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La planificación, los ingredientes saludables y la participación de los niños ayudan a que aprendan a comer sano y sean felices

 

Prisas constantes, estrés y, sobre todo, escasez de tiempo. Así es la rutina diaria de muchos padres que pugnan por conciliar su jornada laboral con la crianza de los niños y que a veces sienten lo duro que es no poder prestarles toda la atención que quisieran. Y aunque su alimentación es una de las cosas que más cuidamos, los recursos fáciles como la comida rápida o la bollería industrial, que ahorran tiempo pero repercuten en la calidad de su dieta, pueden poco a poco ganar terreno a la hora de preparar las comidas que hacen fuera de casa. Por eso es fundamental no dejar nada a la improvisación y aprovechar cuando más tiempo tengamos, como el fin de semana, para planificarlo adecuadamente. Y si la comida de un determinado día requiere preparación previa, hacerla la noche anterior.

 

Si lo que queremos es preparar un aperitivo para la hora del recreo, “el objetivo es que haya un pequeño extra de energía entre el desayuno y la comida, un tipo o dos de alimentos que ajusten también la sensación de apetito con la que llegan a la comida”, afirma la doctora Ana Morais, coordinadora de la Unidad de Nutrición del hospital de La Paz en Madrid. “Lo mejor son los alimentos ricos en hidratos de carbono de absorción lenta, como frutas enteras (no en zumo) o aquellos con base de cereales, como un bocadillo pequeño (con pan integral, a poder ser) con algo bajo en grasas saturadas, como jamón o tortilla francesa”. Alimentos como la crema de cacao, las mantequillas o el queso de untar deberían usarse solo ocasionalmente, ya que son ricos en grasas saturadas y presentan una gran cantidad de calorías en un volumen muy pequeño, además de no tener tanto poder saciante. Lo mismo ocurre con los frutos secos o las galletas (eso sí, sin relleno), que aunque tienen azúcar y grasa también contienen cereales. No hace falta evitarlos siempre, pero sí limitar su uso”.

Entre fruta y verdura, se recomienda que haya cinco raciones al día. Por ello, sostiene la doctora Morais, “es importante que en cada una de las comidas diarias que hacemos esté presente una u otra y que a media mañana haya casi siempre fruta”. Los lácteos no son muy prácticos para el recreo, ya que el niño dispone de poco tiempo y tendría que andar tomándose el yogur con cuchara, “por lo que al final beberá yogures líquidos, que tienen un alto contenido de azúcar e hidratos de carbono de absorción rápida, que elevan la cantidad de glucosa y si no se usan inmediatamente (como hacen los deportistas) se almacenan en forma de grasa. Tampoco contribuyen a la sensación de saciedad o de control del apetito”. La cantidad sugerida es la de dos o tres raciones de lácteos al día, pero una de ellas suele ir ya con el desayuno y otra en la comida o la merienda. Si queremos incluir un lácteo en su mochila, puede ser en forma de bocadillo de queso, por ejemplo.

 

Si lo que queremos es mandar una comida completa desde casa, deberemos asegurarnos de incluir varios grupos de alimentos de origen vegetal y animal. “Aproximadamente una cuarta parte deben de ser alimentos con alto contenido en proteínas, como pescado, pollo, pavo, legumbre… Ocasionalmente, carne roja. Otra cuarta parte correspondería a alimentos basados en cereales, preferiblemente integrales y de grano entero, como pasta o arroz, que pueden ir como primer plato o como guarnición; una tercera parte o más de verduras u hortalizas, que aportan hidratos de absorción intermedia, fibra, vitaminas y minerales; y finalmente una fruta (preferiblemente) o un lácteo de postre”. Al final, conviene recordar que no hay ningún alimento que por sí solo haga una dieta buena o mala: lo que importa es el conjunto; unas comidas se pueden complementar con otras.

Cada nutriente cumple unas funciones distintas, y conviene que todos estén presentes en la dieta. Los hidratos, por ejemplo, tienen una importante función energética. “La mitad de las calorías que consumimos vienen de los hidratos de carbono, que se van a usar para la obtención de energía. Para que nuestro cuerpo funcione con normalidad y que el niño tenga energía para sus actividades diarias”, afirma la doctora Morais. Y no más de una tercera parte de estos deberían ser de absorción rápida (repostería, batidos, zumos envasados, postres lácteos como el arroz con leche o las natillas, refrescos…). “Las proteínas, por su parte, contribuyen al crecimiento, y las frutas y verduras tienen una función reguladora y constituyen la principal fuente de vitaminas y minerales, indispensables para regular las funciones del cuerpo”.

 

Para Morais, la responsabilidad de los padres no se limita solo a la calidad de la dieta con que proveen a sus hijos. La educación es esencial ya que “el niño hace y come lo que ve. Si un niño no come fruta o verdura es porque sus padres tampoco lo hacen… Los padres han de tomar el mando de la dieta; hay que normalizar la presencia de estos alimentos. Si el pequeño ve que la fruta o la verdura es habitual en su casa, es menos probable que la rechace”. Y luego, dejar un hueco a la creatividad: “Hay que intentar hacer preparaciones que sean atractivas; a lo mejor el fin de semana, cuando tenemos más tiempo. Y que el niño participe en la elaboración de la comida o en el diseño del plato, colocando los ingredientes o realizando algunas tareas. Nos puede ayudar a empanar o rebozar las croquetas… Es verdad que eso significa que nos llevará más tiempo, pero compensa porque así se familiariza con los alimentos”. Finalmente, otro pequeño truco es el de alternar cosas que gustan más con cosas que gustan menos, y cuando hacemos grandes cantidades congelar las porciones sobrantes para otros días; así evitamos que el niño se aburra.

La alta disponibilidad de alimentos, así como la ingente cantidad de información disponible para los padres, lleva a la doctora Morais a concluir que la calidad de la alimentación ha mejorado en los últimos años. Otra cosa, dice, es que luego los padres hagan la elección adecuada. Pero con un 28% de los menores con algún tipo de problema de sobrepeso, el problema no está solo en la dieta sino en la escasa actividad física: “Somos terriblemente sedentarios. Antes se jugaba en la calle; ahora todo es ocio de pantalla y en la casa. Hay más transporte escolar, se camina menos, los horarios de trabajo de los padres son muy extensos y tienen menos tiempo para pasarlo con los hijos fuera de casa…”

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/12/mamas_papas/1520856943_764665.html

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Los ensayos clínicos en niños son esenciales para desarrollar terapias e intervenciones específicas de la edad y verificadas empíricamente, para determinar y optimizar los mejores tratamientos médicos disponibles

 

La investigación y desarrollo de nuevos medicamentos destinados a la población pediátrica presenta características específicas, derivadas de los tipos de enfermedades que padecen los niños y de que se trata de personas todavía en desarrollo, lo que hace necesario un abordaje por unidades especializadas, con el fin de conseguir el máximo nivel de seguridad y eficacia de los fármacos con los que se va a tratar a los más pequeños. Tal como han venido señalando los propios investigadores en los últimos años, el trabajo en red y la puesta en marcha de unidades específicas en los hospitales para desarrollar ensayos clínicos de nuevos medicamentos en niños resultan esenciales para validar de forma adecuada las indicaciones y dosis de los tratamientos dirigidos a la población, si bien la enorme complejidad de este tipo de investigación ha venido dificultando tradicionalmente la puesta en marcha de estos estudios.

Los niños conforman una población única con diferencias fisiológicas y de desarrollo definidas con respecto a los adultos. Los ensayos clínicos en niños son esenciales para desarrollar terapias e intervenciones específicas de la edad y verificadas empíricamente, para determinar y optimizar los mejores tratamientos médicos disponibles

 

Guía de Unidades de Investigación Clínica en Pediatría

Farmaindustria, a través de la Plataforma de Medicamentos Innovadores y en colaboración con la Asociación de Medicina de la Industria Farmacéutica (AMIFE), ha elaborado la Guía de Unidades de Investigación Clínica en Pediatría. Es un paso que se suma a la iniciativa liderada por investigadores de excelencia y concretada hace unos meses en la Red Española de Ensayos Clínicos Pediátricos(RECLIP), que representa a España en la Red Europea de Ensayos Clínicos Pediátricos y que ha sido puesta en marcha con el apoyo de autoridades sanitarias (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios), médicos (Asociación Española de Pediatría y AMIFE) y Farmaindustria.

RECLIP

En RECLIP, coordinada por el doctor Federico Martinón del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, participan 19 Centros clínicos de toda España muchos de ellos con sus Institutos de Investigación Sanitaria incluidos y 6 redes transversales pediátricas nacionales, entre las que se incluyen RITIP (Red Nacional de Investigación Traslacional en Infectología Pediátrica), SAMID (Red Nacional de Salud Materno-Infantil) entre otras, y con el respaldo de Instituciones oficiales como la AEMPS (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) y Sociedades Científicas como la AEP.

 

Investigación en España

España cuenta con 30 unidades de investigación clínica pediátrica, que a su vez disponen de 1.730 camas, lo que supone un promedio de 62 camas por centro implicado, y están ubicadas, en su inmensa mayoría, en hospitales públicos. En concreto, los centros públicos engloban un total de 21 unidades, frente a las 7 creadas en hospitales privados y las dos que hay en centros de régimen público-privado. Aunque la actividad de todas las unidades está orientada a estudios con pacientes, en 20 de ellas existe la posibilidad de realizar estos estudios con voluntarios sanos.

Hasta el momento estas unidades han llevado a cabo un total de 2.123 participaciones en estudios de investigación en los últimos cinco años (de las que 1.271 corresponden a participaciones en ensayos clínicos en los últimos cinco años, 682 estudios observacionales y 170 estudios de investigación propia). El 51% de los ensayos clínicos realizados de forma conjunta con un laboratorio farmacéutico corresponde a la fase III (en la que los fármacos se prueban ya con un número importante de pacientes y se comparan con el tratamiento estándar), mientras que el 33% se ubica en las fases tempranas, donde se prueba la seguridad y eficacia de un nuevo fármaco en un número limitado de pacientes. En el caso de los ensayos realizados por grupos independientes estos porcentajes son del 47% (fase III) y 33% (fases I y II).

 

Apuesta de la industria farmacéutica

La industria farmacéutica, de hecho, ha venido reforzando su apuesta por este tipo de investigaciones en los últimos tiempos; no en vano en el último semestre de 2016 el 9% de los ensayos clínicos puestos en marcha por laboratorios se ha desarrollado en el ámbito de la pediatría, según los últimos datos del Proyecto BEST de excelencia en investigación clínica. Destaca una alta especialización en áreas como reumatología, cardiovascular, hematología, vacunas y enfermedades infecciosas, entre otras. Se trata de ensayos clínicos internacionales de todas las fases. Así, el 10% son de Fase I, el 31% de Fase II, el 51% de Fase III y el 8% de Fase IV.

 

Fuente:http://www.abc.es/salud/sanidad/abci-ensayos-clinicos-pediatricos-esenciales-para-desarrollar-terapias-y-optimizar-tratamientos-disponibles-201709291818_noticia.html

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La AEP ha recordado la necesidad de ampliar las plazas MIR, así como las de pediatras de Atención Primaria y especializada

 

La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha insistido, con motivo de la celebración, el próximo 8 de octubre, del Día de la Pediatría, en que se amplíe la edad de atención pediátrica hasta los 18 años y que, para mejorar esta asistencia, se incrementen las plazas MIR, en Atención Primaria y en especializada.

«Defendemos que la Pediatría sea considerada como una especialidad no troncal, las áreas de capacitación específica y nuestro modelo de atención pediátrica porque previene y mejora la salud de los niños. Además, uno de los puntos que consideramos irrenunciable es seguir atendiendo a los adolescentes porque es un periodo en el que hay muchos problemas y no han terminado su crecimiento», ha señalado la presidenta de la AEP, María José Mellado.

En este punto, el vicepresidente de Atención Primaria de la AEP, Juan Ruíz-Canela, ha recordado que la salud infantil en España es «saludable» o, al menos, así lo demuestran diferentes estudios que posicionan al país como uno de los de referencia en Europa por sus tasas de vacunación (en 2016 se alcanzaron coberturas en primovacunación superiores al 97%) y por su tasa de supervivencia en niños prematuros a partir de la semana 26, situada en torno al 72 por ciento.

Por ello, y debido a que la adolescencia es una etapa conflictiva en la que aumenta el riesgo de comenzar estilos de vida poco saludables, como por ejemplo, empezar a fumar, a beber alcohol o a hacer vida sedentaria y aumentar de peso, los expertos han reiterado la necesidad de que en toda España puedan atender a estos jóvenes y que, además, haya unidades de transición a los servicios de atención sanitaria de adultos.

No obstante, para que esto pueda ser una realidad, la presidenta de la AEP ha recordado la necesidad de ampliar las plazas MIR, así como las de pediatras de Atención Primaria y especializada. «Nuestras reivindicaciones tienen que ir acompañadas de un movimiento de las instituciones sanitarias para que los pediatras puedan asumir la carga de trabajo. En algunos hospitales se están viendo a los niños hasta los 16 años, pero en otros no porque no han podido todavía adecuar las camillas, los quirófanos y el personal», ha recalcado.

Se calcula que la media en España se sitúa en un pediatra por cada 1.200 niños cuando lo recomendado es uno por cada 1.000 pacientes. No obstante, la doctora Mellado ha avisado de que esta estimación no se puede tener cien por cien en cuenta porque hay una «variabilidad infinita» entre comunidades autónomas.

Del mismo modo, los pediatras han solicitado el reconocimiento de las 23 especialidades pediátricas como áreas de capacitación específica, valorando como un «paso atrás» la anulación de la especialidad de Neonatología. Además, han planteado la necesidad de aumentar la formación en Pediatría a cinco años: tres comunes en Pediatría general y dos de subespecialidad pediátrica.

 

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/abci-pediatras-insisten-ampliar-edad-pediatrica-18-anos-201710041347_noticia.html

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En el día Mundial del Prematuro se recuerda que muchas parejas se enfrentan a una situación inesperada llena de dudas

 

El parto prematuro crea una importante preocupación a las madres, ya que estos bebés tienen un conjunto específico de problemas asociados a potenciales enfermedades. Estudios realizados por Medela demuestran que la lactancia, tanto en bebés nacidos a término como prematuros, aporta ventajas más allá de sus beneficios nutritivos: protege al lactante frente a infecciones, regula y potencia los sistemas fisiológicos del lactante y de la madre y facilita los vínculos entre madre y lactante.

Para los bebés prematuros la lactancia es un factor fundamental para su desarrollo. Por este mismo motivo, sus madres se preocupan por el suministro de leche en las primeras semanas, ya que esto garantiza el crecimiento y el desarrollo óptimos del lactante. «En un parto prematuro el desarrollo esencial que se produce en las últimas semanas de la gestación se interrumpe y, por lo tanto, se debe acelerar tras el parto. Es en este punto donde la leche materna cumple un papel fundamental», explica Montse Robles, asesora de lactancia y responsable de divulgación de Medela.

Esta experta responde a las dudas más frecuentes de las madres de bebés prematuros:

 

1. ¿Qué aporta la leche materna a estos bebés?

La leche materna les aporta importantes ventajas protectoras y evolutivas debido a que ofrece nutrición óptima (grasa, lactosa, proteínas y macronutrientes) para permitir el crecimiento y desarrollo, y una protección completa (componentes bioquímicos y celulares) contra infecciones. Además, el calostro tiene niveles más altos de energía, lípidos, proteínas, nitrógeno, inmunoglobulinas, elementos antiinflamatorios y algunos minerales y vitaminas. Todas estas propiedades y beneficios son transmitidas al bebé prematuro. Las proteínas multifuncionales, como la IgAs, la lactoferrina y la lisozima, además de los ácidos grasos libres de la leche materna, actúan como agentes antinfecciosos que son esenciales para el prematuro.

Finalmente, los estudios demuestran que los bebés que reciben leche materna tienen un menor riesgo de enterocolitis necrosante (ECN), sepsis3, intolerancia a la alimentación enteral, neumopatía crónica, retinopatía de la prematuridad, retraso en el neurodesarrollo, displasia broncopulmonar y reingreso en el hospital, entre otras.

 

2. ¿Es cierto que el calostro es fundamental para el crecimiento del bebé prematuro?

Los bebés prematuros tienen unas reservas de nutrientes reducidas al nacer y tienen riesgo de acumular déficits significativos de nutrientes y un crecimiento insuficiente. El calostro de la propia madre contiene una elevada concentración de citocinas y de otros agentes inmunitarios. Además, también puede ser beneficioso cuando se administra por vía bucofaríngea a lactantes con un peso extremadamente bajo al nacer durante los primeros días de vida. La utilización de calostro como tratamiento oral puede estimular el tejido linfático asociado a la bucofaringe y proteger la mucosa bucal del lactante de infecciones.

 

3. ¿Por qué si la leche materna es la mejor, en el hospital le añaden suplementos?

Esto sucede sobre todo en lactantes prematuros con muy bajo peso al nacer. Para ellos la leche materna es la mejor opción, pero en ocasiones su composición nutritiva no puede satisfacer por completo las necesidades de nutrientes y se debe enriquecer con proteínas, nutrientes, vitaminas y minerales para garantizar el crecimiento y el desarrollo óptimos del prematuro.

Estudios realizados demuestran que una alimentación exclusiva con leche materna, que incluye leche de donante y enriquecedor de leche materna, reduce el riesgo de ECN en comparación con una dieta basada en leche materna que también incluye productos basados en leche de vaca.

 

4. ¿Es cierto que el contacto piel con piel ayuda a que mis pechos produzcan más leche?

Efectivamente, el contacto piel con piel sigue asociándose a una mayor producción de leche y un inicio más temprano de la lactancia en las madres, así como a una mejora de la estabilidad fisiológica de los prematuros. Promover el suministro de leche desde la primera hora del nacimiento, ya sea de manera natural o mediante extractor, ayuda a que el pecho de la madre mantenga una producción adecuada durante los días siguientes.

De hecho, para bebés en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCIN), y tan pronto como el lactante este estable, se puede animar a las madres a que pongan al lactante piel con piel y a que dejen que el bebé pase tiempo al pecho. Esto también se puede realizar mientras el lactante recibe alimentación enteral, y es una oportunidad habitual para practicar la alimentación al pecho. Cada vez hay más datos que indican que la lactancia temprana es beneficiosa y se asocia a un alta al domicilio más temprana y a una mayor incidencia de la alimentación con leche materna en general.

 

5. ¿Es cierto que los bebés prematuros no succionan igual que los bebés nacidos a término?

Al contrario que los recién nacidos a término, los prematuros no muestran un patrón constante de movimiento de la lengua o de vacío durante la lactancia. Por el contrario, los nacidos con menos de 30 semanas de gestación al principio usan un patrón desorganizado de compresión sin vacío, pero conforme el vacío que producen aumenta hasta un nivel similar al de un recién nacido a término, los prematuros se alimentan de una manera más eficiente y eficaz.

Aunque hay pocos estudios que evalúen la lactancia en prematuros, en la práctica clínica se ha observado que tienen dificultad para mantener el agarre al pecho, aplican un vacío débil, tiene patrones de ráfagas de succión irregulares y cortos y a menudo se duermen al pecho. A los prematuros a menudo se les amamanta con una pezonera para facilitar el agarre al pecho.

 

6. ¿Es cierto que la leche materna ayuda al desarrollo cerebral del bebé prematuro?

Sí, es cierto, y se debe a que la leche de las madres de lactantes prematuros contiene un 20% más de ácidos grasos de cadena media (DHA y AA) que la leche de las madres de lactantes a término.

Los lactantes prematuros nacen antes de que las vías cerebrales y del tronco encefálico implicados en la función motora bucal se hayan desarrollado. Esto afecta a su capacidad de alimentarse por vía oral inicialmente. Los lactantes prematuros deben alcanzar rápidamente su correspondiente nivel de crecimiento y neurodesarrollo en el periodo posnatal. Como un tercio del crecimiento del encéfalo se produce en las últimas 6-8 semanas de gestación, los lactantes prematuros nacidos a las 32 semanas, por ejemplo, tienen un 35% menos de volumen encefálico en el posparto que los recién nacidos a término. Para estos lactantes, el crecimiento restante se debe producir después del nacimiento. Como el crecimiento más rápido del encéfalo se produce habitualmente con la acumulación de ácido docosabexaenoico (DHA) y ácido araquidónico (AA) de la placenta en el último trimestre, el aporte de leche materna es particularmente importante.

 

7. ¿Por qué tarda en subirme la leche? ¿Qué puedo hacer para poder amamantar a mi bebé prematuro?

Las madres de prematuros suelen tener dificultades para iniciar la lactancia debido a la fase prematura del desarrollo mamario, la falta de contacto con la succión del lactante, problemas emocionales debidos al parto prematuro y el acceso escaso a un equipo adecuado y un apoyo oportuno. Casi todas las madres de prematuros que están en la UCIN experimentan niveles significativos de estrés, ansiedad y falta de sueño durante las primeras semanas tras el parto, lo que puede complicar aún más la iniciación y el mantenimiento de la lactancia. En estos casos proporcionar a la madre apoyo emocional, además de médico, es fundamental para que disminuya su nivel de estrés y preocupación. También puede recurrir a los extractores de leche, tanto eléctricos como manuales, que facilitan la producción de leche y el consiguiente suministro para el bebé.

 

8. ¿Es cierto que si comienzo a extraer leche inmediatamente después del parto produciré más leche los días siguientes? ¿Cómo puedo aumentar la producción de leche?

La extracción temprana y frecuente, ya sea de manera natural o mediante un extractor, mejora significativamente la iniciación de la lactancia tras el parto prematuro. La extracción en la primera hora, en comparación con 6 horas tras el parto, se asocia con una mayor producción de leche en la primera semana y 3 semanas después del parto. También se ha observado que la extracción doble es más eficaz y eficiente en la extracción de leche que la extracción secuencial, ya que permite extraer un mayor porcentaje de la leche disponible y un mayor volumen de leche con mayor contenido en grasa.

 

9. ¿Qué es mejor para el bebé prematuro, la nutrición enteral o la parenteral?

Cuando los prematuros no pueden alimentarse por vía oral, la provisión de leche materna es fundamental para reducir las infecciones y mejorar los resultados de salud a largo plazo. La nutrición parenteral cubre las necesidades nutritivas de los prematuros. Sin embargo, se prefiere la alimentación enteral (a través del intestino) con leche materna cuando sea posible. La ausencia de alimento en el tracto gastrointestinal durante la nutrición parenteral hace que el lactante tenga riesgo de problemas de digestión y absorción. Por este motivo, la alimentación enteral temprana con leche materna normalmente se inicia en la primera semana de vida para estimular la motilidad y la maduración intestinales.

 

Fuente http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-respuestas-preocupaciones-mas-habituales-madres-bebes-prematuros-201711162216_noticia.html

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Uno de cada 13 niños nacen cada año antes de tiempo en nuestro país

 

Hasta uno de cada 13 niños nacen cada año de forma prematura pero el buen nivel de los profesionales de Neonatología sitúan a España en la élite mundial en este campo, con hasta un 95% de supervivencia en los que nacen después de la semana 28 de gestación.

«A nivel mundial la Neonatología de España está muy bien considerada, e incluso está mejor que otros países como Estados Unidos», ha destacado el presidente de la Sociedad Española de Neonatología (SENeo), Máximo Vento, que recientemente ha sido elegido para presidir también la Sociedad Europea de Neonatología (EBN, en sus siglas en inglés).

Cuando nacen en torno a la semana 28 pesan entre 900 y 1.200-1.400 gramos, pero las Unidades de Neonatología de los hospitales españoles están «muy bien dotadas» y «quitando los que tienen una enfermedad congénita grave, o una malformación cerebral o cardiaca, los problemas se solucionan con gran eficiencia».

De hecho, en los prematuros extremos, los que nacen por debajo de esa edad gestacional, la supervivencia en España es igualmente alta y se sitúa en aproximadamente un 65 por ciento. Y de estos, ha reconocido, un porcentaje similar lo harán en condiciones de integridad. «Podrán escolarizarse y llevar una vida plena», ha asegurado.

La clave de todo ello, además de unos buenos equipamientos, está en el «excelente control durante el embarazo» que se realiza en el Sistema Nacional de Salud (SNS), que permite detectar cualquier problema precozmente y remitirlo a los grandes hospitales.

«Cada hospital admite lo que es capaz de resolver y, si no, lo pasa al escalón siguiente», según Vento, que destaca la buena coordinación entre hospitales a la hora de derivar estos casos «a las grandes unidades de Neonatología, donde se concentra una mayor experiencia sobre las patologías y situaciones más extremas que puede haber».

Pese a ello, el presidente de SENeo y la EBN considera que en España debería haber un gran acuerdo a nivel nacional para concentrar los esfuerzos por áreas de población y no por comunidades autónomas, ya que actualmente algunas de ellas no cuentan con sistemas específicos de transporte neonatal.

Asimismo, y aunque en España «cualquier pediatra está debidamente formado para atender recién nacidos», considera necesario que se reconozca la subespecialidad de Neonatología, sobre todo porque hasta un 10 por ciento de los recién nacidos van a precisar cuidados especializados de neonatólogos.

Para ello, ya se está trabajando en un proyecto de acreditación como Área de Capacitación Específica, con una duración de dos años. Y según Vento, que trabaja como jefe de Sección del Servicio de Neonatología del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, esta formación es una necesidad que, además, «no entra en colisión con otras áreas» como puede suceder en otras especialidades.

«Las técnicas que hay que dominar y los conocimientos y experiencia que hay que tener solo se adquiere formándose en las grandes unidades de Neonatología. No queremos que el pediatra no atienda recién nacidos, sino que cuando haya patología muy compleja se encargue una persona debidamente formada para dar garantías de que se van a hacer bien las cosas», ha asegurado.

Además, en su nuevo cargo al frente de la EBN también se encargará de liderar el proceso de armonización de la formación de la subespecialidad en toda Europa, ya que hay «todavía grandes diferencias entre países».

Para ello, el objetivo es diseñar protocolos que sitúen a todos los países a un nivel asistencial homogéneo y de máxima calidad en esta materia, al tiempo que también se acreditarán los centros capacitados para la formación neonatal y la investigación en los países de la Unión Europea.

 

Fuente: http://www.abc.es/sociedad/abci-supervivencia-espana-bebes-prematuros-mas-28-semanas-esta-95-por-ciento-201711271357_noticia.html

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Los niños menores de 3 años son los más sensibles a los efectos nocivos de las radiaciones

 

La exposición solar prolongada provoca efectos nocivos para la salud, como el envejecimiento cutáneo y el cáncer de piel. Un exceso de luz solar puede causar también quemaduras solares y además, puede incrementar la aparición de enfermedades futuras como las cataratas, por ejemplo. Por ello, de igual forma que se protege la piel con crema fotoprotectora, ¿hay que hacerlo con los ojos?¿Y con los de los más pequeños?

Jaime García Aguado, pediatra de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), miembro del grupo de actividades y de alteraciones visuales en la infancia, señala que no hay una edad concreta a la que ponerles a los niños las gafas.

“En general conviene ponerles gafas de sol siempre que vayan a tomar el sol de una manera relativamente importante. Si vamos a ponerles crema protectora convendrá ponerles gafas de sol. Más que de la edad, depende de la intensidad de la exposición al sol. Cuando son chiquitines y están en el carrito con un gorro previsiblemente será suficiente”, sostiene el experto.

 

Eso sí, sí ve conveniente poner gafas de protección solar a aquellos bebés que van a la montaña o a la playa. “Se puede durante un rato corto. No les causan ningún perjuicio, no conviene que estén todo el día y todos los días al sol porque cambia la percepción al color. Es un filtro que para el desarrollo de la visión de los niños. No obstante no siempre que salga a la calle es necesario ponerles las gafas”, apunta.

Este especialista del Centro de Salud de Villablanca (Madrid) especifica que para una situación normal se pueden utilizar unas gafas de categoría tres, mientras que si tiene lugar una exposición intensa conviene una categoría cuatro en los cristales. “Lo que hace es que proteja de los rayos visibles pero es fundamental la protección frente a la radiación no visible. Tienen que tener filtro para la graduación ultravioleta. No depende del precio. No por ser más caras son mejores. Lo que sí es importante es que esos cristales tengan una categoría tres y el filtro para rayos UV”.

Según destaca, es importante cuidar la vista de los más pequeños desde el nacimiento porque se trata de un sentido “fundamental” y con el que las personas se relacionan con el mundo exterior. “Conviene cuidarla para evitar afectaciones futuras. Se sabe que en los adultos mayores la aparición de cataratas u otros problemas de degeneración de la retina están relacionados con la exposición al sol a lo largo de la vida”, alerta el especialista. García Aguado también recomienda seguir las revisiones periódicas del niño, que incluyen un examen de la visión.

Desde la Asociación Española de Pediatría (AEP) subrayan en este sentido que, especialmente los bebés, así como los niños más pequeños y menores de tres años son los más sensibles a los efectos nocivos de las radiaciones. Así, insiste en que deben establecerse conductas de fotoprotección que prevengan la exposición excesiva a las radiaciones solares.

 

Estas precauciones han ser puestas en práctica, no solo en playas, piscinas y estaciones de montaña, sino también siempre que se practiquen deportes al aire libre o se acuda a espectáculos u otras actividades que se lleven a cabo en espacios abiertos. “Conviene ser previsor y pecar por exceso, no por defecto”, avisa.

Por ello, aconsejan igualmente que los menores lleven gafas de sol oscuras, con filtro para rayos UV. “Esto protege la delicada piel que rodea los ojos y previene además el desarrollo precoz de cataratas, así como de la ceguera transitoria en los lugares nevados”, apostilla. En cualquier caso, la AEP ve conveniente que la exposición solar se realice de forma paulatina, aumentando gradualmente el tiempo que se está al sol.

 

Fuente: http://www.laopiniondemalaga.es/vida-y-estilo/salud/2017/05/16/debo-poner-gafas-sol-bebe/930824.html

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Las personas que sufren la enfermedad necesitan de una dieta sin gluten “de por vida”

 

Uno de cada 200 o 250 niños son celíacos. Así lo ha puesto de relieve el pediatra gastroenterólogo del Servicio de Pediatría del Hospital Virgen de la Arrixaca, David Gil, quien ha explicado en declaraciones a Europa Press que se trata de una enfermedad autoinmune, cada vez más diagnosticada, pero aún no suficientemente conocida, que necesita de una dieta sin gluten “estricta y de por vida”.

La enfermedad se conoce desde hace siglos, ha asegurado, “pero su conocimiento más profundo fue en los años 50 cuando se relacionó que las diarreas crónicas se debían a la ingesta del gluten“; sustancia que se encuentra en el trigo, cebada o centeno, y que desencadena una respuesta del sistema inmunitario en la que el propio intestino termina dañado.

 

Así ha querido destacar que no se trata de una intolerancia o una alergia como se cree, “es una enfermedad autoinmune, caracterizada por intolerancia a las proteínas del gluten en individuos genéticamente predispuestos”.

Una enfermedad que “cada vez es más visible porque cada vez es más diagnosticada: antes se diagnosticaba en uno de cada 2.500 o 3.000 niños, ya que los anticuerpos en sangre para detectarlo no estaban disponibles en Atención Primaria y el proceso para su diagnóstico era muy largo y costoso“.

La colaboración entre pediatras y FACE la federación nacional de celíacos (ACMU en Murcia) y su labor divulgativa ha sido una de las causas del aumento en el numero de diagnósticos de los últimos 15 años, ha destacado.

A su entender, esta proliferación de casos también puede deberse en parte al aumento de la frecuencia de las enfermedades autoinmunes en general. “El sistema inmunológico se aburre” como consecuencia del menor número y gravedad de las infecciones en la historia personal de las nuevas generaciones.

A lo que se une “que desde Sanidad se ha hecho un esfuerzo para hacer aflorar los casos con menos síntomas y hacerlo de la forma más precoz posible. Medidas como la edición y difusión en 2008 de un Protocolo para el diagnóstico precoz de la enfermedad celíaca, o la total accesibilidad a las pruebas serológicas en atención primaria, han contribuido a este boom de diagnósticos que parece que hemos sufrido en la última década”.

 

Especialistas

 

De hecho, ahora algunas farmacias disponen incluso de un kit de diagnóstico; al respecto, ha querido dejar claro, que esto es orientativo, que hay que ir al médico y siempre debe ser diagnosticado por un especialista antes de retirar el gluten de la dieta, en especial en los niños.

 

Tras lo que explica que los síntomas generales son las diarreas, la irritabilidad, la falta de peso, los vómitos o el dolor abdominal, pero otros no tan clásicos son el dolor óseo o articular, la anemia crónica, el estreñimiento, los abortos repetitivos y la depresión o no tener, incluso, ningún síntoma en absoluto. Así ha subrayado que una celiaquía no tratada puede derivar en un linfoma intestinal o complicación como la osteoporosis.

“De hecho, hasta un 15 por ciento de los familiares en primer grado de un celiaco pueden tener esta enfermedad, aunque en muchos casos lo hacen sin síntomas o con síntomas leves”. Por eso, además de los padres, hijos y hermanos de un celíaco, la personas pertenecientes a determinados grupos de riesgo deberían realizarse las pruebas aún no teniendo ninguno de los síntomas.

Estos grupos de riesgo son: enfermedades autoinmunes asociadas (psoriasis, vitíligo, dermatitis herpetiforme, artritis reumatoide, diabetes tipo I, tiroiditis autoinmune, enfermedad inflamatoria intestinal…), algunas enfermedades neurológicas o psiquiátricas (epilepsia con calcificaciones, leucoencefalopatía, esquizofrenia), fibromialgia o trastornos genéticos asociados (Síndrome de Down, Síndrome de Turner o Síndrome de Williams).

De tal forma, actualmente uno de cada 200 o 250 niños son celíacos, “se desarrolla en los primeros años de vida y su ventaja es que con quitar el gluten de la dieta del menor, es suficiente, no es necesario medicación”, así, “el 99 por ciento de los afectados responde muy bien”.

En cualquier caso, ha indicado, “la recomendación es la dieta sin gluten de forma estricta y toda la vida”. Conseguir una dieta libre de gluten de una forma garantizada es hoy mucho más sencillo de lo que era hace solo cinco o diez años, entre otras cosas, de nuevo por la labor de FACE, pero también gracias a lanueva normativa del etiquetado de alimentos promovida por la Comunidad Europea y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, el interés de muchos fabricantes y otras nuevas normativas como la que insta restaurantes a informar de los 15 principales alérgenos de cada plato de su carta”.

Para el resto de la población “el consumo habitual del gluten no representa ningún riesgo para la salud y forma parte de una dieta equilibrada y sana como la dieta mediterránea”, ha acentuado.

“Desde nuestra Unidad llevamos años trabajando en la mejora en los procesos de diagnóstico, detección precoz y tratamiento de esta enfermedad y, aunque queda mucho que hacer, el problema de la celiaquía en general ha experimentado una mejoría notable en los últimos años en todos los aspectos gracias al esfuerzo de todos”.

Finalmente, ha resaltado la necesidad de que “este conocimiento llegue a todos los médicos responsables de la atención de estos grupos de población más predispuesta”.

 

Fuente:http://www.laopiniondemalaga.es/vida-y-estilo/salud/2017/05/27/200-ninos-celiaco/933508.html

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Juan Casado empezó trabajando sobre la hipótesis de una bacteria hasta que llegó a las anilinas

 

El pediatra Juan Casado era “un joven médico con muchas ganas” en 1981. Tenía 35 años cuando vivió cómo las urgencias del Hospital del Niño Jesús de Madrid, un centro especializado en atención infantil, se llenaban de niños con una rara enfermedad. “Los recibíamos con sarpullidos, con fiebre”. Eran víctimas de lo que luego se supo que era un desvío para consumo humano de aceite de colza desnaturalizado destinado a un uso industrial. Aunque la historia demostraría que los niños eran de los menos afectados, fue precisamente un chico de ocho años, Jaime Vaquero García, de Torrejón, la primera de las víctimas de lo que se denominó neumonía atípica o síndrome tóxico.

Pero ese no fue el primer nombre. Cuando los hospitales empezaron a llenarse de afectados, lo primero en lo que se pensó fue en una legionela, porque en el esputo de un afectado encontraron la bacteria correspondiente. “Más tarde, en una necropsia, encontraron Micoplasma neumónica, y la versión oficial fue que se trataba de una neumonía”, añade.

En apenas las primeras semanas de mayo, Casado vio a 232 niños con la enfermedad. El hospital se colapsó. “Hubo que cerrar los quirófanos, y usarlos para alojar a los niños”, cuenta el pediatra. “Durante aquellas cinco semanas, prácticamente viví en el hospital”, recuerda. Y es que algo no encajaba. “Aquel diagnóstico de neumonía despistó mucho”, afirma. El Ministerio de Sanidad estableció que se tratara con un antibiótico, eritromicina, pero los pacientes no mejoraban.

Casado, que era entonces miembro del equipo que dirigía Juan Manuel Tabuenca, empezó a experimentar por su cuenta. “Probamos a usar otro antibiótico, otros fármacos, pero nada”, relata.

Había sobre todo dos cosas que no cuadraban con la idea de una infección. La primera, la distribución de los casos. “Enfermaban en una vivienda, y en otra no; y en la que lo hacían, muchos niños no enfermaban”, dice el pediatra. “Los microbios no se transmiten así”, afirma. Además, había una cuestión bioquímica: los afectados tenían muy altos los linfocitos eosinófilos, que se asocian a alergias o parásitos. “Pero hubo que descartar que, estando en mayo, no estábamos viendo una reacción alérgica en los eosinófilos”. Comparando con datos de otros años y personas sanas lo descartaron. “Aproximadamente al mes ya teníamos claro que no se trataba de un microbio”, afirma.

Aquella convicción acababa con la famosa teoría del “bichito que si se cae de una mesa se mata” del ministro de Sanidad, Jesús Sancho Rof. Pero no daba una respuesta.

Con la idea ya de un tóxico en la cabeza, empezaron a buscar alimentos que los niños, los menos afectados, no consumían. Fueron días de confusión. Se habló de las hortalizas, los tomates, el agua. “Nosotros pensamos en las conservas de pescado”, admite Casado.

La solución fue sistematizar la búsqueda. “Hicimos una encuesta sobre consumo de más de 300 productos que pasábamos a todo el que venía el hospital”. Y la conclusión fue una: “Había una relación con un aceite que vendían en mercadillos y a domicilio en una garrafa con un tapón rojo”. Esto daba un aspecto social a la búsqueda. “La mayoría de los casos se daba en barrios y pueblos de la periferia de Madrid; hubo muy pocos en el centro”, recuerda Casado. Eso cuadraba con la distribución anómala de los afectados.

Con esos datos, Casado y su equipo fueron al Ministerio de Sanidad. Él cuenta que el secretario de Estado. Luis Sánchez-Harguindey, al principio no le hizo caso. “Le dije que o emitía una alerta o convocaba yo una rueda de prensa”, afirma Casado. Esa noche hubo un comunicado advirtiendo contra el aceite a granel.

Los siguientes pasos fueron fáciles. Las garrafas se enviaron a analizar al laboratorio de Aduanas, y se encontró anilina “que se añadía al aceite de colza para que no fuera apto para el consumo humano y que en ensayos animales producía un cuadro similar”. El círculo quedó cerrado. “Fue todo un proceso deductivo de unos médicos jóvenes que tenían mucha ilusión”, resume el médico el caso.

 

Fuente: https://politica.elpais.com/politica/2017/03/29/actualidad/1490805561_407301.html

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Se ha cerrado el plazo de inscripción en el 8 Symposium de Enfermería por ocupación de todas las plazas.

Ya se han mandado las notificaciones de los admitidos/as en los diferentes talleres.

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Con el comienzo de las clases, el hacinamiento en algunos casos y las relajadas medidas de higiene hacen que mocos y fluidos circulen a sus anchas por el aula

 

Ya está aquí el inicio del periodo escolar, para mí como pediatra y supongo que para maestros y docentes el año empieza ahora y no el 1 de enero. Con la apertura de aulas empiezan, no solo los problemas con libros y uniformes, llantos a la entrada y separaciones dolorosas, también el reencuentro con amigos y enemigos. Entre estos últimos están nuestros denostados virus. Con el comienzo de las clases, el hacinamiento en algunos casos y las relajadas medidas de higiene que mantienen los menores hacen que mocos y fluidos circulen a sus anchas por el aula, permitiendo que los virus empiecen a disfrutar de su ambiente deseado.

El verano actúa como un reset casi completo, pues si vimos un duro invierno de catarros y gripes, la primavera acrecentó los cuadros con asmas, alergias, neumonías y anginas bacterianas. Durante el cierre de las clases y el pasar más tiempo en la calle, campo y playa hicieron que los procesos habituales de los pequeños disminuyeran de manera drástica, modificándose el patrón de consultas, lo que fueron toses y mocos en verano eran picaduras y brechas.

El reinicio de la enfermedad banal de los mocosos lleva implícito el uso y abuso de todo tipo de medicamentos, antibióticos incluidos, como muy bien dice el doctor Andrade en su carta a raíz de un artículo mío sobre antibióticos: “El problema de los tratamientos con antibióticos en pediatría de cuadros catarrales, otitis, bronquitis y bronquiolitis, etc. es complejo y para nada sencillo, tanto por la mala educación sanitaria de la población como por nosotros mismos profesionales que estamos inmersos en este mundo, socialmente medicalizado y en el que es sistema de salud es totalmente abierto a todo y para todo.”

Esa barra libre que hay para el acceso a la consulta y esa medicalización donde todo parece necesitar un remedio, hace que para el profesional saturado sea más fácil y rápido tirar de receta de antibióticos, que podría no hacer falta, en vez de recitar al paciente en unos días para ver cómo evoluciona.

Como bien señala Andrade en su carta, los padres demandan inmediatez, el nene debe curarse cuanto antes, no quieren estar dos o tres días con un catarro sin hacer nada, faltando a clase y al trabajo, si no hay con quien dejarlo, y eso nos puede pasar a nosotros también.

Siguiendo su análisis comenta en su párrafo central: “La realidad, es un circuito que consiste en lo siguiente: consulta de la madre o padre a pediatra, por la mañana, tratamiento sintomático, con evolución de tres o cuatro días, a las 12-24 horas en la persistencia de síntomas, acude a urgencias de Atención Primaria u Hospitalaria, de nuevo se procede a exploración y mantenimiento de diagnóstico, y de nuevo consejo de tratamiento sintomático, a las 24 horas, acude nuevo a su pediatra o de nuevo a urgencias, si mantenemos la cordura, el proceso catarral, acaba con tres o cuatro consultas médicas con dos o tres profesionales diferentes, que en el supuesto haya sido todo académico, no habrán prescrito antibióticos. El tratamiento antibiótico, ejerce un efecto psicológico sedante a los padres, que hace que les ceda la ansiedad y efectivamente aguanten al enfermito en su domicilio hasta su curación. Eso ¿es malo?, es malísimo, pero en nuestra sociedad medicalizada hasta la extenuación, es un factor a tener en cuenta, y no podemos ceder a una realidad que hemos creado, no solo los profesionales, sino todos… Hasta que nuestros responsables políticos no usen todas las armas de comunicación para culturizar a la población en un tema como es el sanitario, no tendremos remedio”.

Aquí tengo que discrepar del análisis y de la receta propuesta, que la situación que describe es real, frecuente y conocida no lo voy a discutir, es nuestro pan de cada día, consultas abarrotadas con tontinaderías, permítaseme el término sin querer ofender a nadie, y urgencias hospitalarias sobrecargadas con asuntos banales o que podrían esperar y ser vistas por su médico de atención primaria, pero aun siendo cierto, el tratamiento antibiótico no puede ser en ningún caso un ansiolítico administrado al niño para apaciguar a unos padres demandantes.

No podemos como profesionales caer en el uso de placebos o pseudociencias y mucho menos de antibióticos como tapabocas por sentirnos nosotros sobrepasados, quemados o presionados por el entorno, no es ético, nuestra responsabilidad es con el menor y debemos contemplar su infancia actuando de una manera lo más respetuosa posible y eso implica no hacer o dejar de hacer cosas por presiones externas inadecuadas y mucho menos porque nuestro entorno laboral no sea el adecuado, entrando en un círculo donde nos sentimos maltratados y sin darnos cuenta maltratamos nosotros también y encima al más débil.

No estoy tampoco de acuerdo en cargar culpas a los responsables políticos que, si bien no hay una inversión en educación para la salud, y los presupuestos para primaria cada vez son menores a costa de gastar en un modelo hospitalocentrista cada vez más hipertrofiado y privado, no es más cierto que la responsabilidad debe empezar en nuestro entorno. No solo las cuentas macroeconómicas y grandes presupuestos tienen la culpa de todo, nuestro micromundo, nuestro entorno de cinco metros alrededor es nuestra responsabilidad y de nadie más. Cómo concluyamos una entrevista clínica, cómo desarrollemos esos cinco minutos que tenemos y que ojalá fueran más, cómo actuemos en educación para la salud en nuestra comunidad, tiene más valor en el día a día que cualquier reivindicación a la cúpula directiva que podamos hacer, que también.

Todo lo que se puede leer sobre antibióticos últimamente nos encamina a un desastre, bacterias superresistentes a todo, antibióticos que dejan de funcionar, uso inadecuado y abuso por doquier colocándonos a la cabeza de Europa en su mal control y no digamos ya en la infancia donde la situación es abusiva. En los últimos días, he podido leer estudios donde la responsabilidad de las resistencias no está tanto en el esos tratamientos interrumpidos que tanto regañamos a los pacientes porque no cumplen el periodo indicado, no está tanto en tomar dos días y dejarlo porque ya me encuentro mejor, el problema real puede ser el uso excesivo para cuadros que no lo precisan, la mayor parte de la veces por indicación inadecuada del profesional o también por automedicación, las farmacias no son pocas las que venden sin receta o adelantan el tratamiento, esas pastillas que le sobraron a la vecina y que le fueron tan bien o las que guardó del año pasado cuando pasó algo parecido. También se culpa a los tratamientos indicados correctamente, pero excesivamente prolongados, como se viene demostrando y que habría que replantear cuando una otitis se cura en cinco días iguales que con un tratamiento de 10 o una amigdalitis con dos o tres días de medicación.

En cuestión de antibióticos no es cuestión solo de echar la culpa a los que presionan al médico para que se los recete porque creen que sin ello no mejorarán o se curarán antes. La carta del colega Andrade me hace replantearme y mirarme el ombligo ¿Qué hago yo en cuestión de política de antibióticos? ¿Qué hago en mi día a día, además de quejarme de lo que hace tal responsable político o de las presiones de las farmacéuticas?

Aunque tenga 40 citados ¿soy capaz de perder unos minutos para explicar que no le voy a mandar antibiótico porque no le hace falta? ¿Soy consciente en todo momento de que si un producto, medicamento o placebo, no hace falta, tan solo puede hacer daño al niño?

 

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/08/24/mamas_papas/1503564201_541536.html