrá pedido el papel de que ha abonado en el banco la tasa correspondiente, tasa que no podrá pagar sin tener cuenta corriente en dicho banco y que habrá tenido que certificar su capacidad económica y para ello habrá de presentar nuevos papeles…

Esto empieza muy pronto, nuestro bebé se hace consciente de ello cuando no le dejan acceder a la educación en su escuela infantil si no presenta un papel del médico donde ponga que está correctamente vacunado, otro de que no tiene enfermedad conocida, de que no tiene alergias, y otro de que no es un peligro para el entorno (ya no se pide el certificado de penales, no porque tenga menos de un año, sino porque desapareció del ordenamiento jurídico). Y pronto tendrá que presentar el papel de que su pediatra está libre de cargas jurídicas y económicas, si no al tiempo. Cuando debía de ser al revés, debía ser el centro el que nos certifique que nuestro niño va a estar en un ambiente sano y no le van a pegar todos los virus posibles, pero no, somos nosotros los que tenemos que asegurar que estamos bien. Es como si para entrar a un restaurante te piden papeles de que estás sano, en vez de tú exigir que la comida esté en buen estado, en fin. A lo que vamos.

Los colegios piden y emiten papeles para todo, les encanta, que si está malo, que si ya está bueno, que si va a una excursión y no se va a morir en el camino, que si hace ejercicio no le va a dar un chungo…me han llegado a pedir un certificado de que no puede hacer gimnasia para un niño escayolado por fractura de tibia, ¿no ve el profesor que eso que le abriga la pierna, le impide correr?

La última moda en los colegios y guarderías es el tablón de lisiados, por un lado, en vez de la foto de los empleados del mes está la de los alérgicos: Juan y Lucía alérgicos al huevo; Borja, Irene y otros más celiacos; Inés, Miriam y Ainhoa APLVs y, por supuesto, el piltrafilla de Noah que es alérgico a todo.

Por otro lado, los boletines o partes de guerra: “Hoy tenemos dos enfermos de gastroenteritis, tres del boca mano pie y ojo, una escarlatina” ¡Dios mío! una escarlatina, cunde el pánico y los grupos de WhatsApp maternos empiezan a echar humo, más mensajes que en nochevieja alertan de la epidemia y ¿qué hacer? Evidente, no van a ir a un notario a dar valor a lo que se dice, van al médico, a ver al pobre pediatra a que les certifique que su niño no tiene la tan temida enfermedad, que no saben bien que es, pero por si acaso. Cada vez que las guarderías del pueblo abren la boca se me llena la consulta. Se crea una alarma injustificada, una manifestación de madres y padres pidiendo remedio para la Peste.

Esta vez no tengo respuestas, no sé si en la sociedad de la información y cuando pedimos transparencia para todo, no sé si emitir comunicados con las enfermedades y enfermos habidos en el colegio o guardería es adecuado o no. Por una parte, los padres deben estar informados para poder tomar decisiones, pero deben opinar sobre todo o debe ser la escuela la que tome las decisiones y puedan los padres confiar en su buen hacer.

Ya les hemos pasado la decisión de vacunar o no de la meningitis B. Por un lado, no incluyéndola en calendario por indicación de salud pública y por otra dejándola a la venta en farmacias, que cada uno decidirá, según el miedo que tenga. Pero eso ya es otro tema.

Esa ninguneada Salud Pública que desde hace muchos años tiene sus mecanismos de alerta que entran en funcionamiento, más que correctamente, cuando hay un riesgo para la población, meningitis bacterianas, intoxicaciones alimentarias en centros escolares, etc.… pero en el resto ¿dónde está el límite? ¿Está justificado impedir la entrada a un niño con fiebre, con conjuntivitis, con cuadros menores? ¿Cuál es el límite 38, 38,5 de fiebre, tres o cuatro cacas blandas, solo blandas o tienen que ser líquidas, las legañas también cuentan, granos cuantos son los permitidos? En definitiva, como no hay criterio y ni padres ni profesores quieren mojarse la respuesta es; que lo diga el médico, así que volvemos al principio; que el pediatra extienda un precioso papel con su sello de tinta (el lacre ya está demodé) y firma de fantasía y sea el profesional (que para eso pagamos impuestos) el que tome la decisión.

A mí me gustaría poder acercarme al colegio afectado e informar a profesores y padres qué es la escarlatina, cómo manejar las fiebres, cómo prevenir las diarreas con el lavado de manos, qué es y cómo se previenen virus e incluso cómo distinguir un grano de otro y sus consecuencias, eso sí es mi obligación, no rellenar certificoides, pero los gestores de la sanidad pública no lo entienden, no apuestan por la atención primaria, no apuestan por la atención comunitaria de verdad y prefieren especialistas pediatras formados en hospitales para encerrarlos en los centros de salud. Prefieren tenerme con 50 y 60 pacientes diarios en consulta esta semana, diciéndoles uno a uno qué es una escarlatina, en vez de permitirme una hora para acercarme a la escuela y contárselo a todos y debatir con ellos, aprendiendo todos juntos.

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/02/21/mamas_papas/1519200259_677306.html

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La planificación, los ingredientes saludables y la participación de los niños ayudan a que aprendan a comer sano y sean felices

 

Prisas constantes, estrés y, sobre todo, escasez de tiempo. Así es la rutina diaria de muchos padres que pugnan por conciliar su jornada laboral con la crianza de los niños y que a veces sienten lo duro que es no poder prestarles toda la atención que quisieran. Y aunque su alimentación es una de las cosas que más cuidamos, los recursos fáciles como la comida rápida o la bollería industrial, que ahorran tiempo pero repercuten en la calidad de su dieta, pueden poco a poco ganar terreno a la hora de preparar las comidas que hacen fuera de casa. Por eso es fundamental no dejar nada a la improvisación y aprovechar cuando más tiempo tengamos, como el fin de semana, para planificarlo adecuadamente. Y si la comida de un determinado día requiere preparación previa, hacerla la noche anterior.

 

Si lo que queremos es preparar un aperitivo para la hora del recreo, “el objetivo es que haya un pequeño extra de energía entre el desayuno y la comida, un tipo o dos de alimentos que ajusten también la sensación de apetito con la que llegan a la comida”, afirma la doctora Ana Morais, coordinadora de la Unidad de Nutrición del hospital de La Paz en Madrid. “Lo mejor son los alimentos ricos en hidratos de carbono de absorción lenta, como frutas enteras (no en zumo) o aquellos con base de cereales, como un bocadillo pequeño (con pan integral, a poder ser) con algo bajo en grasas saturadas, como jamón o tortilla francesa”. Alimentos como la crema de cacao, las mantequillas o el queso de untar deberían usarse solo ocasionalmente, ya que son ricos en grasas saturadas y presentan una gran cantidad de calorías en un volumen muy pequeño, además de no tener tanto poder saciante. Lo mismo ocurre con los frutos secos o las galletas (eso sí, sin relleno), que aunque tienen azúcar y grasa también contienen cereales. No hace falta evitarlos siempre, pero sí limitar su uso”.

Entre fruta y verdura, se recomienda que haya cinco raciones al día. Por ello, sostiene la doctora Morais, “es importante que en cada una de las comidas diarias que hacemos esté presente una u otra y que a media mañana haya casi siempre fruta”. Los lácteos no son muy prácticos para el recreo, ya que el niño dispone de poco tiempo y tendría que andar tomándose el yogur con cuchara, “por lo que al final beberá yogures líquidos, que tienen un alto contenido de azúcar e hidratos de carbono de absorción rápida, que elevan la cantidad de glucosa y si no se usan inmediatamente (como hacen los deportistas) se almacenan en forma de grasa. Tampoco contribuyen a la sensación de saciedad o de control del apetito”. La cantidad sugerida es la de dos o tres raciones de lácteos al día, pero una de ellas suele ir ya con el desayuno y otra en la comida o la merienda. Si queremos incluir un lácteo en su mochila, puede ser en forma de bocadillo de queso, por ejemplo.

 

Si lo que queremos es mandar una comida completa desde casa, deberemos asegurarnos de incluir varios grupos de alimentos de origen vegetal y animal. “Aproximadamente una cuarta parte deben de ser alimentos con alto contenido en proteínas, como pescado, pollo, pavo, legumbre… Ocasionalmente, carne roja. Otra cuarta parte correspondería a alimentos basados en cereales, preferiblemente integrales y de grano entero, como pasta o arroz, que pueden ir como primer plato o como guarnición; una tercera parte o más de verduras u hortalizas, que aportan hidratos de absorción intermedia, fibra, vitaminas y minerales; y finalmente una fruta (preferiblemente) o un lácteo de postre”. Al final, conviene recordar que no hay ningún alimento que por sí solo haga una dieta buena o mala: lo que importa es el conjunto; unas comidas se pueden complementar con otras.

Cada nutriente cumple unas funciones distintas, y conviene que todos estén presentes en la dieta. Los hidratos, por ejemplo, tienen una importante función energética. “La mitad de las calorías que consumimos vienen de los hidratos de carbono, que se van a usar para la obtención de energía. Para que nuestro cuerpo funcione con normalidad y que el niño tenga energía para sus actividades diarias”, afirma la doctora Morais. Y no más de una tercera parte de estos deberían ser de absorción rápida (repostería, batidos, zumos envasados, postres lácteos como el arroz con leche o las natillas, refrescos…). “Las proteínas, por su parte, contribuyen al crecimiento, y las frutas y verduras tienen una función reguladora y constituyen la principal fuente de vitaminas y minerales, indispensables para regular las funciones del cuerpo”.

 

Para Morais, la responsabilidad de los padres no se limita solo a la calidad de la dieta con que proveen a sus hijos. La educación es esencial ya que “el niño hace y come lo que ve. Si un niño no come fruta o verdura es porque sus padres tampoco lo hacen… Los padres han de tomar el mando de la dieta; hay que normalizar la presencia de estos alimentos. Si el pequeño ve que la fruta o la verdura es habitual en su casa, es menos probable que la rechace”. Y luego, dejar un hueco a la creatividad: “Hay que intentar hacer preparaciones que sean atractivas; a lo mejor el fin de semana, cuando tenemos más tiempo. Y que el niño participe en la elaboración de la comida o en el diseño del plato, colocando los ingredientes o realizando algunas tareas. Nos puede ayudar a empanar o rebozar las croquetas… Es verdad que eso significa que nos llevará más tiempo, pero compensa porque así se familiariza con los alimentos”. Finalmente, otro pequeño truco es el de alternar cosas que gustan más con cosas que gustan menos, y cuando hacemos grandes cantidades congelar las porciones sobrantes para otros días; así evitamos que el niño se aburra.

La alta disponibilidad de alimentos, así como la ingente cantidad de información disponible para los padres, lleva a la doctora Morais a concluir que la calidad de la alimentación ha mejorado en los últimos años. Otra cosa, dice, es que luego los padres hagan la elección adecuada. Pero con un 28% de los menores con algún tipo de problema de sobrepeso, el problema no está solo en la dieta sino en la escasa actividad física: “Somos terriblemente sedentarios. Antes se jugaba en la calle; ahora todo es ocio de pantalla y en la casa. Hay más transporte escolar, se camina menos, los horarios de trabajo de los padres son muy extensos y tienen menos tiempo para pasarlo con los hijos fuera de casa…”

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/12/mamas_papas/1520856943_764665.html

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Los ensayos clínicos en niños son esenciales para desarrollar terapias e intervenciones específicas de la edad y verificadas empíricamente, para determinar y optimizar los mejores tratamientos médicos disponibles

 

La investigación y desarrollo de nuevos medicamentos destinados a la población pediátrica presenta características específicas, derivadas de los tipos de enfermedades que padecen los niños y de que se trata de personas todavía en desarrollo, lo que hace necesario un abordaje por unidades especializadas, con el fin de conseguir el máximo nivel de seguridad y eficacia de los fármacos con los que se va a tratar a los más pequeños. Tal como han venido señalando los propios investigadores en los últimos años, el trabajo en red y la puesta en marcha de unidades específicas en los hospitales para desarrollar ensayos clínicos de nuevos medicamentos en niños resultan esenciales para validar de forma adecuada las indicaciones y dosis de los tratamientos dirigidos a la población, si bien la enorme complejidad de este tipo de investigación ha venido dificultando tradicionalmente la puesta en marcha de estos estudios.

Los niños conforman una población única con diferencias fisiológicas y de desarrollo definidas con respecto a los adultos. Los ensayos clínicos en niños son esenciales para desarrollar terapias e intervenciones específicas de la edad y verificadas empíricamente, para determinar y optimizar los mejores tratamientos médicos disponibles

 

Guía de Unidades de Investigación Clínica en Pediatría

Farmaindustria, a través de la Plataforma de Medicamentos Innovadores y en colaboración con la Asociación de Medicina de la Industria Farmacéutica (AMIFE), ha elaborado la Guía de Unidades de Investigación Clínica en Pediatría. Es un paso que se suma a la iniciativa liderada por investigadores de excelencia y concretada hace unos meses en la Red Española de Ensayos Clínicos Pediátricos(RECLIP), que representa a España en la Red Europea de Ensayos Clínicos Pediátricos y que ha sido puesta en marcha con el apoyo de autoridades sanitarias (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), médicos (Asociación Española de Pediatría y AMIFE) y Farmaindustria.

RECLIP

En RECLIP, coordinada por el doctor Federico Martinón del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, participan 19 Centros clínicos de toda España muchos de ellos con sus Institutos de Investigación Sanitaria incluidos y 6 redes transversales pediátricas nacionales, entre las que se incluyen RITIP (Red Nacional de Investigación Traslacional en Infectología Pediátrica), SAMID (Red Nacional de Salud Materno-Infantil) entre otras, y con el respaldo de Instituciones oficiales como la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) y Sociedades Científicas como la AEP.

 

Investigación en España

España cuenta con 30 unidades de investigación clínica pediátrica, que a su vez disponen de 1.730 camas, lo que supone un promedio de 62 camas por centro implicado, y están ubicadas, en su inmensa mayoría, en hospitales públicos. En concreto, los centros públicos engloban un total de 21 unidades, frente a las 7 creadas en hospitales privados y las dos que hay en centros de régimen público-privado. Aunque la actividad de todas las unidades está orientada a estudios con pacientes, en 20 de ellas existe la posibilidad de realizar estos estudios con voluntarios sanos.

Hasta el momento estas unidades han llevado a cabo un total de 2.123 participaciones en estudios de investigación en los últimos cinco años (de las que 1.271 corresponden a participaciones en ensayos clínicos en los últimos cinco años, 682 estudios observacionales y 170 estudios de investigación propia). El 51% de los ensayos clínicos realizados de forma conjunta con un laboratorio farmacéutico corresponde a la fase III (en la que los fármacos se prueban ya con un número importante de pacientes y se comparan con el tratamiento estándar), mientras que el 33% se ubica en las fases tempranas, donde se prueba la seguridad y eficacia de un nuevo fármaco en un número limitado de pacientes. En el caso de los ensayos realizados por grupos independientes estos porcentajes son del 47% (fase III) y 33% (fases I y II).

 

Apuesta de la industria farmacéutica

La industria farmacéutica, de hecho, ha venido reforzando su apuesta por este tipo de investigaciones en los últimos tiempos; no en vano en el último semestre de 2016 el 9% de los ensayos clínicos puestos en marcha por laboratorios se ha desarrollado en el ámbito de la pediatría, según los últimos datos del Proyecto BEST de excelencia en investigación clínica. Destaca una alta especialización en áreas como reumatología, cardiovascular, hematología, vacunas y enfermedades infecciosas, entre otras. Se trata de ensayos clínicos internacionales de todas las fases. Así, el 10% son de Fase I, el 31% de Fase II, el 51% de Fase III y el 8% de Fase IV.

 

Fuente:http://www.abc.es/salud/sanidad/abci-ensayos-clinicos-pediatricos-esenciales-para-desarrollar-terapias-y-optimizar-tratamientos-disponibles-201709291818_noticia.html

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La AEP ha recordado la necesidad de ampliar las plazas MIR, así como las de pediatras de Atención Primaria y especializada

 

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha insistido, con motivo de la celebración, el próximo 8 de octubre, del Día de la Pediatría, en que se amplíe la edad de atención pediátrica hasta los 18 años y que, para mejorar esta asistencia, se incrementen las plazas MIR, en Atención Primaria y en especializada.

«Defendemos que la Pediatría sea considerada como una especialidad no troncal, las áreas de capacitación específica y nuestro modelo de atención pediátrica porque previene y mejora la salud de los niños. Además, uno de los puntos que consideramos irrenunciable es seguir atendiendo a los adolescentes porque es un periodo en el que hay muchos problemas y no han terminado su crecimiento», ha señalado la presidenta de la AEP, María José Mellado.

En este punto, el vicepresidente de Atención Primaria de la AEP, Juan Ruíz-Canela, ha recordado que la salud infantil en España es «saludable» o, al menos, así lo demuestran diferentes estudios que posicionan al país como uno de los de referencia en Europa por sus tasas de vacunación (en 2016 se alcanzaron coberturas en primovacunación superiores al 97%) y por su tasa de supervivencia en niños prematuros a partir de la semana 26, situada en torno al 72 por ciento.

Por ello, y debido a que la adolescencia es una etapa conflictiva en la que aumenta el riesgo de comenzar estilos de vida poco saludables, como por ejemplo, empezar a fumar, a beber alcohol o a hacer vida sedentaria y aumentar de peso, los expertos han reiterado la necesidad de que en toda España puedan atender a estos jóvenes y que, además, haya unidades de transición a los servicios de atención sanitaria de adultos.

No obstante, para que esto pueda ser una realidad, la presidenta de la AEP ha recordado la necesidad de ampliar las plazas MIR, así como las de pediatras de Atención Primaria y especializada. «Nuestras reivindicaciones tienen que ir acompañadas de un movimiento de las instituciones sanitarias para que los pediatras puedan asumir la carga de trabajo. En algunos hospitales se están viendo a los niños hasta los 16 años, pero en otros no porque no han podido todavía adecuar las camillas, los quirófanos y el personal», ha recalcado.

Se calcula que la media en España se sitúa en un pediatra por cada 1.200 niños cuando lo recomendado es uno por cada 1.000 pacientes. No obstante, la doctora Mellado ha avisado de que esta estimación no se puede tener cien por cien en cuenta porque hay una «variabilidad infinita» entre comunidades autónomas.

Del mismo modo, los pediatras han solicitado el reconocimiento de las 23 especialidades pediátricas como áreas de capacitación específica, valorando como un «paso atrás» la anulación de la especialidad de Neonatología. Además, han planteado la necesidad de aumentar la formación en Pediatría a cinco años: tres comunes en Pediatría general y dos de subespecialidad pediátrica.

 

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/abci-pediatras-insisten-ampliar-edad-pediatrica-18-anos-201710041347_noticia.html

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En el día Mundial del Prematuro se recuerda que muchas parejas se enfrentan a una situación inesperada llena de dudas

 

El parto prematuro crea una importante preocupación a las madres, ya que estos bebés tienen un conjunto específico de problemas asociados a potenciales enfermedades. Estudios realizados por Medela demuestran que la lactancia, tanto en bebés nacidos a término como prematuros, aporta ventajas más allá de sus beneficios nutritivos: protege al lactante frente a infecciones, regula y potencia los sistemas fisiológicos del lactante y de la madre y facilita los vínculos entre madre y lactante.

Para los bebés prematuros la lactancia es un factor fundamental para su desarrollo. Por este mismo motivo, sus madres se preocupan por el suministro de leche en las primeras semanas, ya que esto garantiza el crecimiento y el desarrollo óptimos del lactante. «En un parto prematuro el desarrollo esencial que se produce en las últimas semanas de la gestación se interrumpe y, por lo tanto, se debe acelerar tras el parto. Es en este punto donde la leche materna cumple un papel fundamental», explica Montse Robles, asesora de lactancia y responsable de divulgación de Medela.

Esta experta responde a las dudas más frecuentes de las madres de bebés prematuros:

 

1. ¿Qué aporta la leche materna a estos bebés?

La leche materna les aporta importantes ventajas protectoras y evolutivas debido a que ofrece nutrición óptima (grasa, lactosa, proteínas y macronutrientes) para permitir el crecimiento y desarrollo, y una protección completa (componentes bioquímicos y celulares) contra infecciones. Además, el calostro tiene niveles más altos de energía, lípidos, proteínas, nitrógeno, inmunoglobulinas, elementos antiinflamatorios y algunos minerales y vitaminas. Todas estas propiedades y beneficios son transmitidas al bebé prematuro. Las proteínas multifuncionales, como la IgAs, la lactoferrina y la lisozima, además de los ácidos grasos libres de la leche materna, actúan como agentes antinfecciosos que son esenciales para el prematuro.

Finalmente, los estudios demuestran que los bebés que reciben leche materna tienen un menor riesgo de enterocolitis necrosante (ECN), sepsis3, intolerancia a la alimentación enteral, neumopatía crónica, retinopatía de la prematuridad, retraso en el neurodesarrollo, displasia broncopulmonar y reingreso en el hospital, entre otras.

 

2. ¿Es cierto que el calostro es fundamental para el crecimiento del bebé prematuro?

Los bebés prematuros tienen unas reservas de nutrientes reducidas al nacer y tienen riesgo de acumular déficits significativos de nutrientes y un crecimiento insuficiente. El calostro de la propia madre contiene una elevada concentración de citocinas y de otros agentes inmunitarios. Además, también puede ser beneficioso cuando se administra por vía bucofaríngea a lactantes con un peso extremadamente bajo al nacer durante los primeros días de vida. La utilización de calostro como tratamiento oral puede estimular el tejido linfático asociado a la bucofaringe y proteger la mucosa bucal del lactante de infecciones.

 

3. ¿Por qué si la leche materna es la mejor, en el hospital le añaden suplementos?

Esto sucede sobre todo en lactantes prematuros con muy bajo peso al nacer. Para ellos la leche materna es la mejor opción, pero en ocasiones su composición nutritiva no puede satisfacer por completo las necesidades de nutrientes y se debe enriquecer con proteínas, nutrientes, vitaminas y minerales para garantizar el crecimiento y el desarrollo óptimos del prematuro.

Estudios realizados demuestran que una alimentación exclusiva con leche materna, que incluye leche de donante y enriquecedor de leche materna, reduce el riesgo de ECN en comparación con una dieta basada en leche materna que también incluye productos basados en leche de vaca.

 

4. ¿Es cierto que el contacto piel con piel ayuda a que mis pechos produzcan más leche?

Efectivamente, el contacto piel con piel sigue asociándose a una mayor producción de leche y un inicio más temprano de la lactancia en las madres, así como a una mejora de la estabilidad fisiológica de los prematuros. Promover el suministro de leche desde la primera hora del nacimiento, ya sea de manera natural o mediante extractor, ayuda a que el pecho de la madre mantenga una producción adecuada durante los días siguientes.

De hecho, para bebés en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCIN), y tan pronto como el lactante este estable, se puede animar a las madres a que pongan al lactante piel con piel y a que dejen que el bebé pase tiempo al pecho. Esto también se puede realizar mientras el lactante recibe alimentación enteral, y es una oportunidad habitual para practicar la alimentación al pecho. Cada vez hay más datos que indican que la lactancia temprana es beneficiosa y se asocia a un alta al domicilio más temprana y a una mayor incidencia de la alimentación con leche materna en general.

 

5. ¿Es cierto que los bebés prematuros no succionan igual que los bebés nacidos a término?

Al contrario que los recién nacidos a término, los prematuros no muestran un patrón constante de movimiento de la lengua o de vacío durante la lactancia. Por el contrario, los nacidos con menos de 30 semanas de gestación al principio usan un patrón desorganizado de compresión sin vacío, pero conforme el vacío que producen aumenta hasta un nivel similar al de un recién nacido a término, los prematuros se alimentan de una manera más eficiente y eficaz.

Aunque hay pocos estudios que evalúen la lactancia en prematuros, en la práctica clínica se ha observado que tienen dificultad para mantener el agarre al pecho, aplican un vacío débil, tiene patrones de ráfagas de succión irregulares y cortos y a menudo se duermen al pecho. A los prematuros a menudo se les amamanta con una pezonera para facilitar el agarre al pecho.

 

6. ¿Es cierto que la leche materna ayuda al desarrollo cerebral del bebé prematuro?

Sí, es cierto, y se debe a que la leche de las madres de lactantes prematuros contiene un 20% más de ácidos grasos de cadena media (DHA y AA) que la leche de las madres de lactantes a término.

Los lactantes prematuros nacen antes de que las vías cerebrales y del tronco encefálico implicados en la función motora bucal se hayan desarrollado. Esto afecta a su capacidad de alimentarse por vía oral inicialmente. Los lactantes prematuros deben alcanzar rápidamente su correspondiente nivel de crecimiento y neurodesarrollo en el periodo posnatal. Como un tercio del crecimiento del encéfalo se produce en las últimas 6-8 semanas de gestación, los lactantes prematuros nacidos a las 32 semanas, por ejemplo, tienen un 35% menos de volumen encefálico en el posparto que los recién nacidos a término. Para estos lactantes, el crecimiento restante se debe producir después del nacimiento. Como el crecimiento más rápido del encéfalo se produce habitualmente con la acumulación de ácido docosabexaenoico (DHA) y ácido araquidónico (AA) de la placenta en el último trimestre, el aporte de leche materna es particularmente importante.

 

7. ¿Por qué tarda en subirme la leche? ¿Qué puedo hacer para poder amamantar a mi bebé prematuro?

Las madres de prematuros suelen tener dificultades para iniciar la lactancia debido a la fase prematura del desarrollo mamario, la falta de contacto con la succión del lactante, problemas emocionales debidos al parto prematuro y el acceso escaso a un equipo adecuado y un apoyo oportuno. Casi todas las madres de prematuros que están en la UCIN experimentan niveles significativos de estrés, ansiedad y falta de sueño durante las primeras semanas tras el parto, lo que puede complicar aún más la iniciación y el mantenimiento de la lactancia. En estos casos proporcionar a la madre apoyo emocional, además de médico, es fundamental para que disminuya su nivel de estrés y preocupación. También puede recurrir a los extractores de leche, tanto eléctricos como manuales, que facilitan la producción de leche y el consiguiente suministro para el bebé.

 

8. ¿Es cierto que si comienzo a extraer leche inmediatamente después del parto produciré más leche los días siguientes? ¿Cómo puedo aumentar la producción de leche?

La extracción temprana y frecuente, ya sea de manera natural o mediante un extractor, mejora significativamente la iniciación de la lactancia tras el parto prematuro. La extracción en la primera hora, en comparación con 6 horas tras el parto, se asocia con una mayor producción de leche en la primera semana y 3 semanas después del parto. También se ha observado que la extracción doble es más eficaz y eficiente en la extracción de leche que la extracción secuencial, ya que permite extraer un mayor porcentaje de la leche disponible y un mayor volumen de leche con mayor contenido en grasa.

 

9. ¿Qué es mejor para el bebé prematuro, la nutrición enteral o la parenteral?

Cuando los prematuros no pueden alimentarse por vía oral, la provisión de leche materna es fundamental para reducir las infecciones y mejorar los resultados de salud a largo plazo. La nutrición parenteral cubre las necesidades nutritivas de los prematuros. Sin embargo, se prefiere la alimentación enteral (a través del intestino) con leche materna cuando sea posible. La ausencia de alimento en el tracto gastrointestinal durante la nutrición parenteral hace que el lactante tenga riesgo de problemas de digestión y absorción. Por este motivo, la alimentación enteral temprana con leche materna normalmente se inicia en la primera semana de vida para estimular la motilidad y la maduración intestinales.

 

Fuente http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-respuestas-preocupaciones-mas-habituales-madres-bebes-prematuros-201711162216_noticia.html

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Uno de cada 13 niños nacen cada año antes de tiempo en nuestro país

 

Hasta uno de cada 13 niños nacen cada año de forma prematura pero el buen nivel de los profesionales de Neonatología sitúan a España en la élite mundial en este campo, con hasta un 95% de supervivencia en los que nacen después de la semana 28 de gestación.

«A nivel mundial la Neonatología de España está muy bien considerada, e incluso está mejor que otros países como Estados Unidos», ha destacado el presidente de la Sociedad Española de Neonatología (SENeo), Máximo Vento, que recientemente ha sido elegido para presidir también la Sociedad Europea de Neonatología (EBN, en sus siglas en inglés).

Cuando nacen en torno a la semana 28 pesan entre 900 y 1.200-1.400 gramos, pero las Unidades de Neonatología de los hospitales españoles están «muy bien dotadas» y «quitando los que tienen una enfermedad congénita grave, o una malformación cerebral o cardiaca, los problemas se solucionan con gran eficiencia».

De hecho, en los prematuros extremos, los que nacen por debajo de esa edad gestacional, la supervivencia en España es igualmente alta y se sitúa en aproximadamente un 65 por ciento. Y de estos, ha reconocido, un porcentaje similar lo harán en condiciones de integridad. «Podrán escolarizarse y llevar una vida plena», ha asegurado.

La clave de todo ello, además de unos buenos equipamientos, está en el «excelente control durante el embarazo» que se realiza en el Sistema Nacional de Salud (SNS), que permite detectar cualquier problema precozmente y remitirlo a los grandes hospitales.

«Cada hospital admite lo que es capaz de resolver y, si no, lo pasa al escalón siguiente», según Vento, que destaca la buena coordinación entre hospitales a la hora de derivar estos casos «a las grandes unidades de Neonatología, donde se concentra una mayor experiencia sobre las patologías y situaciones más extremas que puede haber».

Pese a ello, el presidente de SENeo y la EBN considera que en España debería haber un gran acuerdo a nivel nacional para concentrar los esfuerzos por áreas de población y no por comunidades autónomas, ya que actualmente algunas de ellas no cuentan con sistemas específicos de transporte neonatal.

Asimismo, y aunque en España «cualquier pediatra está debidamente formado para atender recién nacidos», considera necesario que se reconozca la subespecialidad de Neonatología, sobre todo porque hasta un 10 por ciento de los recién nacidos van a precisar cuidados especializados de neonatólogos.

Para ello, ya se está trabajando en un proyecto de acreditación como Área de Capacitación Específica, con una duración de dos años. Y según Vento, que trabaja como jefe de Sección del Servicio de Neonatología del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, esta formación es una necesidad que, además, «no entra en colisión con otras áreas» como puede suceder en otras especialidades.

«Las técnicas que hay que dominar y los conocimientos y experiencia que hay que tener solo se adquiere formándose en las grandes unidades de Neonatología. No queremos que el pediatra no atienda recién nacidos, sino que cuando haya patología muy compleja se encargue una persona debidamente formada para dar garantías de que se van a hacer bien las cosas», ha asegurado.

Además, en su nuevo cargo al frente de la EBN también se encargará de liderar el proceso de armonización de la formación de la subespecialidad en toda Europa, ya que hay «todavía grandes diferencias entre países».

Para ello, el objetivo es diseñar protocolos que sitúen a todos los países a un nivel asistencial homogéneo y de máxima calidad en esta materia, al tiempo que también se acreditarán los centros capacitados para la formación neonatal y la investigación en los países de la Unión Europea.

 

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/abci-supervivencia-espana-bebes-prematuros-mas-28-semanas-esta-95-por-ciento-201711271357_noticia.html