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Se sentirían extraordinariamente marginales si el día en que casi todos los demás niños del planeta occidental reciben regalos, ellos los malos, no obtuvieran nada

 

Estamos en Navidad, para bien y para mal. Rito de origen cristiano, impregnado de tal forma en nuestra cultura que hasta las familias no religiosas lo celebramos. Cada año por estas fechas, vuelvo a constatar con una inquietante frecuencia cómo a mi alrededor los niños van comentando lo bien que deben portarse porque son “espiados” por un sujeto (Papa Noel) o varios (Reyes Magos) que todo lo ven y todo lo pueden, ya que tienen en su mano algo muy preciado por nuestros niños: regalos. Incluso algunos amables dependientes de las tiendas de juguetes, bienintencionados amigos, suegros y vecinos les preguntan abiertamente si se han portado bien o mal, supongo que con el objeto de que los niños vayan ajustando sus expectativas sobre la cantidad de juguetes o de carbón que los mágicos personajes les traerán. ¿O no? ¿O lo preguntan para el que el niño haga balance sobre su adecuada o no adecuada conducta en el último año? Va a ser esto último…

 

Me resulta muy cansino y triste ver como se les chantajea con “portarse bien, porque si no serán (nuevamente) castigados con la ausencia de regalos o peor aún, con el negro carbón.

Se sentirían unos niños extraordinariamente marginales si el día en que casi todos los demás niños del planeta occidental reciben regalos, ellos los malos, no obtuvieran nada. Es además de una manipulación, una mentira porque no lo haremos. No conozco ninguna familia que a pesar de haber asustado a sus hijos con el asunto de marras, haya tenido el coraje de cumplirlo.

 

El hecho de utilizar a estos personajes del imaginario popular, tan amorosos y cercanos, como herramientas de chantaje para nuestros hijos, se explica desde nuestra falta de autoridad y de recursos que desemboca en tener que recurrir a estos sicarios para que nos hagan el trabajo sucio. Y es también la representación a gran escala de la pedagogía basada en el premio y en el castigo: te están vigilando…, Si no te “portas bien” no habrá premio.

Por suerte, vienen siendo ya los que quedan porque el hombre del saco, el coco y otros ilustres inventos de presión, quiero pensar que están extintos.

Y voy más lejos, el mensaje subliminal y tóxico que estamos enviando a nuestros hijos es “pórtate bien por miedo” no por razones, valores o principios, no porque eso te ayudará a crecer y te beneficia, no porque te amamos y tratamos de transmitirte lo mejor de nosotros mismos.

“Pórtate bien” porque si te “portas mal”, el espía de la barba blanca y los chicos de los camellos, no pasarán por aquí.

En estos días, donde el estrés se va apoderando de las familias que ya están empezando a sentir que algo se les desubica por dentro, donde los que faltan se vuelven inmensos, donde los conflictos intrafamiliares que hemos ido esquivando el resto del año ahora se ponen encima de la mesa, donde el simple hecho de las vacaciones de los niños y la perspectiva de que tenerlos en casa a muchas familias les remueve, donde nos confrontamos con el paso del tiempo, donde los ritos nos conectan con emociones que no queremos manejar, todos nos volvemos más vulnerables, es aún más fácil recurrir a terceros mágicos que hagan de espías omnipresentes y amenazantes.

Es humano, pero no es ético.

Y además ni construye ni educa.

Los regalos son regalos, dádivas, ofrendas, que sirven para transmitir amor, generosidad, gratitud. Yo regalo a mis hijos porque me produce y les produce felicidad, igual que lo hago con mis amigos o con mi pareja. A ninguno de ellos les digo que si no “se portan bien” no les haré un regalito por Navidad o por su cumpleaños.

Si formamos parte de esos padres que hemos decidido continuar con el ritual mágico de Papa Noel o de los Reyes Magos, no podemos usarlos a nuestra conveniencia. La magia entonces es sagrada y el fin no justifica los medios. Nunca o casi nunca.

En una sociedad basada en la abundancia de cosas y en la privación de contacto y presencia, propongo “utilizar” estos ritos culturales para enseñar y transmitir a nuestros hijos la satisfacción y plenitud que produce la acción de dar así como la de recibir.

Las navidades son un buen pretexto, aunque no el único hacer un ejercicio de gratitud, expresando lo agradecidos que nos sentimos por todo lo bueno que la vida nos regala, aunque no siempre nos portemos bien, poniendo más luz en lo que tenemos y no tanta en lo que nos falta. Seamos espejo y referente sin necesidad de chantajes, enturbiando la magia de una noche que es ilusión y alegría y que con toda seguridad, teñirá de ternura los recuerdos de nuestros hijos, quienes a su vez, transmitirán el mismo entrañable tesoro en los suyos.

Decía Albert Einstein que dar ejemplo no es la principal manera de influir, es la única.

Nunca es demasiado pronto para transmitirles el germen de la solidaridad y nunca es demasiado tarde para alejar a los sicarios del castigo de la pedagogía negra que tiene patas muy, pero muy cortas y que aunque nos corra por la venas, podemos combatir desde una nueva y renovada conciencia y desde el absoluto e incondicional amor hacia nuestros niños.

Feliz Navidad.

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/12/20/mamas_papas/1513771692_226244.html

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Los bebés suelen empezar a andar entre los 12 y los 18 meses. Algunos consejos para que superen el miedo

 

Los primeros pasos de un bebé implican la puesta en marcha de miles de conexiones neuronales y la maduración del área cerebral que alberga la psicomotricidad humana. Esta adaptación está programada en los genes humanos para que un bebé pueda caminar en torno a los 12 meses. La primera palabra y el primer paso en solitario son hitos en la vida de un niño que sus padres suelen recordar de por vida. Se asemejan al pistoletazo de salida de un camino que le llevará a su desarrollo como persona adulta. Cuando el bebé comienza a andar, su mundo se expande de manera considerable. Ya no es tan dependiente de sus padres y despierta su vena exploradora. La capacidad de movimiento autónomo abre al niño todo un mundo de posibilidades para investigar, descubrir y aprender.

No obstante, cada niño lleva su propio ritmo a la hora de comenzar a andar. “Los hay que dan los primeros pasos con 10 meses y otros con año y medio. Cada niño es diferente, pero entre los padres es inevitable comparar el ritmo de desarrollo de su hijo con el de otros niños de su entorno, lo que les causa preocupación innecesaria, ya que se trata de una consulta habitual a los pediatras”, comenta Guadalupe del Castillo, pediatra y miembro de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).

 

Causas por las que el niño/a se resiste a andar

 

Algunos motivos por los que los niños pueden retrasar el inicio de sus primeros pasos son:

– La prematuridad. Se considera normal que los niños que nacen antes del tiempo previsto y habitual de gestación comiencen a andar más tarde, ya que su edad se contabiliza a partir del momento en que les hubiera tocado nacer.

– El miedo es una de las causas más habituales por las que un niño preparado para caminar no acabe de soltarse a dar sus primeros pasos solo. “No obstante, lo que sí debe hacer el niño es ser capaz de ponerse de pie y sujetarse con 12 meses, aunque todavía no ande solo. Si no camina hasta el año y medio, pero no existe retraso en ningún otro área de su desarrollo, como la comunicación, no hay motivo para preocuparse”, explica la pediatra.

El gateo es la antesala de los primeros pasos en solitario del niño. Pero no siempre es así. Hay bebés que optan por andar y luego gatear. No obstante, sí es recomendable el gateo porque el niño adquiere más autonomía, fortalece músculos de brazos y piernas de cara a andar y desarrolla su capacidad espacial. Para motivar al niño a gatear, se pueden poner juguetes en el suelo a cierta distancia para que intente alcanzarlos, ayudarle a realizar los movimientos de gatear con cuatro apoyos e incluso hacerlo para que el niño lo vea y pueda imitar los movimientos.

Errores y aciertos con los niños que comienzan a andar

  • El método clásico de coger al niño/a de las manos desde detrás para ayudarle a andar es una buena manera para que el pequeño ejercite las piernas y coja confianza de cara a dar sus primeros pasos.
  • Los parques de juego para bebés son utensilios recomendables en la fase en la que el niño comienza a andar y a ponerse de pie. Se puede sujetar con facilidad para levantarse y andar de manera segura, sin riesgo de caídas que le provoquen dolor.
  • Los riesgos de los andadores para los niños son varios, ya que no desarrolla la tan recomendable fase del gateo, se fuerza la estructura ósea del bebé, pues el momento de intentar ponerse de pie y andar viene marcado por el propio proceso evolutivo del niño, y hay peligro de accidentes como caídas por las escaleras y riesgo de que el niño/a acceda a lugares peligrosos donde pueda ingerir objetos, quemarse o caerse.
  • Los zapatos para los niños que comienzan a andar son solo recomendables en la calle. En casa, es mejor que caminen descalzos, ya que apoyan mejor la planta del pie y descubren mejor sus puntos de apoyo y equilibrio.
  • Caminar de puntillas o con las piernas muy abiertas es un proceso por el que pueden pasar algunos niños que comienzan a andar debido a que están en proceso de aprender a caminar con seguridad. Pero es cuestión de tiempo que estas peculiaridades desaparezcan cuando el niño afianza su evolución con respecto a sus comienzos como caminante.
  • Acompañar, disfrutar y celebrar los avances del niño en su recorrido para caminar en solitario es el mejor estímulo para que lleguen los primeros pasos.

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/07/10/mamas_papas/1499680781_568075.html

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¡Hoy tenemos una gran noticia que compartir con todos nuestros amigos!

Hace unos días, el Instituto para la Excelencia Profesional, otorgó la concesión del Galardón “Estrella de Oro” como reconocimiento a su compromiso con la Excelencia a Manuel Baca Cots, Responsable Pediatría y Neonatología Hospital Quirón Málaga, Torrevieja y Murcia; y director del Grupo Pediátrico Uncibay.

Muchas gracias por el apoyo a ésta gran familia que formamos todos, sin vuestro apoyo no habría sido posible.

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En sus primeros meses, los niños comprenden que algunas palabras están relacionadas y aprenden antes el significado si el objeto está en su entorno

 

El significado de los balbuceos y chillidos de los bebés puede ser un galimatías ininteligible para los padres, pero a una edad en la que estas criaturas aún no son capaces de articular palabra, son ávidos aprendices del lenguaje. Esto es lo que cree Elika Bergelson, profesora en la Universidad de Duke, que en 2012 demostró que los niños de seis a nueve meses ya tienen una comprensión básica de las palabras para los alimentos y las partes del cuerpo. En un nuevo estudio publicado en la revista PNAS, su equipo ha utilizado un software de seguimiento ocular para mostrar que los bebés también reconocen que el significado de algunas palabras, como coche y cochecito (la sillita de paseo), es más parecido (tienen vínculos semánticos) que el de otras, como coche y zumo. Además, su conocimiento del lenguaje tiene relación con la cantidad de tiempo que oyen a sus cuidadores hablar sobre objetos en su entorno inmediato.

«Aunque no hay muchas señales claras de conocimiento del lenguaje en bebés, definitivamente se está desarrollando furiosamente bajo la superficie», afirma Bergelson. «Incluso en las primeras etapas de la comprensión, los bebés parecen saber algo sobre cómo las palabras se relacionan entre sí», añade.

Para medir la comprensión de las palabras, Bergelson invitó a los bebés y sus cuidadores a un laboratorio equipado con una pantalla de computadora y algunas otras distracciones infantiles. A los bebés se les mostraron pares de imágenes relacionadas, como un pie y una mano, o sin relación, como un pie y un cartón de leche. Para cada par, se pidió al cuidador (que no podía ver la pantalla) que nombrara una de las imágenes mientras un dispositivo de seguimiento ocular seguía la mirada del bebé.

Bergelson descubrió que los bebés pasaban más tiempo mirando la imagen que era nombrada cuando las dos imágenes no guardaban relación alguna que cuando estaban relacionadas. «Puede que no sepan el significado adulto de una palabra en toda regla, pero parecen reconocer que hay algo más similar sobre el significado de estas palabras», dice la investigadora.

Bergelson quería investigar cómo el rendimiento de los bebés en el laboratorio podría estar relacionado con el lenguaje que escuchan en casa. Para echar un vistazo a la vida cotidiana de los bebés, envió a cada cuidador a casa con un chaleco de bebé colorido con una pequeña grabadora de audio y les pidió que usaran el chaleco para grabar el audio de los niños durante todo un día. También usó pequeños sombreros equipados con grabadoras de vídeo del tamaño de un lápiz labial para recopilar vídeos de una hora de cada bebé interactuando con sus cuidadores.

 

Un bolígrafo y un león

 

Al examinar las grabaciones, Bergelson y su equipo categorizaron diferentes aspectos del habla a los que los bebés estaban expuestos, incluidos los objetos nombrados, en qué tipo de frases, quién las dijo y si los objetos nombrados estaban presentes o no. «Resultó que la proporción del tiempo que los padres hablaban sobre algo cuando realmente estaba allí para ser visto y aprendido se correlacionó con la comprensión general de los bebés», señala Bergelson.

Por ejemplo, si un padre dice «aquí está mi pluma favorita», mientras sostiene un bolígrafo, el bebé podía aprender algo sobre bolígrafos. Por el contrario, si un padre dice «mañana vamos a ver a los leones en el zoológico», es posible que el bebé no tenga ninguna pista inmediata que le ayude a entender qué significa león.

«Este estudio es un primer paso emocionante para identificar cómo los niños pequeños aprenden palabras, cómo se organiza su léxico inicial y cómo el lenguaje que escuchan da forma al mundo que les rodea o les influye», dice Sandra Waxman, profesora de psicología en la Universidad Northwestern que no participó en el estudio.

Pero, advierte Waxman, es demasiado pronto para sacar conclusiones sobre cómo los cuidadores deberían estar hablando con sus bebés. «Antes de que alguien diga ‘esto es lo que los padres deben hacer’, necesitamos más estudios para descubrir cómo la cultura, el contexto y la edad del bebé pueden afectar su aprendizaje», subraya. Eso sí, «lo que siempre aconsejo a los padres es que cuanto más puedan hablar con su hijo, mejor», añade Bergelson. Porque, como asegura, «están escuchando y aprendiendo de lo que dices, incluso si no parece ser así».

 

Fuente: http://www.abc.es/ciencia/abci-bebe-no-habla-pero-entiende-mas-crees-201711202026_noticia.html

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Los niños españoles entre cinco y 16 años llevan una vida cada vez más sedentaria, algo que se puede achacar al desarrollo tecnológico. El 28% de ellos pasa más de dos horas al día viendo la televisión, jugando a la consola o frente al ordenador. Y un 36% no hace deporte como actividad extraescolar.

El 26,3% de los individuos entre dos y 24 años padece sobrepeso u obesidad. Esto se debe al estilo de vida sedentario relacionado con la falta de ejercicio físico, los hábitos de entretenimiento pasivos o la tendencia creciente hacia una dieta rica en energía, grasa saturada, azúcares simples y baja en fibra.

Ésta es una de las principales conclusiones del reciente estudio realizado por el Observatorio de Idea Sana de Eroski junto con la Fundación para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea sobre nutrición infantil. En en esta tercera ocasión el trabajo analiza los hábitos de ejercicio físico y ocio de los niños de entre cinco y 16 años.

La encuesta se ha realizado a un total de 400 familias con hijos pequeños o adolescentes de siete ciudades de España siguiendo cuatro zonas estratégicas: Bilbao y San Sebastián en el norte; Sevilla y Málaga en el sur; Madrid en el centro; y Barcelona y Valencia en la zona de levante.

La investigación muestra también que el sedentarismo de la población infantil tiene mucho que ver con que el 36% de los niños no incluyan la práctica de algún deporte como actividad extraescolar. Esto puede ser consecuencia de que “el 65% de los padres encuestados no realizan tampoco ningún tipo de ejercicio físico”, ha explicado en rueda de prensa Aurora Irigoyen, experta nutricionista.

Según indica el estudio, los factores externos que pueden influir en la obesidad y en la vida sedentaria afectan más a la población adolescente.

En este contexto, el estudio determina que el 43% de los jóvenes de 14 a 16 años pasa más de dos horas diarias ante las pantallas frente al 19% de los niños de entre cinco y siete años. Además, a partir de los 14 años, sólo el 52% realiza actividades extraescolares deportivas frente al 71% de los niños de entre ocho y 10 años.

Según Irigoyen, estos datos apuntan a “extremar las alertas en la etapa adolescente, especialmente a partir de los 11 años, cuando más se apodera de ellos la vida pasiva”.

Una guía de actividades sanas

 

Para poder cambiar los hábitos de la población española infantil, la Fundación Dieta Mediterránea propone una guía en la que se recomiendan las actividades más adecuadas para los niños. Así, se propone jugar al aire libre; utilizar las escaleras en vez del ascensor; ir caminando al colegio todos los días; realizar algún deporte específico de tres a cinco veces por semana y no hacer uso de la televisión, de los videojuegos ni del ordenador más de dos horas al día.

Este estudio es el tercero realizado por la Fundación Eroski dentro de la campaña informativa ‘Comer Bien Comer Sano’ impulsada a lo largo de este año. Esta iniciativa pretende “sensibilizar a más de un millón de consumidores ofreciendo pautas sencillas para potenciar los hábitos de ejercicio físico y ocio basándonos en los criterios elaborados por los expertos de la Fundación Dieta Mediterránea”, ha explicado el director de comunicación de Fundación Eroski, Eduardo Saiz.

 

Fuente: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2006/09/21/pediatria/1158850683.html

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El afamado doctor especialista en sueño, Eduard Estivill ha escrito, junto al ginecólogo Carlos Salvador y el pediatra Gonzalo Pin, la guía «Ser mamá,: El antes y el después»

 

El libro escrito al alimón entre el doctor especialista en sueño Eduard Estivill, el pediatra Gonzalo Pin, y el ginecólogo Carlos Salvador, «Ser mamá: El antes y el después», está pensado para vivir las experiencias anteriores y posteriores al parto con tranquilidad y confianza. La intención de juntar la experiencia de estos tres profesionales es precisamente esa: aportar datos científicos de cada especialidad en un lenguaje lo suficientemente claro, de forma que aporte seguridad a las mujeres en esta época de su vida. «Queremos aportar nuestro granito de arena para que estas sean capaces de disfrutar de la maternidad que, aunque a veces no es tan bonita como la pintan, en global debería ser altamente positiva», comenta Pin, pediatra y coordinador de la Unidad de Pediatría del Hospital Quirón Salud de Valencia.

Porque, y en eso coinciden los tres, el mayor miedo de una madre reciente es la «inseguridad». «El patrón de las familias ha cambiado mucho —prosigue este experto—. Ya no tenemos presente la experiencia de generaciones anteriores. Hasta la mitad del siglo XX convivían hasta tres en un hogar: Recién nacido, madre y abuela solían estar bajo el mismo techo. Esto daba lugar a muchos problemas pero también a una transmisión de conocimiento y opinión que hoy no existe».

Y que erróneamente, advierte, «tratamos de subsanar buscando en Google. Hoy estamos muy preparados para ser buenos profesionales pero nadie nos prepara para ser padres». Por eso una de las ideas del libro es precisamente, «ayudar a las madres a que vivan con más seguridad las cosas». «Que no nos creamos todo lo que dicen tampoco las revistas de que al día siguiente de haber parido las madres tienen un tipazo de narices. Hay que adecuarse a la realidad», insiste Pin.

 

La falta de sueño puede ser letal

 

Así lo corrobora Eduard Estivill, quien apunta que hay un exceso de opiniones en internet. «De opiniones respetables, pero que hay que intentar contrastar. Al contrario que lo que un lector se encontrará en este libro: Medicina basada en la evidencia. Ponemos en palabras fáciles conceptos médicos contrastados que no pueden ser rebatidos, por ejemplo, el de la falta de sueño y sus terribles consecuencias». Porque como dice Pin, «hay un condicionante que se suele obviar, y es que los padres de un niño sano pierden entre 400 y 700 horas de sueño. Y no solo las absolutas. También pierden el ritmo, lo que indefectiblemente altera la capacidad para controlar sus impulsos. Su irritabilidad, su humor general, se altera», explica.

«El sueño polifásico de la mujer embarazada (dormir a trocitos) se convierte en sueño trifásico (con despertares cada tres horas), y esto tiene unas consecuencias terribles porque conlleva alteraciones físicas (hormonales, por ejemplo) y psíquicas (dificultad de concentración, pérdida de memoria, depresión…)». El consejo de este doctor es que las mujeres durante el día «no aprovechen para hacer recados, sino que traten de dormir los mismos periodos de tiempo que duerme el niño para mitigar de esa forma la falta de sueño», propone Estivill. «Que tiren de la abuela, la suegra, la vecina o sus hermanas. Y por supuesto, de los maridos. Hay que turnarse con la pareja», sugiere.

 

Críticas al colecho

 

Dormir, continua Estivill, «es de las cosas más importantes que podemos hacer para seguir viviendo. Tanto es así, que se muere antes una persona de sueño que de no comer». En realidad, prosigue, «si hacemos las cosas bien, a partir de los tres meses podemos enseñar al niño a dormir. Hacia esa época los bebés ya solo necesitan una pausa nocturna cada seis horas y eso la mamá lo agradece mucho».

Eso, añade, «sin recurrir al colecho. No, no y no. Bajo ningún concepto. Y no porque lo digamos nosotros, sino porque lo dice la Sociedad Americana de Pediatría. Dormir con los niños en la misma cama hasta los 10 o 12 años, como hacen algunas familias, puede derivar en una serie de implicaciones tanto físicas como mentales para los pequeños. Cuando son muy pequeñitos, puedes llegar a aplastarlos y asfixiarlos sin darte cuenta. Y para la pareja, porque es como no tenerla», puntualiza.

 

La recuperación de la mujer será mejor si, además de dormir, se ha cuidado antes y después del embarazo, apunta el doctor Carlos Salvador, ginecólogo especialista en control del embarazo y uno de los coautores de este libro: «Esto suele ser una batalla para los ginecólogos, aunque cada vez la mujer es más consciente de que hay que cumplir unas normas básicas que beneficien al embarazo y no solo los tres últimos meses, sino desde que toma conciencia de su estado». Para este doctor, como para los otros dos, «que la mujer tome este proceso con naturalidad es básico, y para eso debe servir esta guía que hemos escrito. Se trata de una información que a ella le debe dar confianza y le haga sentirse cómoda y confiada». Volviendo a la experiencia, recuerda Pin, «es como cuando con el primer hijo todo es un “ay”, y con el tercero apenas levantas un poco la ceja para mirar a la cuna», concluye.

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-padres-bebe-sano-pierden-entre-400-y-700-horas-sueno-y-esto-condiciona-todo-201703280137_noticia.html

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Desde monedas a imperdibles pasando por productos de limpieza

 

Los niños pequeños pasan por una fase,entre los 8 meses y los cuatro años, en la que se lo llevan todo a la boca. Esto puede ser muy peligroso porque determinados objetos muy pequeños o corrosivos pueden ser ingeridos y provocar un problema. En cualquier caso, un 80% de las cosas ingeridas son eliminadas espontáneamente por las heces. A pesar de ello, hasta en el 60% de las ocasiones, los padres no detectan su eliminación.

El doctor Valentín Alzina de Aguilar, director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria de Navarra, apunta que «lo primero que hay que hacer es intentar evitar que lleguen a meterse algo en la boca. Con los niños muy pequeños hay que tener cien ojos», pero aclara que «una vez ingerido el cuerpo extraño hay varias maneras de proceder».

«En el caso de que sea un lactante y esté tosiendo, lo primero que hay que hacer es mirarle la boca a ver si se ve el objeto. En caso afirmativo se puede intentar tirar de él con los dedos. En caso de que no se vea, hay que dejarle toser y por supuesto, no asustarle». «Cuando el menor esté ya muy cansado, o si vemos que empieza a cambiar de color y a tener problemas para respirar, los mejor es ponerlo sobre nuestras piernas y darle cinco golpes secos entre las escápulas. A continuación se le da la vuelta, y si sigue sin ser visible el cuerpo extraño, se le debe dar masaje cardíaco. Hay que continuar con esta rutina hasta que se vea el objeto o hasta que llegue el profesional sanitario».

Cuando el niño tiene más de un año, Alzina explica que «se le pueden dar golpes secos en la espalda e incluso practicarle la maniobra de Heimlich con mucho cuidado para no dañar las costillas ni el esternón». Este pediatra recalca de que en caso de que ya no respire «hay que hacer un masaje cardiopulmonar: se presiona 15 veces en la zona por encima de las costillas y se insufla aire en dos tandas hasta que llegue la ayuda médica».

¿Y cuando ya se lo ha tragado?

 

En el supuesto de que el pequeño ya haya ingerido un cuerpo tal como una moneda, un alfiler, un clavo o un imperdible, el doctor aclara que el tratamiento depende del tamaño del niño. En casos muy graves se puede recurrir a la gastroscopia: «Cuando el menor tiene dificultad en deglutir la saliva debe practicarse la intervención de urgencia para evitar la aspiración y obstrucción respiratoria». Y especifica que «la extracción mediante endoscopio se realiza en alrededor del 19% de los casos, siendo necesaria la extracción quirúrgica solamente en el 1% de los mismos».

En niños mayores, objetos de menos de 2 cm de anchura y hasta 5 cm de longitud pasan el píloro sin problemas. En niños pequeños y lactantes, el límite de la longitud es de 3 cm. Es recomendable extraer aquellos de tamaño superior al referido, así como los punzantes o cortantes.

En el caso de que el pequeño se haya tragado algo, pero creamos que no reviste peligro «se le pueden dar de comer alimentos con residuos (espárragos, alcachofa, cereales…) que arrastren y envuelvan el cuerpo extraño hasta que lo pueda defecar», apunta el experto.

Cuando lo que ha hecho el bebé es beber un líquido corrosivo, «nunca hay que hacerle vomitar, pues el peligro es la quemadura y si devuelve, pasa dos veces por la garganta», refiere este pediatra, que aclara que «en estos casos hay que darles de beber algo que diluya en lo posible el material cáustico».

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-hacer-cuando-nino-ingiere-cuerpo-extrano-201705121743_noticia.html

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Esther Serrano, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, explica los numerosos beneficios de fomentar la lectura en los niños pequeños

 

¿Qué beneficios supone para un niño tener un hábito de lectura?

 

Los beneficios de la lectura se inician desde la época de lactante y se extienden a lo largo de nuestra vida, abarcando aspectos de nuestro desarrollo intelectual, personal, afectivo y social, con distintos matices dependiendo de cada edad y momento.

En la época de lactantes la lectura beneficia el establecimiento de un vínculo familiar estable y también su desarrollo psicomotor.

La lectura durante toda la infancia, es un estupendo método para mejorar su aprendizaje, desarrollo y maduración, así como también para mejorar la dinámica de las relaciones familiares. Las investigaciones actuales confirman que el hábito de leer en familia favorece el desarrollo del vínculo afectivo entre padres e hijos. Los niños que están acostumbrados a leer o a que les lean, adquieren más fácilmente el vocabulario y las capacidades para el desarrollo del lenguaje. Se sentirán más seguros en el colegio tanto en la lectura como en el habla ante sus compañeros. También hay algunos estudios que demuestran que la lectura favorece las relaciones sociales con amigos y conocidos.

Por otro lado, algunos tipos de lecturas pueden ayudar a los padres a solventar o abordar problemas que van surgiendo en el desarrollo personal de sus hijos (por ejemplo cuentos para tratar temas como el control de esfínteres, el miedo a la oscuridad, los celos a sus hermanos,…)

Los estudiantes que leen tienen mejor rendimiento y mejores habilidades de expresión, lectura y lenguaje. Además aumenta su capacidad de concentración, de análisis y de interpretación de los textos.

Pero además, los beneficios de la lectura durante la infancia también alcanzan e influyen en lo que será nuestra vida adulta. Un cerebro activo funciona mejor y más rápido. Se sabe que mientras leemos estimulamos las conexiones entre neuronas sobre todo del hemisferio izquierdo del cerebro que está implicada en la producción y comprensión del habla y del lenguaje. También se estimulan otras áreas como la retina y la corteza cerebral visual del lóbulo occipital del cerebro. Según estos últimos estudios, la lectura también aumenta la llamada “reserva cognitiva”. Leer retrasa y previene la pérdida de la memoria. Es un factor de protección de las enfermedades neurodegenerativas. Es decir, establecer el hábito de leer en los niños, igual que otros hábitos saludables, nos proporcionará beneficios añadidos en la vejez.

También tienen beneficios para los niños con discapacidades de cualquier tipo. Como todos los demás, tienen el derecho a acceder a la lectoescritura (con métodos por supuesto adaptados a la discapacidad específica) como herramienta fundamental para el aprendizaje, la comunicación y el ocio.

 

¿Cuáles son las recomendaciones básicas para que los padres consigan que a los niños les guste la lectura?

 

—Leerles desde pequeños haciendo de la lectura un momento de disfrute en familia

— Si crecen viéndonos leer, lo verán como algo cotidiano y normal

—No plantear la lectura como una obligación sino como un momento de relajación y disfrute

—Respetar sus preferencias y gustos. Que elijan sus historias. No criticar sus gustos según nuestros criterios propios. Respetar sus intereses

—Estemos siempre dispuestos a echarles una mano, a compartir con ellos lecturas, unas veces más próximos, otras más discretamente, en segundo plano.

—Animarles a leer y a contarnos sus experiencias con la lectura. El debate después de leer el libro también es un momento que compartir.

—Leed en voz alta. Todos los miembros de la familia. No les debemos corregir continuamente, no importa que se equivoquen. No está en el colegio. En ese momento lee para pasarlo bien.

—Proponerles escribir un diario cuando tengan edad para ello. Animarles a escribir.

—Plantearse utilizar la lectura como un premio o recompensa a sus buenos comportamientos, además de otras actividades que con frecuencia utilizamos.

—Contarles cuentos e historias

—Podemos suscribirnos a revistas infantojuveniles o inscribirnos en una biblioteca para acceder de forma más fácil a los libros en casa. Que los vean como parte habitual de la casa.

—En el momento en que vivimos, hay que desterrar la idea de que sólo se lee en papel. Los jóvenes están acostumbrados y “fascinados” por todo lo digital. Sus gustos son distintos y hay que aprovechar al máximo estos recursos para introducir la lectura entre sus hábitos de ocio ( cómics, recursos online, TV, cine…). Lo importante es ayudarles a encontrar buenas historias que leer, independientemente del formato que sea (tablets, libros electrónicos…) Y probablemente con el tiempo, una vez establecido el hábito de leer, también lo hagan con libros impresos.

 

¿Cuáles son los errores más habituales de los padres?

 

—Obligarles a leer contra viento y marea. Sustituir el tiempo de otras aficiones por la lectura. La lectura debe ser una afición más y hay que encontrar su tiempo entre las rutinas diarias. No debe ser sólo una tarea escolar más.

—Imponerles las lecturas que nos gustan a los padres y criticar las que ellos prefieren por considerarlas poco útiles.

—No tener en cuenta la edad y maduración de los niños. A cada edad les interesaran y agradaran más determinados tipo de historias.

—Empeñarnos en excluir las nuevas tecnologías frente a la lectura tradicional. Hay que compatibilizarlas y aprovechar las posibilidades que nos ofrecen estos recursos.

—Corregirles continuamente si no leen perfectamente.

—No compartir la lectura con ellos. Siempre encontraremos algo que lo justifica: «alta de tiempo, cansancio, ya es tarde…».

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-estos-errores-cometen-padres-y-alejan-hijos-lectura-201604011539_noticia.html

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Es importante tener conocimientos básicos para atender a accidentados o enfermos repentinos

 

Casi siempre, la primera persona que atiende una emergencia no es un profesional sanitario, sino un familiar o viandante. Por eso, es bueno tener unos conocimientos básicos para saber qué hacer en estas situaciones, ayudando a accidentados o enfermos repentinos mientras llegan los profesionales sanitarios.

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) aclara que lo más importante en estos escenarios es conservar la calma y tratar de evitar nuevas lesiones o que se agraven otras existentes. No se debe mover a la persona accidentada, salvo que corra peligro en el lugar en el que se encuentra o haya que practicarle una reanimación cardiopulmonar. Mientras el personal sanitario llega hasta el lugar, se debe tranquilizar al herido y mantenerlo caliente; no es recomendable darle comida, bebida ni medicación.

La AEPap explica los pasos a seguir: la actuación básica en primeros auxilios se resume en las siglas P.A.S. (Proteger, Avisar, Socorrer).

1. Proteger: hay que hacer seguro el lugar del accidente. Siempre es mejor alejar el peligro que mover al accidentado: cortar la corriente si hay un electrocutado, controlar el fuego y ventilar si hay humo, aparcar bien y señalizar el siniestro si hay un accidente de tráfico…

2. Avisar: llamar al 112. En primer lugar hay que identificarse. Después, se debe informar del lugar exacto, tipo de accidente y las circunstancias que lo pueden agravar. Además, hay que indicar el estado del paciente y de sus heridas.

3. Socorrer. Siempre hay que tener en cuenta dos prioridades: salvar la vida y evitar que las lesiones se agraven. Se hará una valoración primaria para identificar las situaciones que pueden amenazar la vida (estado de consciencia, respiración, circulación sanguínea, buscar pulsos, hemorragias…) y una valoración secundaria analizando el resto de lesiones, siguiendo un orden descendente desde la cabeza hasta las extremidades.

Si la persona está consciente y es capaz de comprender lo que se le dice, hay que tranquilizarla y asegurar su confort hasta que lleguen los sanitarios. Si no reacciona pero sí respira, hay que colocarla en posición de seguridad: posición lateral, extender un brazo por encima de la cabeza y flexionar la rodilla para estabilizarlo. Si no respira, habrá que iniciar la reanimación cardiopulmonar básica.

 

Fuente: http://www.abc.es/familia/vida-sana/abci-primeros-auxilios-puedo-hacer-201607150531_noticia.html