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El afamado doctor especialista en sueño, Eduard Estivill ha escrito, junto al ginecólogo Carlos Salvador y el pediatra Gonzalo Pin, la guía «Ser mamá,: El antes y el después»

 

El libro escrito al alimón entre el doctor especialista en sueño Eduard Estivill, el pediatra Gonzalo Pin, y el ginecólogo Carlos Salvador, «Ser mamá: El antes y el después», está pensado para vivir las experiencias anteriores y posteriores al parto con tranquilidad y confianza. La intención de juntar la experiencia de estos tres profesionales es precisamente esa: aportar datos científicos de cada especialidad en un lenguaje lo suficientemente claro, de forma que aporte seguridad a las mujeres en esta época de su vida. «Queremos aportar nuestro granito de arena para que estas sean capaces de disfrutar de la maternidad que, aunque a veces no es tan bonita como la pintan, en global debería ser altamente positiva», comenta Pin, pediatra y coordinador de la Unidad de Pediatría del Hospital Quirón Salud de Valencia.

Porque, y en eso coinciden los tres, el mayor miedo de una madre reciente es la «inseguridad». «El patrón de las familias ha cambiado mucho —prosigue este experto—. Ya no tenemos presente la experiencia de generaciones anteriores. Hasta la mitad del siglo XX convivían hasta tres en un hogar: Recién nacido, madre y abuela solían estar bajo el mismo techo. Esto daba lugar a muchos problemas pero también a una transmisión de conocimiento y opinión que hoy no existe».

Y que erróneamente, advierte, «tratamos de subsanar buscando en Google. Hoy estamos muy preparados para ser buenos profesionales pero nadie nos prepara para ser padres». Por eso una de las ideas del libro es precisamente, «ayudar a las madres a que vivan con más seguridad las cosas». «Que no nos creamos todo lo que dicen tampoco las revistas de que al día siguiente de haber parido las madres tienen un tipazo de narices. Hay que adecuarse a la realidad», insiste Pin.

 

La falta de sueño puede ser letal

 

Así lo corrobora Eduard Estivill, quien apunta que hay un exceso de opiniones en internet. «De opiniones respetables, pero que hay que intentar contrastar. Al contrario que lo que un lector se encontrará en este libro: Medicina basada en la evidencia. Ponemos en palabras fáciles conceptos médicos contrastados que no pueden ser rebatidos, por ejemplo, el de la falta de sueño y sus terribles consecuencias». Porque como dice Pin, «hay un condicionante que se suele obviar, y es que los padres de un niño sano pierden entre 400 y 700 horas de sueño. Y no solo las absolutas. También pierden el ritmo, lo que indefectiblemente altera la capacidad para controlar sus impulsos. Su irritabilidad, su humor general, se altera», explica.

«El sueño polifásico de la mujer embarazada (dormir a trocitos) se convierte en sueño trifásico (con despertares cada tres horas), y esto tiene unas consecuencias terribles porque conlleva alteraciones físicas (hormonales, por ejemplo) y psíquicas (dificultad de concentración, pérdida de memoria, depresión…)». El consejo de este doctor es que las mujeres durante el día «no aprovechen para hacer recados, sino que traten de dormir los mismos periodos de tiempo que duerme el niño para mitigar de esa forma la falta de sueño», propone Estivill. «Que tiren de la abuela, la suegra, la vecina o sus hermanas. Y por supuesto, de los maridos. Hay que turnarse con la pareja», sugiere.

 

Críticas al colecho

 

Dormir, continua Estivill, «es de las cosas más importantes que podemos hacer para seguir viviendo. Tanto es así, que se muere antes una persona de sueño que de no comer». En realidad, prosigue, «si hacemos las cosas bien, a partir de los tres meses podemos enseñar al niño a dormir. Hacia esa época los bebés ya solo necesitan una pausa nocturna cada seis horas y eso la mamá lo agradece mucho».

Eso, añade, «sin recurrir al colecho. No, no y no. Bajo ningún concepto. Y no porque lo digamos nosotros, sino porque lo dice la Sociedad Americana de Pediatría. Dormir con los niños en la misma cama hasta los 10 o 12 años, como hacen algunas familias, puede derivar en una serie de implicaciones tanto físicas como mentales para los pequeños. Cuando son muy pequeñitos, puedes llegar a aplastarlos y asfixiarlos sin darte cuenta. Y para la pareja, porque es como no tenerla», puntualiza.

 

La recuperación de la mujer será mejor si, además de dormir, se ha cuidado antes y después del embarazo, apunta el doctor Carlos Salvador, ginecólogo especialista en control del embarazo y uno de los coautores de este libro: «Esto suele ser una batalla para los ginecólogos, aunque cada vez la mujer es más consciente de que hay que cumplir unas normas básicas que beneficien al embarazo y no solo los tres últimos meses, sino desde que toma conciencia de su estado». Para este doctor, como para los otros dos, «que la mujer tome este proceso con naturalidad es básico, y para eso debe servir esta guía que hemos escrito. Se trata de una información que a ella le debe dar confianza y le haga sentirse cómoda y confiada». Volviendo a la experiencia, recuerda Pin, «es como cuando con el primer hijo todo es un “ay”, y con el tercero apenas levantas un poco la ceja para mirar a la cuna», concluye.

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-padres-bebe-sano-pierden-entre-400-y-700-horas-sueno-y-esto-condiciona-todo-201703280137_noticia.html

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Desde monedas a imperdibles pasando por productos de limpieza

 

Los niños pequeños pasan por una fase,entre los 8 meses y los cuatro años, en la que se lo llevan todo a la boca. Esto puede ser muy peligroso porque determinados objetos muy pequeños o corrosivos pueden ser ingeridos y provocar un problema. En cualquier caso, un 80% de las cosas ingeridas son eliminadas espontáneamente por las heces. A pesar de ello, hasta en el 60% de las ocasiones, los padres no detectan su eliminación.

El doctor Valentín Alzina de Aguilar, director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria de Navarra, apunta que «lo primero que hay que hacer es intentar evitar que lleguen a meterse algo en la boca. Con los niños muy pequeños hay que tener cien ojos», pero aclara que «una vez ingerido el cuerpo extraño hay varias maneras de proceder».

«En el caso de que sea un lactante y esté tosiendo, lo primero que hay que hacer es mirarle la boca a ver si se ve el objeto. En caso afirmativo se puede intentar tirar de él con los dedos. En caso de que no se vea, hay que dejarle toser y por supuesto, no asustarle». «Cuando el menor esté ya muy cansado, o si vemos que empieza a cambiar de color y a tener problemas para respirar, los mejor es ponerlo sobre nuestras piernas y darle cinco golpes secos entre las escápulas. A continuación se le da la vuelta, y si sigue sin ser visible el cuerpo extraño, se le debe dar masaje cardíaco. Hay que continuar con esta rutina hasta que se vea el objeto o hasta que llegue el profesional sanitario».

Cuando el niño tiene más de un año, Alzina explica que «se le pueden dar golpes secos en la espalda e incluso practicarle la maniobra de Heimlich con mucho cuidado para no dañar las costillas ni el esternón». Este pediatra recalca de que en caso de que ya no respire «hay que hacer un masaje cardiopulmonar: se presiona 15 veces en la zona por encima de las costillas y se insufla aire en dos tandas hasta que llegue la ayuda médica».

¿Y cuando ya se lo ha tragado?

 

En el supuesto de que el pequeño ya haya ingerido un cuerpo tal como una moneda, un alfiler, un clavo o un imperdible, el doctor aclara que el tratamiento depende del tamaño del niño. En casos muy graves se puede recurrir a la gastroscopia: «Cuando el menor tiene dificultad en deglutir la saliva debe practicarse la intervención de urgencia para evitar la aspiración y obstrucción respiratoria». Y especifica que «la extracción mediante endoscopio se realiza en alrededor del 19% de los casos, siendo necesaria la extracción quirúrgica solamente en el 1% de los mismos».

En niños mayores, objetos de menos de 2 cm de anchura y hasta 5 cm de longitud pasan el píloro sin problemas. En niños pequeños y lactantes, el límite de la longitud es de 3 cm. Es recomendable extraer aquellos de tamaño superior al referido, así como los punzantes o cortantes.

En el caso de que el pequeño se haya tragado algo, pero creamos que no reviste peligro «se le pueden dar de comer alimentos con residuos (espárragos, alcachofa, cereales…) que arrastren y envuelvan el cuerpo extraño hasta que lo pueda defecar», apunta el experto.

Cuando lo que ha hecho el bebé es beber un líquido corrosivo, «nunca hay que hacerle vomitar, pues el peligro es la quemadura y si devuelve, pasa dos veces por la garganta», refiere este pediatra, que aclara que «en estos casos hay que darles de beber algo que diluya en lo posible el material cáustico».

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-hacer-cuando-nino-ingiere-cuerpo-extrano-201705121743_noticia.html

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Esther Serrano, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, explica los numerosos beneficios de fomentar la lectura en los niños pequeños

 

¿Qué beneficios supone para un niño tener un hábito de lectura?

 

Los beneficios de la lectura se inician desde la época de lactante y se extienden a lo largo de nuestra vida, abarcando aspectos de nuestro desarrollo intelectual, personal, afectivo y social, con distintos matices dependiendo de cada edad y momento.

En la época de lactantes la lectura beneficia el establecimiento de un vínculo familiar estable y también su desarrollo psicomotor.

La lectura durante toda la infancia, es un estupendo método para mejorar su aprendizaje, desarrollo y maduración, así como también para mejorar la dinámica de las relaciones familiares. Las investigaciones actuales confirman que el hábito de leer en familia favorece el desarrollo del vínculo afectivo entre padres e hijos. Los niños que están acostumbrados a leer o a que les lean, adquieren más fácilmente el vocabulario y las capacidades para el desarrollo del lenguaje. Se sentirán más seguros en el colegio tanto en la lectura como en el habla ante sus compañeros. También hay algunos estudios que demuestran que la lectura favorece las relaciones sociales con amigos y conocidos.

Por otro lado, algunos tipos de lecturas pueden ayudar a los padres a solventar o abordar problemas que van surgiendo en el desarrollo personal de sus hijos (por ejemplo cuentos para tratar temas como el control de esfínteres, el miedo a la oscuridad, los celos a sus hermanos,…)

Los estudiantes que leen tienen mejor rendimiento y mejores habilidades de expresión, lectura y lenguaje. Además aumenta su capacidad de concentración, de análisis y de interpretación de los textos.

Pero además, los beneficios de la lectura durante la infancia también alcanzan e influyen en lo que será nuestra vida adulta. Un cerebro activo funciona mejor y más rápido. Se sabe que mientras leemos estimulamos las conexiones entre neuronas sobre todo del hemisferio izquierdo del cerebro que está implicada en la producción y comprensión del habla y del lenguaje. También se estimulan otras áreas como la retina y la corteza cerebral visual del lóbulo occipital del cerebro. Según estos últimos estudios, la lectura también aumenta la llamada “reserva cognitiva”. Leer retrasa y previene la pérdida de la memoria. Es un factor de protección de las enfermedades neurodegenerativas. Es decir, establecer el hábito de leer en los niños, igual que otros hábitos saludables, nos proporcionará beneficios añadidos en la vejez.

También tienen beneficios para los niños con discapacidades de cualquier tipo. Como todos los demás, tienen el derecho a acceder a la lectoescritura (con métodos por supuesto adaptados a la discapacidad específica) como herramienta fundamental para el aprendizaje, la comunicación y el ocio.

 

¿Cuáles son las recomendaciones básicas para que los padres consigan que a los niños les guste la lectura?

 

—Leerles desde pequeños haciendo de la lectura un momento de disfrute en familia

— Si crecen viéndonos leer, lo verán como algo cotidiano y normal

—No plantear la lectura como una obligación sino como un momento de relajación y disfrute

—Respetar sus preferencias y gustos. Que elijan sus historias. No criticar sus gustos según nuestros criterios propios. Respetar sus intereses

—Estemos siempre dispuestos a echarles una mano, a compartir con ellos lecturas, unas veces más próximos, otras más discretamente, en segundo plano.

—Animarles a leer y a contarnos sus experiencias con la lectura. El debate después de leer el libro también es un momento que compartir.

—Leed en voz alta. Todos los miembros de la familia. No les debemos corregir continuamente, no importa que se equivoquen. No está en el colegio. En ese momento lee para pasarlo bien.

—Proponerles escribir un diario cuando tengan edad para ello. Animarles a escribir.

—Plantearse utilizar la lectura como un premio o recompensa a sus buenos comportamientos, además de otras actividades que con frecuencia utilizamos.

—Contarles cuentos e historias

—Podemos suscribirnos a revistas infantojuveniles o inscribirnos en una biblioteca para acceder de forma más fácil a los libros en casa. Que los vean como parte habitual de la casa.

—En el momento en que vivimos, hay que desterrar la idea de que sólo se lee en papel. Los jóvenes están acostumbrados y “fascinados” por todo lo digital. Sus gustos son distintos y hay que aprovechar al máximo estos recursos para introducir la lectura entre sus hábitos de ocio ( cómics, recursos online, TV, cine…). Lo importante es ayudarles a encontrar buenas historias que leer, independientemente del formato que sea (tablets, libros electrónicos…) Y probablemente con el tiempo, una vez establecido el hábito de leer, también lo hagan con libros impresos.

 

¿Cuáles son los errores más habituales de los padres?

 

—Obligarles a leer contra viento y marea. Sustituir el tiempo de otras aficiones por la lectura. La lectura debe ser una afición más y hay que encontrar su tiempo entre las rutinas diarias. No debe ser sólo una tarea escolar más.

—Imponerles las lecturas que nos gustan a los padres y criticar las que ellos prefieren por considerarlas poco útiles.

—No tener en cuenta la edad y maduración de los niños. A cada edad les interesaran y agradaran más determinados tipo de historias.

—Empeñarnos en excluir las nuevas tecnologías frente a la lectura tradicional. Hay que compatibilizarlas y aprovechar las posibilidades que nos ofrecen estos recursos.

—Corregirles continuamente si no leen perfectamente.

—No compartir la lectura con ellos. Siempre encontraremos algo que lo justifica: «alta de tiempo, cansancio, ya es tarde…».

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-estos-errores-cometen-padres-y-alejan-hijos-lectura-201604011539_noticia.html

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Es importante tener conocimientos básicos para atender a accidentados o enfermos repentinos

 

Casi siempre, la primera persona que atiende una emergencia no es un profesional sanitario, sino un familiar o viandante. Por eso, es bueno tener unos conocimientos básicos para saber qué hacer en estas situaciones, ayudando a accidentados o enfermos repentinos mientras llegan los profesionales sanitarios.

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) aclara que lo más importante en estos escenarios es conservar la calma y tratar de evitar nuevas lesiones o que se agraven otras existentes. No se debe mover a la persona accidentada, salvo que corra peligro en el lugar en el que se encuentra o haya que practicarle una reanimación cardiopulmonar. Mientras el personal sanitario llega hasta el lugar, se debe tranquilizar al herido y mantenerlo caliente; no es recomendable darle comida, bebida ni medicación.

La AEPap explica los pasos a seguir: la actuación básica en primeros auxilios se resume en las siglas P.A.S. (Proteger, Avisar, Socorrer).

1. Proteger: hay que hacer seguro el lugar del accidente. Siempre es mejor alejar el peligro que mover al accidentado: cortar la corriente si hay un electrocutado, controlar el fuego y ventilar si hay humo, aparcar bien y señalizar el siniestro si hay un accidente de tráfico…

2. Avisar: llamar al 112. En primer lugar hay que identificarse. Después, se debe informar del lugar exacto, tipo de accidente y las circunstancias que lo pueden agravar. Además, hay que indicar el estado del paciente y de sus heridas.

3. Socorrer. Siempre hay que tener en cuenta dos prioridades: salvar la vida y evitar que las lesiones se agraven. Se hará una valoración primaria para identificar las situaciones que pueden amenazar la vida (estado de consciencia, respiración, circulación sanguínea, buscar pulsos, hemorragias…) y una valoración secundaria analizando el resto de lesiones, siguiendo un orden descendente desde la cabeza hasta las extremidades.

Si la persona está consciente y es capaz de comprender lo que se le dice, hay que tranquilizarla y asegurar su confort hasta que lleguen los sanitarios. Si no reacciona pero sí respira, hay que colocarla en posición de seguridad: posición lateral, extender un brazo por encima de la cabeza y flexionar la rodilla para estabilizarlo. Si no respira, habrá que iniciar la reanimación cardiopulmonar básica.

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/vida-sana/abci-primeros-auxilios-puedo-hacer-201607150531_noticia.html

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El análisis de las conexiones y sincronización entre las regiones cerebrales mediante pruebas de imagen permite diagnosticar el autismo ya a la edad de seis meses

 

En la actualidad, el diagnóstico de los trastornos del espectro del autismo (TEA) solo puede establecerse cuando el niño, ya a la edad de dos años, manifiesta de una forma patente los síntomas del comportamiento característicos del autismo, caso de un déficit en la comunicación o una gran intolerancia a los cambios o a la frustración. En consecuencia, y si bien ya hay disponibles intervenciones eficaces para atenuar la evolución del trastorno, no pueden llevarse a cabo hasta el segundo –y a veces hasta el tercero, e incluso cuarto– cumpleaños del niño. Un aspecto a tener muy en cuenta dado que cuanto antes se pongan en marcha estas intervenciones, más eficaces serán. Pero, ¿no hay ninguna manera de diagnosticar los TEA de forma más precoz? Pues sí. Y es que como muestra un estudio dirigido por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill (EE.UU.), el uso de pruebas de imagen por resonancia magnética para observar cómo se conectan y sincronizan las regiones cerebrales permite identificar, ya a los seis meses de edad, qué niños desarrollarán los síntomas del autismo al superar su segundo año de vida.

Como explica John R. Pruett Jr., co-autor de esta investigación publicada en la revista «Science Translational Medicine», «no hay ninguna característica del comportamiento que nos ayude a identificar el autismo antes de que se desarrollen los síntomas. Y estos síntomas aparecen ya durante el segundo año de vida. Sin embargo, las intervenciones tempranas mejoran el pronóstico, por lo que en el futuro podremos utilizar las pruebas de imagen para identificar a los niños en muy alto riesgo antes de desarrollen los síntomas y, por tanto, poder iniciar los tratamientos de forma mucho más precoz».

 

Ya a los seis meses

 

Para llevar a cabo el estudio, los autores contaron con la participación de 59 bebés de seis meses de edad y con un alto riesgo de padecer autismo –tenían al menos un hermano mayor con el trastorno, por lo que su riesgo de desarrollarlo era de un 20% y no de un 1,5% como en la población general–. Y lo que hicieron fue someter a los bebés –siempre mientras dormían y durante un máximo de 15 minutos– a pruebas de imagen por resonancia magnética para observar la actividad neuronal de 230 regiones cerebrales.

Concretamente, los autores se centraron en las conexiones de las regiones cerebrales asociadas con las características del autismo: capacidad de lenguaje, comportamientos repetitivos y comportamientos sociales. Y una vez analizados los patrones de las conexiones y sincronizaciones entre estas regiones, desarrollaron un programa informático para predecir cuáles de estos bebés serían finalmente diagnosticados de autismo a la edad de dos años.

Y este programa, ¿funciona? Pues sí. Lo que hizo el programa fue dividir a los bebés en dos grupos: aquellos que, según sus resultados en las pruebas de imagen, no acabarían padeciendo el trastorno; y los que sí. Y de acuerdo con los resultados, el programa informático fue capaz de identificar al 81% de los bebés que desarrollarían autismo, lo que acabó sucediendo en 11 del total de 59 casos. Es decir, el programa predijo el diagnóstico a la edad de dos años en nueve de estos 11 bebés.

Como refiere Robert Emerson, director de la investigación, «cuando el programa determinó que un niño tenía autismo, nunca se equivocó. Pero falló a la hora de identificar a dos niños. Acabaron desarrollando autismo, pero nuestro programa no fue capaz de predecirlo correctamente basándose en los datos con los que contábamos a los seis meses de edad».

 

Lo mejor está por llegar

 

En definitiva, parece que las pruebas de imagen cerebrales pueden resultar muy útiles a la hora de diagnosticar el autismo ya a los seis meses de edad. O cuando menos, en los niños en alto riesgo de padecer el trastorno, pues no parece muy viable que estas pruebas se realicen de forma generalizada a todos los bebés. Sea como fuere, aún habrá que esperar.

Como indica Robert Emerson, «nadie había llevado a cabo antes un estudio como este a la edad de seis meses, por lo que necesitamos replicar los resultados. Esperamos pronto en marcha un nuevo estudio con un mayor número de participantes».

En este contexto, cabe resaltar que los autores ya participaron en un estudio que, publicado en marzo de este mismo año, permitió predecir a partir del análisis del líquido cefalorraquídeo qué niños en alto riesgo desarrollarían autismo. Así, y con aras de afinar el diagnóstico, sería muy interesante combinar de algún modo ambas pruebas.

Como concluye el director de la investigación, «lo más interesante está aún por llegar. En lugar de utilizar solo un fragmento de información para hacer estas predicciones, podríamos usar toda la información conjuntamente. Creo que este será el futuro del empleo de diagnósticos biológicos para el autismo durante la infancia».

 

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-disenada-prueba-para-diagnosticar-autismo-seis-meses-edad-201706080924_noticia.html

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Las mujeres que dan el pecho hasta los 24 meses tienen un riesgo un 18% inferior de padecer un infarto y un 17% menor de sufrir un ictus

 

La lactancia materna es la forma idónea de aportar a los bebés los nutrientes que requieren para crecer y desarrollarse de una forma saludable. Sin embargo, la lactancia materna no es únicamente beneficiosa para los bebés. También lo es para sus madres. Y es que tal y como han constatado numerosos estudios, las mujeres que dan el pecho a sus hijos tienen menores niveles de colesterol, de presión sanguínea y de azúcar en la sangre tras el embarazo. Pero aún hay más. A estas bondades a corto plazo se suman otras que duran toda la vida. De hecho, un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Oxford (Reino Unido) muestra que la lactancia materna reduce en cerca de un 10% el riesgo de las madres de padecer una enfermedad cardiovascular o un ictus.

Como explica Zhengming Chen, director de esta investigación publicada en la revista «Journal of the American Heart Association», «nuestros hallazgos deben alentar a una mayor expansión de la lactancia materna para el beneficio tanto de las madres como de sus bebés. Nuestro trabajo respalda la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que las madres den el pecho a sus hijos de forma exclusiva durante sus primeros seis meses de vida».

 

Corazones más fuertes

 

Para llevar a cabo la investigación, los autores analizaron los historiales médicos de 289.573 mujeres chinas que, con un promedio de edad de 51 años, participaban en un estudio –el ‘China Kadoorie Biobank’– en el que se habían registrado los datos sobre su historia reproductiva y sus hábitos de vida.

Concluidos los más de ocho años de seguimiento del nuevo estudio, y si bien ninguna de las participantes padecía enfermedad cardiovascular en el momento de su inclusión en el ‘China Kadoorie Biobank’, se registraron 16.761 casos de enfermedad coronaria y/o infarto agudo de miocardio y 23.983 ictus.

Los resultados mostraron que, comparadas frente a aquellas que nunca habían amamantado a sus hijos, las mujeres que dieron el pecho tenían un riesgo un 9% inferior de padecer enfermedad coronaria y/o un infarto y un 8% menor de sufrir un ictus. Un beneficio que, además, resultó más significativo cuanto mayor fue la duración de la lactancia materna. De hecho, las madres que siguieron dando el pecho hasta que sus hijos cumplieron su segundo cumpleaños mostraron un riesgo hasta un 18% inferior de desarrollar enfermedad coronaria y/o un infarto y hasta un 17% menor de padecer un ictus.

Como apuntan los autores, «por cada seis meses adicionales de lactancia materna, la probabilidad de desarrollo de enfermedad coronaria se redujo un 4% y el riesgo de ictus disminuyó un 3%».

Es más; las bondades de la lactancia materna fueron independientes de otros factores de riesgo cardiovascular, caso del hábito tabáquico, la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial o el ejercicio físico.

 

Deshacerse de la despensa

 

Y este menor riesgo cardio y cerebrovascular asociado a la lactancia materna, ¿cómo se explica? Pues la verdad es que, dado que se trata de un estudio de los denominados ‘observacionales’ y, por tanto, no se pueden extraer conclusiones del tipo ‘causa y efecto’, no se sabe. Pero ello no implica que no se puedan plantear distintas posibilidades al respecto.

Como refiere Sanne Peters, director de la investigación, «si bien no podemos establecer los efectos causales, los beneficios de la lactancia materna para la salud de las madres podría explicarse por un reinicio o ‘reseteado’ más rápido de su metabolismo tras el embarazo. La gestación cambia el metabolismo de las mujeres de una forma dramática, pues las embarazadas almacenan grasa para proveer la energía necesaria para el desarrollo del bebé y para poder alimentarlo una vez ha nacido. Y en este contexto, la lactancia materna podría eliminar la grasa almacenada de forma más rápida y completa».

En definitiva, las mujeres que dan el pecho a sus bebés tienen un riesgo mucho menor de fallecer a causa de un infarto o de un ictus. Y cuanto más se prolongue esta lactancia materna, menor será su riesgo. Todo ello sin olvidar, obviamente, los beneficios para el bebé. Tal es así que la Asociación Americana del Corazón (AHA) recomienda que se mantenga la lactancia materna hasta que el bebé cumpla su primer año en los casos en los que resulte posible.

 

Fuente: http://www.abc.es/salud/enfermedades/abci-lactancia-materna-protege-madres-futuros-infartos-ictus-201706212226_noticia.html

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La especialista Lucía Galán expuso en Twitter una situación vivida en el ámbito profesional con una mujer, que rechazó vacunar a sus hijos a pesar de «no saber nada sobre la tosferina»

 

En redes sociales como Twitter, ciertos temas cuentan con algunos claros referentes. Es el caso de la pediatra Lucía Galán, más conocida como ‘Lucía, mi pediatra’. La especialista ha vuelto a protagonizar un debate a través de Twitter abordando de nuevo la polémica con las vacunas. En esta ocasión trasladó la conversación mantenida en su despacho con una madre que se postulaba totalmente contraria a la vacunación. Galán le cuestionó entonces por sus conocimientos sobre la tosferina. Ahí comenzó todo según recoge Ideal.es

«Esta semana: “No lo vacuno. He leído mucho y me he informado” Tu bebé tiene 20 días, ¿sabes lo que es la tosferina? No.- me contesta. Esta paciente me avanzó que lo había leído todo, que se había informado y no conocía la tosferina y el riesgo que asumía si no lo vacunaba. Además, con otra niña en casa, escolarizada. Hablamos largo y tendido. Hubiese estado horas. Tenemos tanto por hacer aún. Hay tanta desinformación», publicó.

La pediatra, que ya tuvo un roce con el periodista Javier Cárdenas por ese asunto, reconoció haber «desmontado uno a uno» los argumentos de aquella madre. «Aun así, su decisión estaba tomada. Su ‘creencia’ era firme. Un rayito de esperanza cuando, al salir, me dijo: “Gracias. Me has explicado cosas que desconocía. Voy a leer sobre la tosferina y te cuento», sentenció.

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/abci-twitter-zasca-pediatra-madre-antivacunas-no-sabia-tosferina-201707251208_noticia.html

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Solo la neonatología está reconocida por el Ministerio de Sanidad, Servicios Servicios Sociales e Igualdad como Área de Capacitación Específica

 

Hace dos años, la Asociación de Pediatría de España consideró oportuno organizar una jornada para potenciar y promover la figura del pediatra, un especialista dedicado en exclusiva a la salud infantil. Este miércoles, 5 de octubre, se celebra la tercera edición del Día de la Pediatría bajo el lema Recuerda: el mejor médico para el niño es el pediatra. El objetivo es defender “el papel de nuestra especialidad, el de los profesionales pediátricos y el mantenimiento de la calidad de la atención pediátrica como garante de la mejor salud infantil”, reza la AEP en su página web.

La actuación de este facultativo es fundamental. Su especialización puede ayudar, por ejemplo, al 10% de los bebés prematuro, de los que 3.000 son grandes prematuros o lo que es lo mismo, bebés que nacen antes de la semana 32 de gestación. Pero, el objetivo es que los más de ocho millones de menores de 18 años en España reciban el tratamiento más adecuado a su dolencia.

La AEP nos recuerda que el 10% de los niños y el 20% de los adolescentes padece un trastorno psiquiátrico; el 30%, cuenta con sobrepeso; un 15% tiene problemas de asma y el 6% tiene algún tipo de alergia, entre otras dolencias. Y entre el 10 y el 15% de los adolescentes convive con una enfermedad crónica. Y, cada año, se diagnostican en España unos 1.100 nuevos casos de cáncer en menores de 14 años.  A pesar de ser una enfermedad rara, los tumores malignos en la infancia son la primera causa de muerte por enfermedad hasta los 14 años. El tipo más frecuente en los niños es la Leucemia (25%), seguido de los tumores del Sistema Nervioso Central (19,6%) y los linfomas (13,6%), según el Registro Nacional de Tumores Infantiles. “Todos ellos tienen derecho a ser atendidos por un especialista”, recalcan.

Hay que tener en cuenta que “solo la neonatología está reconocida por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad como Área de Capacitación Específica en Pediatría”. Por ello, la AEP denuncia “la falta de pediatras y de especialidades”. La AEP lleva cerca de 30 años solicitando dicho reconocimiento y lo hará incansablemente hasta que este se produzca. “La principal consecuencia del no reconocimiento de las especialidades pediátricas por parte del Ministerio es fundamentalmente la ausencia de una formación específica en aquellas patologías y metodologías que son extremadamente complejas”, asegura el profesor Serafín Málaga, presidente de la Asociación Española de Pediatría, en un comunicado.

El riesgo radica, según añade en el texto el doctor Fernando Malmierca, vicepresidente de la AEP y coordinador del Día de la Pediatría, “en que la falta de oportunidades de formación en las diferentes áreas pone en grave riesgo el modelo de atención pediátrico tal y como lo conocemos hoy en día”. De hecho, la situación de la pediatría de Atención Primaria (AP) es un claro ejemplo de la debilidad actual que está viviendo el modelo: la saturación en sus consultas y la carencia de oferta de puestos de trabajo en centros de salud han dado como resultado que en torno al 30% de las plazas de pediatría de AP no esté siendo ocupadas por especialistas pediátricos.

El escaso número de profesionales especializados es solo la punta de iceberg de la situación pediátrica actual, puesto que a ello “debemos sumar las pocas plazas de formación pediátrica vía MIR, que un año más no han alcanzado el número de acreditadas necesarias (se han convocado 413 de las 433 que están acreditadas).

“Con la carencia actual de pediatras, y la falta de oferta de plazas de formación pediátrica vía MIR, este modelo está ya en claro peligro de pervivencia”, señala el coordinador de Día de la Pediatría.

 

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2016/10/05/mamas_papas/1475654251_412366.html

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¿Hasta qué edad deben tratar los pediatras a los niños?

 

No es cosa fácil decidir cuál es la edad donde termina la infancia, en su más amplio sentido. Podría ser sexualmente, que se da antes entre las niñas. O cuando es legalmente imputable a partir de los 14 años y existe la capacidad para decidir, pero con el permiso paterno hasta los 16 ¿O se determina cuando existe la posibilidad de voto a los 18 años? Hay que reconocer que muchos la dejan a los 30 y pico a la vez que la PlayStation. ¿Y médicamente, cuándo termina la infancia? Se considera adulto a partir de los 14, que coincide cuando el menor abandona la pediatría para pasar a consultar sus problemas de salud con un médico de familia de adultos. Mientras que el gobierno de la Comunidad de Madrid opina que esta termina a los siete años. Esto es al menos lo que se desprende de la polémica que nos envuelve a los que trabajamos en esto de la salud infantil.

El caso surgió a raíz de un borrador de trabajo que, parece ser presentó la consejería a los representantes de la atención primaria de pediatría -documento que ninguno hemos visto, todo hay que decirlo-, y que venía a decir en una línea que en los casos necesarios se podría rebajar la edad pediátrica a los siete años y pasar los mayores a consultas de medicina de familia. Todo podría haber quedado en un bulo, pero resulta que el consejero en una rueda de prensa desmintió que esto vaya a ser una realidad y que los hospitales seguirán con el plan de aumentar, a los 16, la edad infantil, pero se le olvidó mencionar que ocurriría con la atención primaria. Y muchos sabemos que si el consejero lo desmiente es que el rumor se puede convertir en realidad y se elude el debate hasta que te lo encuentras hecho.

Tras la supuesta noticia, el lobby pediátrico, que ve amenazada su hegemonía infantil, montó en cólera, como no podía ser menos, emitiendo un comunicado en defensa de la infancia y de los puestos de trabajo que se titulaba Los pediatras alertan contra la intención de la Comunidad de Madrid de trasladar los niños a médicos de adultos a partir de los 7 años

Toda esta problemática se desprende de la sabida falta de pediatras en atención primaria; la ausencia de cobertura para suplencias y bajas y la contratación de médicos no pediatras para cubrir los puestos vacantes. Hoy por hoy, están en esta posición un 30% de los médicos en Madrid y parece que hasta un 40% en otras comunidades.

La polémica está servida. La edad pediátrica si, en algún caso, debe variar es hacia los 18, no rebajarse más todavía. Yo soy de los que me gusta atender a los adolescentes y no vería con malos ojos que este cambio a mayores se produjera. Entiendo que no es un criterio generalizado, pero sí que lo es el no volver a los años ochenta donde la edad pediátrica se situaba en los siete años.

Se ha demostrado que la atención especializada a la infancia genera sus frutos y la calidad aumenta. La satisfacción de la población es evidente y no varía a pesar de ese 30% de médicos de familia o puericultores que dedican su tiempo en exclusiva a la infancia. Que exista una especialización en esta etapa de la vida genera un mejor control de la vacunación, del desarrollo evolutivo y de una medicación más controlada, sin excesos y sin derivaciones innecesarias a otros especialistas.

La desaparición de la atención pediátrica en primaria o simplemente su reducción sería una gran pérdida social, un atraso en los logros conseguidos en salud infantil como se ha demostrado en múltiples estudios internacionales comparando con los países cercanos y similares.

El empeño de la Comunidad de Madrid viene dado por la ausencia de pediatras vía MIR que acepten los contratos y horarios de los centros de salud, cuando pueden seguir formándose y con mejoras en conciliación como tienen los hospitales.

El problema, señor consejero, no es la edad pediátrica que aceptamos todos entre los 14 y 18. La solución no viene de la mano de eliminar plazas de pediatría y reconvertirla en adultos. La solución es mucho más fácil y la podemos tomar del mercado laboral. Si no hay demanda, mejore la oferta. Si no encuentra quien le trabaje, mejore las condiciones del puesto, ya que no puede modificar el salario, que sí, pero en vez de contratos basura por días, no suplir vacantes, y maltratar al profesional, si maltrato al profesional. Mejore las condiciones y aparecerán de debajo de las piedras, volverán del extranjero y abandonarán las guardias del hospital cientos de pediatras.

También es cierto que al pediatra MIR se le forma en el hospital con un paso muy escaso por primaria, con una rotación de uno o dos meses en cuatro años. Así no se puede amar lo no se conoce. Debería mejorar la formación, no más ordenador, sino más clínica, más mirar al paciente.

Por otro lado ¿qué ocurre con ese 30% de médicos que ocupa puestos de atención primaria en pediatría con una titulación distinta de la MIR como son los puericultores y médicos de familia correctamente formados y que trabajan en una situación denigrante con contratos basura que no permiten acceder a la plaza y se ven condenados al contrato eventual mes a mes, muchas de las veces de más de 10 años? Y haciendo todo el trabajo feo sobrante con consultas saturadas, sin poder controlar la demanda, en horarios interminables de tarde-noche y sin posibilidad de mejorar.

Yo abogo por una dedicación especializada a la infancia hasta los 14 años, pero no tiene por qué ser en exclusiva por pediatras formados en una vía MIR. También deben acceder médicos de familia (también vía MIR) o médicos generales puericultores formados, vía máster correctamente, que pudieran acceder a consolidar su plaza a través de una oferta pública de empleo, primero extraordinaria y a partir de ahí ordinaria.

En condiciones no de eventualidad y desmotivación, sino apostando por lo que todos apostamos, una infancia con una atención diferenciada en los centros de salud y los hospitales.

¿Qué pensáis los padres? ¿Os fijáis en el título del profesional que atiende a vuestro hijo o preferís que sea de calidad? ¿Creéis que los siete años como edad límite es aceptable? ¿Preferís que haya consultas de pediatría separadas de la de mayores o mejor que un solo médico atienda a toda la familia?

Una pregunta más ¿Por qué tiene que haber consultas hasta las 21.00 horas de la noche, no sería mejor acabar a las 18.00 las consultas programadas y el horario ampliado solo para las urgencias?

Es un escenario muy complejo y no soy yo quien tiene las respuestas, solo tengo una: la edad donde los niños acaban su infancia no es a los siete años.

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/03/14/mamas_papas/1489502749_258099.html