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Esther Serrano, de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria, explica los numerosos beneficios de fomentar la lectura en los niños pequeños

 

 

¿Qué beneficios supone para un niño tener un hábito de lectura?

 

Los beneficios de la lectura se inician desde la época de lactante y se extienden a lo largo de nuestra vida, abarcando aspectos de nuestro desarrollo intelectual, personal, afectivo y social, con distintos matices dependiendo de cada edad y momento.

En la época de lactantes la lectura beneficia el establecimiento de un vínculo familiar estable y también su desarrollo psicomotor.

La lectura durante toda la infancia, es un estupendo método para mejorar su aprendizaje, desarrollo y maduración, así como también para mejorar la dinámica de las relaciones familiares. Las investigaciones actuales confirman que el hábito de leer en familia favorece el desarrollo del vínculo afectivo entre padres e hijos. Los niños que están acostumbrados a leer o a que les lean, adquieren más fácilmente el vocabulario y las capacidades para el desarrollo del lenguaje. Se sentirán más seguros en el colegio tanto en la lectura como en el habla ante sus compañeros. También hay algunos estudios que demuestran que la lectura favorece las relaciones sociales con amigos y conocidos.

Por otro lado, algunos tipos de lecturas pueden ayudar a los padres a solventar o abordar problemas que van surgiendo en el desarrollo personal de sus hijos (por ejemplo cuentos para tratar temas como el control de esfínteres, el miedo a la oscuridad, los celos a sus hermanos,…)

Los estudiantes que leen tienen mejor rendimiento y mejores habilidades de expresión, lectura y lenguaje. Además aumenta su capacidad de concentración, de análisis y de interpretación de los textos.

Pero además, los beneficios de la lectura durante la infancia también alcanzan e influyen en lo que será nuestra vida adulta. Un cerebro activo funciona mejor y más rápido. Se sabe que mientras leemos estimulamos las conexiones entre neuronas sobre todo del hemisferio izquierdo del cerebro que está implicada en la producción y comprensión del habla y del lenguaje. También se estimulan otras áreas como la retina y la corteza cerebral visual del lóbulo occipital del cerebro. Según estos últimos estudios, la lectura también aumenta la llamada “reserva cognitiva”. Leer retrasa y previene la pérdida de la memoria. Es un factor de protección de las enfermedades neurodegenerativas. Es decir, establecer el hábito de leer en los niños, igual que otros hábitos saludables, nos proporcionará beneficios añadidos en la vejez.

También tienen beneficios para los niños con discapacidades de cualquier tipo. Como todos los demás, tienen el derecho a acceder a la lectoescritura (con métodos por supuesto adaptados a la discapacidad específica) como herramienta fundamental para el aprendizaje, la comunicación y el ocio.

 

¿Cuáles son las recomendaciones básicas para que los padres consigan que a los niños les guste la lectura?

 

—Leerles desde pequeños haciendo de la lectura un momento de disfrute en familia

— Si crecen viéndonos leer, lo verán como algo cotidiano y normal

—No plantear la lectura como una obligación sino como un momento de relajación y disfrute

—Respetar sus preferencias y gustos. Que elijan sus historias. No criticar sus gustos según nuestros criterios propios. Respetar sus intereses

—Estemos siempre dispuestos a echarles una mano, a compartir con ellos lecturas, unas veces más próximos, otras más discretamente, en segundo plano.

—Animarles a leer y a contarnos sus experiencias con la lectura. El debate después de leer el libro también es un momento que compartir.

—Leed en voz alta. Todos los miembros de la familia. No les debemos corregir continuamente, no importa que se equivoquen. No está en el colegio. En ese momento lee para pasarlo bien.

—Proponerles escribir un diario cuando tengan edad para ello. Animarles a escribir.

—Plantearse utilizar la lectura como un premio o recompensa a sus buenos comportamientos, además de otras actividades que con frecuencia utilizamos.

—Contarles cuentos e historias

—Podemos suscribirnos a revistas infantojuveniles o inscribirnos en una biblioteca para acceder de forma más fácil a los libros en casa. Que los vean como parte habitual de la casa.

—En el momento en que vivimos, hay que desterrar la idea de que sólo se lee en papel. Los jóvenes están acostumbrados y “fascinados” por todo lo digital. Sus gustos son distintos y hay que aprovechar al máximo estos recursos para introducir la lectura entre sus hábitos de ocio ( cómics, recursos online, TV, cine…). Lo importante es ayudarles a encontrar buenas historias que leer, independientemente del formato que sea (tablets, libros electrónicos…) Y probablemente con el tiempo, una vez establecido el hábito de leer, también lo hagan con libros impresos.

 

¿Cuáles son los errores más habituales de los padres?

 

—Obligarles a leer contra viento y marea. Sustituir el tiempo de otras aficiones por la lectura. La lectura debe ser una afición más y hay que encontrar su tiempo entre las rutinas diarias. No debe ser sólo una tarea escolar más.

—Imponerles las lecturas que nos gustan a los padres y criticar las que ellos prefieren por considerarlas poco útiles.

—No tener en cuenta la edad y maduración de los niños. A cada edad les interesaran y agradaran más determinados tipo de historias.

—Empeñarnos en excluir las nuevas tecnologías frente a la lectura tradicional. Hay que compatibilizarlas y aprovechar las posibilidades que nos ofrecen estos recursos.

—Corregirles continuamente si no leen perfectamente.

—No compartir la lectura con ellos. Siempre encontraremos algo que lo justifica: «alta de tiempo, cansancio, ya es tarde…».

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Si van al extranjero hay que asegurarse de que tienen sus vacunas en regla, la tarjeta comunitaria y un seguro de viaje.

 

Antes de irse de vacaciones en verano es importante planificar el viaje con tiempo. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria(AEPap) recomienda leer el «Decálogo del Niño viajero», un documento que recoge las diez normas básicas a tener en cuenta antes de viajar para disfrutar al máximo de la experiencia.

Entre las recomendaciones más destacadas:

— Resalta la importancia de informarse acerca de las vacunas necesarias. Ante un viaje internacional resulta fundamental asegurarse de que nuestros hijos tienen todas las dosis de vacunas correspondientes para su edad. Pero hay otras vacunas que pueden ser necesarias según el destino: fiebre amarilla, hepatitis A, fiebre tifoidea, cólera… Se trata de completar el número de dosis adecuadas en el mínimo tiempo posible antes del viaje.

— También es recomendable preparar y llevar un botiquín en el que guardar cosas tan básicas como un termómetro, tiritas, suero oral o ibuprofeno.

— La protección frente al sol es imprescindible, sobre todo en los más pequeños. No se pueden olvidar de las cremas con protección contra los rayos ultravioleta, cremas para después de la exposición solar, gafas de sol y gorras o sombreros.

— Además, pueden necesitar la tarjeta sanitaria europea o un seguro de viaje si van a salir al extranjero.

— Es esencial protegerse de los mosquitos que transmiten enfermedades como dengue, zika o malaria.

La serie de decálogos de la AEPap, que entre otros incluye el del niño viajero, consiste en un conjunto de documentos sobre temas relevantes y útiles para los padres en el ámbito de la educación y promoción de la salud, el manejo de la fiebre, la promoción de una alimentación sana, las vacunas, accidentes en la infancia, uso de antibióticos, etc. Familia y Salud.

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El Hospital Infantil Niño Jesús ha puesto en funcionamiento la nueva aplicación para la valoración de los pacientes de pediatría

 

La aplicación «PainAPPle» ha sido desarrollada a través de la Fundación para la Investigación Biomédica del Hospital Niño Jesús. Gracias a ella se espera facilitar el proceso de valoración del dolor en los pacientes más jóvenes a través del juego.

Esta tecnología integra las escalas de dolor, que de manera habitual se le facilitan al paciente por medios tradicionales, y se las hace llegar a través de aparatos electrónicos.

El funcionamiento consiste en proporcionarle al niño dichas escalas de dolor de una manera que le parezcan más atractivas. Se incluyen aspectos como «emoticonos e interacción con el juego» para que el menor complete su valoración. Además, tras su finalización el niño será premiado con «un juego que le permite decorar su perfil como paciente en la propia aplicación» explica Ernesto Martínez, doctor responsable de la app y del Servicio de Anestesia y Reanimación del Hospital.

La aplicación permite además «valorar los efectos secundarios» añade Ernesto, aquellos que se pueden producir por el tratamiento tras la intervención. El niño completa el juego en el dispositivo informático y sus resultados se traducen en forma de tablas y gráficos que permiten que la enfermera, el doctor o incluso los padres sepan el nivel de dolor,calificándolo en leve, moderado o severo. De aquí los datos pasan a las escalas oficiales validadas según su edad para orientar a los médicos sobre la situación del menor.

Si los niños que aún no tienen capacidades comunicativas sufren algún tipo de dolor intenso puede provocar que en un futuro tengan menos resistencia a situaciones de dolor agudo, este fenómeno se conoce como hiperalgesia.Por lo que con esto se pretende conseguir una comunicación con los niños preverbales.

«PainAPPle» ya se ha puesto en marcha de manera satisfactoria, y aunque de momento solo es para pacientes con dolor postoperatorio, sobre todo de operaciones ortopédicas o cirugías óseas, no se descarta ampliarlo a otros campos de la pediatría.

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La escuela supone un importante foco de contagio de virus

 

Los colegios son importantes focos de contagio de virus, por lo que durante el inicio de las clases se pide a los padres que extremen las precauciones en cuanto a la higiene de sus hijos. Aunque muchas de las enfermedades que los niños contraen en las escuelas no son realmente peligrosas y son muy comunes, por lo que no es necesario comunicarlas en el centro escolar para que el resto de padres lo sepan. En muchos casos simplemente bastará con dejar al niño en casa hasta que muestre una mejoría o extremar la higiene y precauciones para que no se produzca contagio de las siguientes dolencias:

— Gastroenteritis: es realmente frecuente en los primeros años de colegio. Se caracteriza por una fiebre alta, vómitos y diarrea y es fácil de contagiar vía fecal-oral, aunque es provocada por el rotavirus, algo para lo que ya se cuenta con vacuna. La mejor manera de tratar un caso de esta enfermedad es mantener una correcta hidratación y una dieta que ayude a prevenir la diarrea, aunque en casos extremos se podrán recetar antibióticos.

— Otitis: es una inflamación del oído medio muy común en los niños pequeños, ya que sus trompas de Eustaquio tienen diferentes medidas a las de los adultos. Suele ir acompañada de fiebre y acumulación mucosa, aunque en muchas casos no suele durar más de tres días si recibe un tratamiento con gotas antiinflamatorias adecuado.

— Roseola: el niño va a mostrar fiebre realmente alta, que en algunos casos podrá llegar hasta los 40.5º C. A los pocos días comenzará a aparecer un enrojecimiento de la piel, en forma de pequeños lunares, y que ocupará tronco y extremidades. Este erupción cutánea no provoca picores y tan solo durará alrededor de una semana. Otros síntomas que se suelen apreciar son la acumulación de mucosa, enrojecimiento de los ojos y dolor de garganta.

— Conjuntivitis: se trata de una inflamación de la parte interna del párpado y la membrana que envuelve al ojo. El síntoma principal es la irritación que provoca una secreción de lágrima continua con la finalidad de limpiar la cuenca del ojo, aunque algunas veces pueden aparecer legañas provocadas por estas lágrimas. Por lo general, si se trata adecuadamente con colirios que contengan antibiótico no suele durar más de una semana.

Lo que sí se debe comunicar en el centro escolar

 

Entre muchas otras enfermedades un poco más graves que las mencionadas anteriormente, la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria quiere destacar las siguientes:

— Piojos: son unos parásitos que viven en el cuero cabelludo y crean molestias como picores. Independientemente de las cualidades de la persona que se infecte suelen preferir un cabello limpio.

— Meningitis: se trata de una inflamación de las meninges, que se caracteriza por fiebre, náuseas, vómitos, cuello rígido y dolores de cabeza. En caso de ser necesario se podrá tratar con a través de antibióticos.

— Sarampión: una enfermedad muy contagiosa que provoca picazón y zonas con rojeces. Además también suele presentar fiebre, dolor muscular y dolores de garganta, entre otros síntomas. Para prevenir esta enfermedad existe una vacuna, aunque la gente que ha sufrido una vez su contagio no vuelve a repetirlo.

— Paperas: es una inflamación de las glándulas salivales y suele estar causada por un virus que se transmite a través del contacto con fluidos respiratorios. Suele causar dolor e inflamaciones en la zona del rostro, la cabeza y la garganta y fiebre. Para evitar que el niño empeore será recomendable mantener una dieta en alimentos blandos.

— Varicela: es un virus contagioso en el que aparecen sarpullidos compuestos por ampollas y que crean fuertes sensaciones de picor. Además, el enfermo también puede presentar fiebre y dolores de cabeza y estómago. Lo principal será mantener al niño lo más cómodo posible y evitar que se rasque en las zonas afectadas por el sarpullido, que utilice ropas que no causen roces y que tome baños con agua tibia que le ayudarán a aliviar los picores. También se puede contar con ciertos medicamentos recetados por especialistas.

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Los hábitos alimenticios de los menores españoles dejan mucho que desear

 

Cada vez es más común ver a niños pequeños que comen mientras ven la televisión o manipulan una pantalla táctil. De hecho, según el V Estudio CinfaSalud, avalado por la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), el 71% de los pequeños españoles acostumbran a alimentarse entretenidos de esta manera. El dossier revela, además, que los menores con este hábito sufren de mayor sobrepeso u obesidad que los que no lo tienen. Como recuerda el doctor Cristóbal Coronel, secretario y miembro del grupo de trabajo de Nutrición y patología gastrointestinal de la SEPEAP, «el teléfono móvil, la televisión y cualquier tipo de pantalla táctil deben aparcarse durante la comida, porque impiden disfrutar de las texturas y sabores de los alimentos. Además, no permiten la conversación familiar y anulan cualquier posibilidad por parte de los progenitores de inculcar a sus hijos hábitos saludables a la mesa».

 

Percepción equivocada del peso de los hijos

 

De acuerdo a los datos ofrecidos por los españoles encuestados respecto al peso y altura de sus hijos, en base a los cuales se ha calculado el IMC (Índice de Masa Corporal) de los menores, el estudio CinfaSalud revela que la percepción de los padres y madres respecto al peso de sus hijos no se corresponde con la realidad en cuatro de cada diez casos (42,3%), y que el 13,1% no tiene conciencia del sobrepeso u obesidad reales de su niño o niña. De acuerdo al doctor Coronel, «el desconocimiento de esta situación puede suponer un riesgo para la salud de los hijos, ya que los progenitores no toman las medidas necesarias para que recuperen su Índice de Masa Corporal idóneo».

De hecho, aunque perciban que su hijo o hija no se encuentra en su peso normal, cuatro de cada diez (43,1%) padres y madres no toman medidas al respecto. En cambio, el 40,3% lo lleva al pediatra o al médico de familia, el 3,9%, a un nutricionista y uno de cada diez (12,7%) lo pone a dieta por iniciativa propia sin consultar a un profesional, una medida que, según el experto de la SEPEAP, “puede también entrañar riesgos para la salud del menor”.

 

Desayuno incompleto

 

De acuerdo al estudio, los menores de nuestro país no siempre siguen hábitos nutricionales saludables en el hogar. En primer lugar, ocho de cada diez niños y niñas españoles (82,8%) no desayunan correctamente. Como explica González Zorzano, «esta primera comida proporciona al menor la energía necesaria para afrontar la primera parte de la mañana y contribuye al rendimiento escolar, por lo que debe cubrir al menos entre el 20-25% de las necesidades nutritivas de los niños. Por esta razón, es crucial que los padres y madres conozcan qué alimentos no pueden faltar en un desayuno completo y equilibrado». Idealmente, este debe contener un lácteo, un cereal y una fruta, pero la investigación revela que solo uno de cada diez niños y niñas españoles toma fruta en el desayuno (11,7%) y que únicamente el 17,6% bebe zumo natural.

Por otra parte, en el almuerzo, uno de cada diez (12,2%) menores españoles toma bollería industrial, a pesar de las advertencias de los expertos, que aconsejan comer a media mañana una pieza de fruta de temporada, un yogur o un bocadillo de queso u otro equivalente lácteo. El bocadillo sigue siendo el alimento preferido tanto en los almuerzos (el 73,1% lo toman) como en las meriendas (70,8%).

 

Mucha carne y poco pescado

 

Respecto a los alimentos que ingieren los escolares españoles, más de la mitad (51,9%) consume carne entre cuatro y siete ocasiones a la semana, aunque los expertos aconsejan hacerlo entre una y tres veces. Solo uno de cada cinco niños y niñas (21,3%) toma pescado con la frecuencia recomendada -más de tres veces a la semana-, mientras que tan solo uno de cada diez (12,1%) come verdura en más de siete ocasiones semanales, como indican los nutricionistas. Además, solamente el 30,3% toma fruta con esta misma frecuencia.

Como advierte González Zorzano, «los hábitos de los escolares españoles se alejan cada vez más de nuestra dieta mediterránea y de muchos de los alimentos que la componen, como el pescado, las frutas y las verduras, el yogur y los frutos secos. En esta dieta, están incluidos todos los grupos de alimentos en las dosis que recomienda la pirámide alimentaria, por lo que aporta la cantidad de energía y nutrientes necesarios para un correcto desarrollo físico e intelectual. En cambio, es cada vez más frecuente por parte de la población infantil el consumo de carne, dulces y comida rápida».

Así lo confirma el dato de que tres de cada cuatro niños y niñas españoles (74,5%) toman chucherías alguna vez a la semana, mientras que solo uno de cada cuatro (25,5%) cumple con las recomendaciones de los nutricionistas y no las come nunca. También el consumo de comida rápida por parte de la población infantil sigue siendo preocupante, dado que, según el «V Estudio CinfaSalud», ocho de cada diez escolares españoles (82%) consumen comida rápida al menos una vez al mes, a pesar de su escasa calidad nutricional.

 

Nueve de cada diez niños no duermen suficiente

 

Por otra parte, nueve de cada diez (93,1%) hijos de los españoles encuestados no duermen las diez horas diarias recomendadas por los expertos, a pesar de que diversos estudios indican que la falta de horas de sueño puede estar relacionada con el aumento del sobrepeso y la obesidad, además de afectar al rendimiento físico e intelectual.

De acuerdo al informe, los escolares españoles tampoco dedican el tiempo suficiente al ejercicio físico, que contribuye a equilibrar el consumo y el gasto energético: casi la mitad de los hijos e hijas de encuestados (45,7%) destina como mucho dos horas a la semana a actividades físicas extraescolares, mientras que uno de cada diez (13,6%) no asigna ni siquiera una hora a este tipo de actividades. Además, el estudio revela que los niños y niñas con un peso normal dedican más tiempo al ejercicio, ya que el 55,4% lo practica más de dos horas a la semana, frente al 51,4% de los niños obesos.

 

Solo el 37,3% de los padres españoles come habitualmente con sus hijos

 

Como recalca el doctor Coronel, «la educación y la supervisión de los padres y madres, que deben predicar con el ejemplo, juega un papel fundamental a la hora de lograr que un niño siga una dieta variada y equilibrada». Sin embargo,solo el 37,3% de los progenitores españoles come habitualmente con sus hijos (diez o más comidas semanales), mientras que el 28,6% de los encuestados realiza con ellos menos de una comida o cena al día. Además, el 17,4% de los padres y madres no come habitualmente lo mismo que sus hijos e hijas a la hora de la comida o la cena.

En cambio, casi todos los progenitores participantes en la encuesta consideran fundamental el papel de los colegios en este aspecto, pues el 94,6% piensa que es necesario que se organicen actividades de educación nutricional en los centros escolares, aunque solo uno de cada dos (51,9%) afirma saber que su hijo o hija recibe esta formación.

A la hora de informarse sobre hábitos de alimentación saludable en edad infantil, dos de cada tres padres y madres encuestados dicen acudir al pediatra (66,1%), mientras que el 22,8% recurre a sus familiares y amigos. Internet es la tercera fuente de información preferida (22,4%), seguida del médico de Atención Primaria (13,9%).

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Demostrada la capacidad de inmunización de una nueva vacuna viva atenuada frente al virus respiratorio sincitial (VRS) en roedores

 

El virus respiratorio sincitial (VRS) es un paramixovirus causante de infecciones en el tracto respiratorio de pacientes de todas las edades. Un VRS que, sobre todo, es responsable de la bronquiolitis, infección respiratoria aguda que padecen hasta un 80% de los niños de nuestro país durante sus primeros dos años de vida. El problema es que esta bronquiolitis, si bien suele cursar con síntomas leves en gran la mayoría de los casos –por lo general se acompaña, cual catarro común, de tos, exceso de mucosidad, congestión nasal y fiebre baja–, puede resultar muy grave, e incluso mortal, en determinados grupos de riesgo, caso de los menores de dos años que han nacido de forma prematura o tienen síndrome de Down, una cardiopatía congénita o una enfermedad pulmonar crónica. Todo ello sin olvidar que hasta una de cada cuatro consultas por bronquiolitis acaban en la hospitalización del bebé. Sin embargo, aún a día de hoy no existe una vacuna para el VRS. O así ha sido hasta ahora, dado que investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory en Atlanta (EE.UU.) podrían haber dado con la clave para lograr la ansiada vacuna frente a este virus.

Como explica Martin Moore, director de esta investigación publicada en la revista «Nature Communications», «nuestro trabajo demuestra que es posible atenuar el VRS sin perder ninguna inmunogenicidad. Así, hemos desarrollado una vacuna viva atenuada muy prometedora que merece ser evaluada en ensayos clínicos con seres humanos».

 

Buscar el equilibrio

 

En el último medio siglo se han desarrollado numerosos estudios con el objetivo de hallar la manera de prevenir la infección por el VRS y, en consecuencia, la bronquiolitis en bebés. Y para ello, los investigadores han tratado de desarrollar una vacuna viva atenuada frente al VRS, es decir, una vacuna en la que el virus se encuentre atenuado –esto es, debilitado– para que no sea capaz de causar la enfermedad pero, asimismo, provoque una respuesta inmune  confiera protección –o ‘inmunidad’– al paciente frente a una posible infección por el virus.

 

A día de hoy hay muchos ejemplos de vacunas vivas atenuadas, caso de las del sarampión, la poliomielitis o la gripe –si bien esta última debe ser ‘actualizada’ cada año dada la gran capacidad de mutación del virus–. Sin embargo, no hay ninguna viable para el VRS. Y esto, ¿por qué es así? Porque todos los trabajos para lograr desarrollar un virus atenuado han resultado infructuosos: o bien el virus no se encontraba lo suficientemente debilitado, lo que acaba provocando la enfermedad –que además resultaba más grave que la causada por la infección natural–, o bien estaba tan ‘atenuado’ que no era capaz de estimular una respuesta inmune. Es decir, nunca se ha alcanzado el necesario equilibrio.

Como refiere Martin Moore, «alcanzar el equilibrio supone un auténtico reto. El debilitamiento del VRS por pasajes seriados en cultivos celulares no ha funcionado de manera satisfactoria. Además, y por lo que respecta específicamente al VRS, el virus natural tampoco induce una gran inmunidad por sí mismo».

Entonces, ¿qué han hecho los investigadores del nuevo estudio para lograr este equilibrio? Pues han diseñado un VRS en el que han potenciado la producción de una proteína –la proteína ‘F’, de ‘fusión’– que juega un papel clave en la capacidad del virus para entrar e infectar a las células del huésped. Y para ello, han inducido mutaciones en el gen viral que codifica la proteína F, lo que además ha posibilitado que el virus sea más estable con respecto al calor –un aspecto importante de cara a la producción, distribución y almacenamiento de la vacuna.

 

Lista para su evaluación en humanos

 

Evidentemente, la clave para el desarrollo de una vacuna atenuada no es fortalecer el virus –como sucede, en este caso, con la potenciación de la producción de la proteína F–, sino debilitarlo. Así, los autores también han eliminado o atenuado distintos genes implicados en la promoción de la infección o en la supresión del sistema inmune. Es más; también han ‘reescrito’ algunos de los genes del virus para evitar que pueda mutar a su forma original. El resultado es la nueva cepa ‘OE4’, que ha demostrado una gran capacidad a la hora estimular la producción de anticuerpos por el huésped.

Los análisis por microscopía electrónica han constatado que la cepa OE4 se comporta de manera similar al VRS natural –con la excepción de una producción de mayores niveles de proteína F y de menores niveles de una proteína denominada ‘G’–. Pero, ¿es realmente eficaz? Pues sí, cuando menos en modelos animales –ratones y ratas algodoneras–, en los que se observó una protección total frente a sucesivas infecciones por el VRS natural.

Como concluye Martin Moore, «el próximo paso será producir un lote clínico de la vacuna y desarrollar un estudio en Fase I para evaluar su seguridad y eficacia en bebés».

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¿Su hijo se hace pis de noche ? La enuresis nocturna, que así es como se llama en Medicina este asunto, es para muchos padres un quebradero de cabeza. El pediatra Javier Cerero nos explica por qué ocurre, y cómo solucionarlo. «Te imaginas no ir al cuarto de baño de 10 de la mañana a 6 de la tarde, ocho horas seguidas?», pregunta este doctor. «¿Verdad que no? Y, sin embargo, te parece normal dormir esas horas seguidas sin levantarte para hacer pis. ¡Sorprendente!».

«Bueno -prosigue- pues eso ocurre porque de noche, mientras duermes, se segrega una hormona que hace que se reabsorba toda el agua posible que exista en la orina. Se llama “Hormona Antidiurética”. Y concentra la orina una barbaridad». «Por eso es más oscura la primera orina según te levantas. Y es la responsable de que se produzca mucha menos orina mientras duermes», añade. La vejiga, continúa el doctor Cerero, «es un músculo, y cuando se llena se contrae automáticamente de manera muy fuerte. Y eso produce intensas ganas de hacer pis. Que lo hagas o no depende que seas capaz de cerrar la llave de paso: el esfínter voluntario».

 

¿Qué le ocurre a los niños que se hacen pis?

 

Bueno, pues según este doctor a los niños que se hacen pis de noche les pasan tres cosas:

1) No segregan hormona antidiurética. Por tanto, no concentran la orina y siguen fabricando muchísima orina de noche.

2) Su vejiga se contrae muy fuerte cuando se llena.

3) No son capaces de cerrar la llave de paso –el esfínter voluntario. No han «aprendido todavía». «esto es como aprender a andar, no se enseña, se aprende», indica Cerero.

«Y es cuestión de tiempo que todos estos mecanismos se pongan en marcha. En unos niños ocurre antes y en otros más tarde. Generalmente nos referimos a ello como “maduración”. Pero no nos referimos a hacerse “maduro”. Los médicos queremos decir maduración fisiológica y funcional. Es como andar. También necesita de una maduración “neurológica”. A unos les llega antes y a otros después».

 

Cuando preocuparse y tácticas básicas

 

Hacerse pis exclusivamente de noche, advierte este pediatra, «nunca es patológico. No te preocupes. Se pasa con el tiempo». Es partir de los 7 años, informa este pediatra, «si el niño o la niña demuestran preocupación espontáneamente por el asunto, cuando los sistemas de reeducación conductual –alarmas- tendrán éxito. Pero como digo, como requieren la participación activa del niño/a, serán exitosos sólo si el/ella demuestra interés espontáneo». Eso sí, aclara: «Definitivamente es un problema si a partir de los 4 años, tu hijo/a se hace pis también durante el día».

¿Cuáles serían las tácticas básicas para solucionar el problema nocturno? «No dejarle beber en la cena, hacer pis antes de acostarle, o levantarle de noche varias veces… no sirve para nada. Pierdes el tiempo. Ponle un pañal de noche hasta que se despierte seco. No se va a hacer vago/a, ni se se va a acostumbrar. Y te evitaras muchos disgustos. Y a él/ella también». «¡Dale tiempo!», concluye.

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Infecciones como la del virus respiratorio sincitial son muy frecuentes en neonatos. Los anticuerpos que heredan son una opción para protegerles

 

Los recién nacidos llegan al mundo con un sistema inmunitario heredado de sus madres. Es una protección insuficiente ante varias infecciones. Varios laboratorios investigan cómo proteger a los recién nacidos aprovechando los anticuerpos que creen sus madres. Ello se debe a varias razones, explica David Moreno, coordinador del Comité Asesor de Vacunas de la Sociedad Española de Pediatría. Primero, aunque se pudiera medicar al recién nacido, la respuesta ante las infecciones tarda unos 20 días. Segundo, porque a veces la vacuna aplicada en los primeros días de vida no va tan bien. La de la hepatitis B, por ejemplo, funciona, dice Moreno, pero hay otras que no solo no dan una buena protección, sino que incluso afectan a la eficacia de las siguientes tomas.

Ante esta situación, una opción es vacunar a la madre. No para evitar problemas como el de la varicela, en los que hay riesgo de malformación en niños, por ejemplo. Simplemente para que el bebé nazca ya vacunado, y evite la infección hasta que cree sus propias defensas. “Hasta ahora se usan vacunas reconvertidas”, dice Moreno. Es decir, se trata de medicamentos que se desarrollaron para usar en niños o en adultos y que se ha visto que pueden utilizarse en gestantes para que transmitan los anticuerpos a los bebés. Moreno las llama vacunas reconvertidas. Ocurre con la gripe y la tosferina. En esta última infección “vacunar al neonato no ha ido tan bien. Al hacerlo con la madre queda protegido de manera indirecta”, dice el pediatra.

El nuevo paso que están dando los laboratorios es, por tanto, crear vacunas directamente para ser utilizadas en la madre con la idea de proteger al recién nacido. El caso paradigmático es el de una de las infecciones más frecuentes en bebés: el virus respiratorio sincitial (VRS). “Lo coge cualquier niño. Igual que la gripe colapsa las UCI de adultos en los hospitales, el VRS lo hace con las pediátricas”, dice Moreno. “Mata incluso en el primer mundo”, afirma,. sobre todo en niños con otros problemas o prematuros, explica el médico, “aunque donde es un auténtico problema es en países con menos recursos”, añade.

Aún no hay vacunas para el virus respiratorio sincitial, pero la lista de candidatos en ensayos es amplia. Y ya hay laboratorios que ensayan a la vez su uso en niños y en embarazadas. Según el último recuento de la organización especializada en innovación médica PATH, por ejemplo, empresas como Novavax y GSK ya están en esta línea. “La gripe A de 2009 fue clave para abrir este camino”, dijo hace una semana Thomas Breuer, director médico de la sección de vacunas de GSK en un encuentro con periodistas en las instalaciones de Wavre (Bélgica) al que invitó a EL PAÍS. “Los casos más graves de infección por el VRS se producen en los dos primeros meses de vida”, lo que justifica este abordaje, añadió. “Si se consiguiera una vacuna contra este virus, sería un bombazo en el ámbito de salud y económico”, afirma Moreno.

Si esta primera vacuna diseñada específicamente para que llegue a los niños por vía materna tiene éxito, habrá otras infecciones que se podrán estudiar. Breuer, por ejemplo, citó la del estreptococo del grupo B, aparte de afinar las de la gripe y la tosferina.

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La Comunidad de Madrid da a entender que podría ser hasta los siete años, mientras los médicos infantiles prefieren una subida hasta los 18

 

 

La polémica está servida. La edad pediátrica si, en algún caso, debe variar es hacia los 18, no rebajarse más todavía. Yo soy de los que me gusta

No es cosa fácil decidir cuál es la edad donde termina la infancia, en su más amplio sentido. Podría ser sexualmente, que se da antes entre las niñas. O cuando es legalmente imputable a partir de los 14 años y existe la capacidad para decidir, pero con el permiso paterno hasta los 16 ¿O se determina cuando existe la posibilidad de voto a los 18 años? Hay que reconocer que muchos la dejan a los 30 y pico a la vez que la PlayStation. ¿Y médicamente, cuándo termina la infancia? Se considera adulto a partir de los 14, que coincide cuando el menor abandona la pediatría para pasar a consultar sus problemas de salud con un médico de familia de adultos. Mientras que el gobierno de la Comunidad de Madrid opina que esta termina a los siete años. Esto es al menos lo que se desprende de la polémica que nos envuelve a los que trabajamos en esto de la salud infantil.

El caso surgió a raíz de un borrador de trabajo que, parece ser presentó la consejería a los representantes de la atención primaria de pediatría -documento que ninguno hemos visto, todo hay que decirlo-, y que venía a decir en una línea que en los casos necesarios se podría rebajar la edad pediátrica a los siete años y pasar los mayores a consultas de medicina de familia. Todo podría haber quedado en un bulo, pero resulta que el consejero en una rueda de prensa desmintió que esto vaya a ser una realidad y que los hospitales seguirán con el plan de aumentar, a los 16, la edad infantil, pero se le olvidó mencionar que ocurriría con la atención primaria. Y muchos sabemos que si el consejero lo desmiente es que el rumor se puede convertir en realidad y se elude el debate hasta que te lo encuentras hecho.

Tras la supuesta noticia, el lobby pediátrico, que ve amenazada su hegemonía infantil, montó en cólera, como no podía ser menos, emitiendo un comunicado en defensa de la infancia y de los puestos de trabajo que se titulaba Los pediatras alertan contra la intención de la Comunidad de Madrid de trasladar los niños a médicos de adultos a partir de los 7 años

Toda esta problemática se desprende de la sabida falta de pediatras en atención primaria; la ausencia de cobertura para suplencias y bajas y la contratación de médicos no pediatras para cubrir los puestos vacantes. Hoy por hoy, están en esta posición un 30% de los médicos en Madrid y parece que hasta un 40% en otras comunidades.

La polémica está servida. La edad pediátrica si, en algún caso, debe variar es hacia los 18, no rebajarse más todavía. Yo soy de los que me gusta atender a los adolescentes y no vería con malos ojos que este cambio a mayores se produjera. Entiendo que no es un criterio generalizado, pero sí que lo es el no volver a los años ochenta donde la edad pediátrica se situaba en los siete años.

Se ha demostrado que la atención especializada a la infancia genera sus frutos y la calidad aumenta. La satisfacción de la población es evidente y no varía a pesar de ese 30% de médicos de familia o puericultores que dedican su tiempo en exclusiva a la infancia. Que exista una especialización en esta etapa de la vida genera un mejor control de la vacunación, del desarrollo evolutivo y de una medicación más controlada, sin excesos y sin derivaciones innecesarias a otros especialistas.

La desaparición de la atención pediátrica en primaria o simplemente su reducción sería una gran pérdida social, un atraso en los logros conseguidos en salud infantil como se ha demostrado en múltiples estudios internacionales comparando con los países cercanos y similares.

El empeño de la Comunidad de Madrid viene dado por la ausencia de pediatras vía MIR que acepten los contratos y horarios de los centros de salud, cuando pueden seguir formándose y con mejoras en conciliación como tienen los hospitales.

El problema, señor consejero, no es la edad pediátrica que aceptamos todos entre los 14 y 18. La solución no viene de la mano de eliminar plazas de pediatría y reconvertirla en adultos. La solución es mucho más fácil y la podemos tomar del mercado laboral. Si no hay demanda, mejore la oferta. Si no encuentra quien le trabaje, mejore las condiciones del puesto, ya que no puede modificar el salario, que sí, pero en vez de contratos basura por días, no suplir vacantes, y maltratar al profesional, si maltrato al profesional. Mejore las condiciones y aparecerán de debajo de las piedras, volverán del extranjero y abandonarán las guardias del hospital cientos de pediatras.

También es cierto que al pediatra MIR se le forma en el hospital con un paso muy escaso por primaria, con una rotación de uno o dos meses en cuatro años. Así no se puede amar lo no se conoce. Debería mejorar la formación, no más ordenador, sino más clínica, más mirar al paciente.

Por otro lado ¿qué ocurre con ese 30% de médicos que ocupa puestos de atención primaria en pediatría con una titulación distinta de la MIR como son los puericultores y médicos de familia correctamente formados y que trabajan en una situación denigrante con contratos basura que no permiten acceder a la plaza y se ven condenados al contrato eventual mes a mes, muchas de las veces de más de 10 años? Y haciendo todo el trabajo feo sobrante con consultas saturadas, sin poder controlar la demanda, en horarios interminables de tarde-noche y sin posibilidad de mejorar.

Yo abogo por una dedicación especializada a la infancia hasta los 14 años, pero no tiene por qué ser en exclusiva por pediatras formados en una vía MIR. También deben acceder médicos de familia (también vía MIR) o médicos generales puericultores formados, vía máster correctamente, que pudieran acceder a consolidar su plaza a través de una oferta pública de empleo, primero extraordinaria y a partir de ahí ordinaria.

En condiciones no de eventualidad y desmotivación, sino apostando por lo que todos apostamos, una infancia con una atención diferenciada en los centros de salud y los hospitales.

¿Qué pensáis los padres? ¿Os fijáis en el título del profesional que atiende a vuestro hijo o preferís que sea de calidad? ¿Creéis que los siete años como edad límite es aceptable? ¿Preferís que haya consultas de pediatría separadas de la de mayores o mejor que un solo médico atienda a toda la familia?

Una pregunta más ¿Por qué tiene que haber consultas hasta las 21.00 horas de la noche, no sería mejor acabar a las 18.00 las consultas programadas y el horario ampliado solo para las urgencias?

Es un escenario muy complejo pero sólo hay una respuesta: la edad donde los niños acaban su infancia no es a los siete años.