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Sabina Romero evidencia que estas mujeres vacunadas con ARNm transmiten anticuerpos por la leche a sus bebés

 

Hasta el momento no existen vacunas para bebés y niños contra la infección del coronavirus. Sin embargo, un estudio pionero en España evidencia que las madres lactantes que se han vacunado con Pfizer o Moderna transmiten anticuerpos contra el Covid-19 a través de la leche a sus bebés.

Esta investigación es un hallazgo canario de un equipo multidisciplinar del hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria liderado por la jefa de Sección de Neonatología del centro hospitalario tarifeño, Sabina Romero Ramírez, quien en conversación con este periódico ha explicado la experiencia sobre esta protección natural entre madres e hijos y hace un llamado a que este grupo de mujeres se sume a la campaña de vacunación. 

¿Cómo surge y en qué consiste el estudio?

El estudio surge ante la necesidad de tener algo más de información sobre el efecto de la vacuna en madres lactantes. El hecho de que las mujeres en periodo de lactancia sean excluidas de los ensayos clínicos generó muchas dudas en esta población al inicio de la vacunación. Las madres con dudas no sabían si debían o no vacunarse, y eso nos motivó a empezar el estudio. Cuando vimos que un grupo de mamis decidió ponerse la primera dosis de vacuna, iniciamos rápidamente el proceso de solicitar permiso al Comité de Ética de la Investigación con medicamentos (CEIm). El estudio consiste en hacer seguimiento longitudinal a estas madres de síntomas y de medición de anticuerpos en sangre y leche.

¿Cuándo empezaron y cuántas mujeres participaron en el estudio?

Empezamos a principios de febrero de este año. Han participado 96 madres, una embarazada y nueve madres sin vacunar. Son mujeres de una edad media de 36 años con 11 meses de media de lactancia, y 21 de ellas con más de dos años dando el pecho a sus hijos.

¿Con qué otras especialidades realizaron el estudio?

Pues la verdad es que cuento con un equipo maravilloso y de gente muy motivada. Somos un equipo multidisciplinar formado por microbiólogos, analistas clínicos, matronas, enfermeras de Pediatría y pediatras.

¿Cuáles fueron los principales resultados de la investigación?

Hemos encontrado que se genera inmunidad frente a la vacuna y esta pasa a través de la leche materna al bebé.

 

“Se genera inmunidad frente a la vacuna y esta pasa a través de la leche materna al bebé”

 

 

Sabina Romero Ramírez, jefa de Sección de Neonatología del hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria.

¿Presentaron (las mujeres y los bebes) algún tipo de reacciones adversas ante las vacunas administradas?

Presentaron reacciones similares a las descritas en la ficha técnica.

¿Cuál es el llamado que hace a las madres sobre la vacunación tras esta evidencia?

Las madres lactantes se pueden vacunar contra el Covid. Y para mejorar el conocimiento de las reacciones en ellas, se deben notificar los acontecimientos adversos que presenten en el sistema de notificación oficial.

Administración de vacuna Astrazeneca

¿Administraron la vacuna Astrazeneca en estas mujeres? ¿Hubo alguna complicación?

En el momento que iniciamos el estudio sólo estaban aprobadas las vacunas de Pfizer y Moderna por lo que no pudimos incluir a ninguna con Astrazeneca.

¿Cuáles fueron las principales dificultades? (contraindicaciones de vacunación, decisión personal)

La verdad es que las madres han estado muy implicadas con el estudio, no puedo más que hablar maravillas de ellas y de mi equipo.

¿Cómo será el proceso de esta investigación? ¿Hasta cuándo durará?

Ya los resultados los tenemos en nuestras manos y estamos en proceso de traducción. A las familias las acompañaremos hasta los 6 meses para ver cómo progresa todo y si desarrollan enfermedad en este tiempo.

 

Fuente: redaccionmedica.com

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Diseñan un nuevo sensor ‘wireless’ para medir las constantes vitales a los recién nacidos en sus estancias hospitalarias que elimina incomodidades y facilita la lactancia y el contacto piel con piel con la madre

 

Incubadoras, máquinas, monitores, alarmas, el ambiente de una unidad de cuidados intensivos es lo menos parecido al tranquilo, cálido y protector vientre de una madre para un bebé que nace antes de tiempo. Su pequeña vida va a pasar por momentos cruciales en este lugar en el que luchará por sobrevivir durante varias semanas. Pegado a su diminuto cuerpo, un enjambre de cables vigilará que su corazón lata, que el ritmo sea el adecuado, que respire correctamente, que el peligro esté controlado. Pero esa maraña daña su delicada piel, dificulta al personal médico sus cuidados más básicos e impide a sus padres abrazarlo para darle ese cariño que tanto ansían.

La tecnología inalámbrica, que ha eliminando las conexiones electrónicas por contacto, ahora puede jugar un papel importante y evitar, de una vez por todas, que los recién nacidos salgan adelante enchufados a un aparato. Gracias a ella, un grupo de 45 pediatras, dermatólogos e ingenieros de la Universidad estadounidense de Northwestern (Illinois) ha desarrollado un biosensor sin cables que registra las constantes vitales de los neonatos y se comunica con una antena receptora ubicada bajo el colchón de la cuna. Desde un simple teléfono móvil o una tableta, una aplicación permite el acceso a esos datos que llegan a una estación central por ondas de radio. Así, los médicos y las enfermeras pueden monitorizar al bebé y conocer, en todo momento, cómo se encuentra. Este avance hace más fácil la tarea de los especialistas, es más cómodo para el niño y facilita que sus padres puedan, por fin, sostenerlo.

El biosensor consta de un parche muy fino de silicona, con pequeños electrodos ultradelgados que miden la temperatura, la frecuencia cardíaca, respiratoria y la presión arterial. Además proporcionan mediciones avanzadas, como el flujo sanguíneo la función cardíaca y variaciones de la presión arterial durante el transcurso del día, que son clínicamente importantes y que antes no se podían registrar.

No lleva pila, es muy flexible y se adhiere fácilmente a la piel del tórax una vez humedecido con agua. “Hemos tenido mucho cuidado en elegir componentes como la silicona (que se tolera muy bien en comparación al látex) y sustancias mínimamente adhesivas que tengan un riesgo de sensibilización por contacto muy bajo o nulo”, ha explicado a Elmundo.es la autora principal del estudio publicado en Science Amy Paller, dermatóloga, pediatra y directora del Centro de Investigación de Enfermedades de la Piel de la Escuela de Medicina Feinberg (Universidad Northwestern, EEUU).

Se trata de un instrumento menos invasivo que sustituye a los cinco o seis cables, electrodos y adhesivos que se suelen colocar a cada bebé. El método tradicional a menudo lesiona su frágil piel, produciendo erupciones, ampollas y cicatrices que de complicarse pueden dejar marcas de por vida. Por otro lado, permite el contacto piel con piel entre madre e hijo, tan importante para los recién nacidos. Esta interacción, que reduce el riesgo de complicaciones pulmonares, problemas hepáticos e infecciones, resulta ahora muy dificultosa a través de los cables. Además, como el parche es transparente, es compatible con las técnicas de imagen de rayos X, las resonancias magnéticas y las tomografías computarizadas.

“Es un gran avance que esperábamos desde hace tiempo”, ha señalado a este periódico Manuel Sánchez Luna, jefe del Servicio de Neonatología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y presidente de la Asociación Internacional de Neonatología. “El cuidado intensivo neonatal precisa de una tecnología muy compleja. Los sensores actuales necesitan una conexión por cable, lo que hace, a veces, muy complicada la manipulación de los mismos y de los propios pacientes”, ha añadido.

Sánchez Luna cree que podría aplicarse en casi todos los neonatos y que ofrece la posibilidad de reducir los riesgos de desconexión de los pacientes. “La mayoría de los recién nacidos de las UCIs, cuando están estables, son puestos en contacto piel con piel con sus madres. El cableado de los sensores actuales dificulta en gran medida esta movilización y provoca con frecuencia el disparo de alarmas no reales”, ha destacado.

Sin embargo, para este especialista en cuidados intensivos de pediatría, la nueva tecnología inalámbrica plantea a su vez serios problemas. “Cada vez hay un mayor número de dispositivos inalámbricos que se conectan a los pacientes en el ambiente hospitalario. Sus ventajas son evidentes, pero el riesgo de interferencias, accidentales o voluntarias genera dudas acerca de la seguridad de los mismos”, ha dicho. “En un futuro necesitaremos más biosensores combinados, que en apenas un sólo dispositivo podamos recoger la información vital de los pacientes. El reto será mantener la seguridad de la conectividad y evitar los riesgos de interferencias en los centros hospitalarios”, ha afirmado.

DISPONIBLE EN DOS AÑOS

Según publica este jueves la revista Science, este biosensor inalámbrico ya ha sido probado con éxito en 70 recién nacidos y, en comparación con los sistemas tradicionales que proporcionan estos datos mediante cableado, los resultados han sido igual de precisos y seguros. En Estados Unidos, se espera que estén disponibles en dos o tres años, mientras que la comunidad internacional ya trabaja para que también llegue a países en desarrollo como Zambia, India o Pakistán.

El precio de cada parche ronda los 9 euros, pero, dado que más de un dispositivo puede conectarse por vía remota a un único terminal, podrían ahorrarse aparatos y abaratarse de forma notoria el coste final de esta tecnología. “Hemos unido más de 6 dispositivos a un solo móvil. Esto permite controlar a varios bebés con una sola tableta, lo que permitiría que una sola enfermera o un médico vigile a varios bebés. Además, también reduciría los costos”, ha corroborado a este medio Shuai (Steve) Xu, codirector del trabajo y director médico del Centro de Electrónica Bio-Integrada de la Universidad Northwestern.

 

APLICABLE A OTROS PACIENTES

Este biosensor inalámbrico, que podría cambiar la forma en que se monitorea a los bebés en todo el mundo, a los prematuros o a aquellos que presentan una enfermedad debilitante, puede aplicarse a su vez a otro tipo de pacientes. “Ya se está implementando en otras unidades de cuidados intensivos dentro de nuestro sistema hospitalario, con niños y adultos, así como en la monitorización durante el embarazo“, ha asegurado Paller.

Hay que destacar, además, que el dispositivo proporciona al médico una información continua, en lugar de un registro de un único dato en el tiempo, lo que puede resultar de gran utilidad para la vigilancia de ciertas dolencias. “Ya están en proceso distintas variedades de dispositivos con sensores pequeños y flexibles que, más allá de recoger signos vitales, pueden desde medir la temperatura para estudiar una inflamación a detectar la mejoría de enfermedades de la piel que cursan con picor o medir el sudor”, ha adelantado Paller.

 

 

 

Fuente: elmundo.es

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Se estima que durante la cuarentena pudo haberse incrementado en unos tres kilos el peso medio de la población infantil española – Los niños obesos del hoy, los enfermos cardiovasculares del mañana

 

 

Los pediatras malagueños han percibido un incremento de la obesidad infantil en Málaga tras el confinamiento provocado por la pandemia. La obesidad infantil era un claro problema en España desde años anteriores con cifras de las más altas de Europa pero, en 2020, se ha visto aún más pronunciada por la cuarentena.

«Durante el confinamiento pudo haberse incrementado en unos tres kilos el peso medio de la población infantil española, a razón de al menos uno por mes», señala el doctor Manuel Baca, jefe del Servicio de Pediatría y Neonatología del Hospital Quirónsalud Málaga.

La obesidad infantil ha aumentado durante la pandemia perfectamente entre un 10 y un 20% en Málaga, cuenta el doctor Manuel Baca, que perfila asimismo que este aumento se ha desarrollado de dos maneras. Por un lado, los niños han perdido los hábitos de cultura gastronómica que sus padres han ido creando y, por otro, el sedentarismo, la pérdida del ejercicio que hacían en el colegio o incluso los juegos con amigos en los parques. El resultado de ambas circunstancias ha conllevado a que los más pequeños hayan aumentado de peso.

Como dato llamativo, la secretaria de la Asociación Andaluza de Pediatría de Atención Primaria, Leonor Quesada, reconoce que a la consulta llegan más padres preocupados por la delgadez de sus hijos o por lo poco que comen que aquellos que sufren obesidad y que llegan a la consulta por otras cuestiones, lo que refleja la poca conciencia social que hay respecto a este tema y que preocupa muchísimo a los pediatras.

Quesada, que además trabaja en el centro de salud de Torre del Mar, señala que «la obesidad es otra pandemia» y denuncia que sería muy importante que en la atención primaria de Andalucía existiera la figura de una enfermería para la población infantil que sí que existe en el resto de comunidades autónomas y que tan primordial es para solucionar el problema de la obesidad infantil.

Niños comiendo en un comedor escolar de Málaga.

Un drama oculto

La infancia y la adolescencia son el campo de abono donde posteriormente se van a desarrollar enfermedades en los adultos. Según Manuel Baca, la diabetes o la hipertensión están especialmente sedimentadas en los hábitos que adquieren los niños. Lo denomina «un drama oculto», unos malos hábitos cuyos efectos no se perciben en un principio pero de los que al final se acaba viendo el rastro que dejan en la salud de cada uno.

 

La importancia de comer juntos

«Los niños son el reflejo de lo que comen sus padres. Es primordial que se sienten a la mesa con ellos ya que si el niño ve a su madre o a su padre comiendo ensalada ellos también van a querer comerla», señala Mar Cobos, dietista y nutricionista.

De igual forma, los expertos señalan que comer en familia y ajustar un horario de las comidas no solo favorece la dieta del niño sino también a su comunicación y su rendimiento escolar.

El momento es más que primordial si los padres tienen largos horarios de trabajo puesto que es el momento en el que pueden preguntarle a los más pequeños cómo les ha ido el día. Este apoyo familiar logrará unos mejores resultados escolares por parte del progenitor.

Cobos señala, asimismo, que no entiende por qué los niños han engordado durante el confinamiento. «Antes nos quejábamos de que no teníamos tiempo y por eso cocinábamos poco y tendíamos a comer peor pero, en el confinamiento han tenido tiempo los padres de sobra para hacer recetas saludables».

Además, respecto al cambio de hábitos, la secretaria de la Asociación Andaluza de Pediatría de Atención Primaria, Leonor Quesada, reconoce que los menores nos dieron una auténtica lección durante el confinamiento. «Muchos de los niños casi que estaban encantados de estar en casa y pasar más tiempo con sus padres».

 

Efectos psicológicos

«Los niños han sufrido algo muy importante para ellos, la pérdida de la socialización y hábitos de vida externa que han fomentado este sedentarismo». Asimismo, habla de los trastornos psicológicos en los más pequeños. «Los niños aprenden de todo lo que les rodea, principalmente de sus familias pero también del ámbito externo, algo de lo que se les ha privado estos meses y que ha hecho que se produzca, en muchos casos casos, un retraso del lenguaje importante».

En los niños más mayores también se han percibido efectos negativos: una gran parte de ellos han desarrollado un gran vínculo con las pantallas. «Han creado una dependencia psicológica respecto a estos mundos que los padres siempre han tratado de remediar y que han desarrollado en tan solo tres meses», cuenta el pediatra Manuel Baca.

 

El sueño, tan importante

Otro problema que remarca Baca es el trastorno del sueño; la peor combinación las pantallas y una mala alimentación. «El sueño necesita una higiene muy importante de tal manera que si tu no sigues una serie de premisas el sueño pasa a ser escasamente efectivo. Esa vida sedentaria ligada a los constantes inputs luminosos de las pantallas hace que el niño no establezca un periodo de desconexión previamente al acostarse sino que incluso se mete en la cama con la consola, televisor u ordenador con lo cual las fases de sueño más y menos profundo no se producen en el ritmo adecuado y el niño pierde mucha calidad del sueño», explica el facultativo.

 

Recomendaciones

Los especialistas constatan que es primordial evitar el sedentarismo a través de al menos una hora de ejercicio diario. Respecto a este tema, Mar Cobos, dietista, destaca que ante una situación de confinamiento siempre se puede hacer ejercicio en casa. «Yo no he dejado de hacer ejercicio online desde que comenzó la pandemia, es muy buena opción».

 

 

 

Fuente: laopiniondemalaga.es

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La unidad de neonatología del hospital de Bathalapalli, en India, ha logrado reducir la mortalidad infantil del 4,7% al 1,5% en cinco años

 

“Sin el hospital pediátrico de Bathalapalli (India), la mayoría de los bebés que sobreviven gracias a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de neonatos habrían muerto. Sus padres no podrían costearse esta atención médica de calidad en ningún otro lado”. Las palabras del doctor Dasaratha Ramaiah, jefe de Pediatría del centro que creó la Fundación Vicente Ferrer (FVF) hace casi dos décadas, son claras. El hospital, situado a unos 30 kilómetros de la ciudad de Anantapur, se ha convertido en la oportunidad de vivir para muchos recién nacidos de 1.280 pueblos del sur del país. Su logro: reducir la mortalidad infantil del 4,7% (con 1.334 ingresos) al 1,5% (con 1.523 ingresos) en tan solo cuatro años.

La luz de la sala es azulada y muy tenue. Los ruidos casi inexistentes. Los bebés, casi siempre prematuros, con un peso inferior a 1.500 gramos o con necesidad de soporte respiratorio, duermen en las 30 incubadoras con las que cuenta la UCI. Lo hacen en una especie de cojines más mullidos a los extremos que simulan ser dos brazos que los acunan y que son tejidos artesanalmente por un sastre de la comunidad. Cubren todo su pequeño cuerpecito y hacen que se sientan arropados. Al lado de las incubadoras, algunas madres se sientan varias horas al día para practicar lo que se conoce como método canguro. Se colocan al bebé piel con piel sobre el pecho para que se alimente y les proporcionan calor. Según el equipo médico, todos estos cuidados que se han establecido en los últimos años en la unidad reducen el estrés de los bebés y mejoran los periodos de descanso, lo que se traduce en mejores resultados en su neurodesarrollo y en una menor estancia hospitalaria.

El doctor Ramaiah viajó a Barcelona el pasado mes de octubre para compartir estas y otras experiencias con colegas españoles para mejorar los protocolos de atención a los recién nacidos. No puede ocultar su alegría cuando habla del reciente premio que el Foro Nacional de Neonatología de India ha otorgado a la UCI neonatal de su hospital para reconocer cómo sus tratamientos en las áreas de cuidados intensivos, intermedios y de observación han mejorado y se han incrementado los recursos materiales para una mejor atención a los bebés. Una labor imprescindible en un país que concentra el 24% de las muertes neonatales del mundo, seguida por Pakistán (10%) y Nigeria (9%), según datos de Unicef.

Dos abuelas bañan a sus nietos en el Hospital Pediátrico de Bathalapalli (India).
“Este reconocimiento ha motivado a todo el personal a seguir manteniendo el trabajo de buena calidad que han estado haciendo todos estos años y ha supuesto exponer a escala nacional el alto estándar de cuidados que brindamos en Bathalapalli. Esto está atrayendo cada vez a más profesionales a trabajar en nuestro hospital rural”, cuenta Ramaiah a través de correo electrónico. Y no es para menos, porque en India hay cuatro veces más trabajadores de la salud por persona en áreas urbanas a pesar de que más del 70% de la población vive en zonas rurales. Los datos son esclarecedores. Hace 40 años en Anantapur había una enfermera por cada 8.000 habitantes, hoy solo la sala de la UCI neonatal cuenta con 30 enfermeras y cinco médicos.

No existe una fórmula mágica para reducir la tasa de mortalidad infantil, sino años de trabajo y esfuerzo por parte de los médicos indios y también españoles. “Cada año, unos 25 doctores españoles viajan a Anantapur para mejorar los proyectos de salud de la fundación en áreas como pediatría, ginecología, obstetricia o cirugía. Cada uno de ellos trabaja con un médico indio que posteriormente visita también España para seguir su formación. Lo que hacemos es consensuar los protocolos para ir mejorando juntos”, cuenta por teléfono el doctor Ferrán Aguiló, coordinador de Sanidad de la FVF. “Tenemos un programa de diagnóstico precoz con un equipo formado por médicos de ambos países de problemas auditivos, visuales y neurológicos en los bebés. Juntos estudiamos los casos, que después se tratan en el mismo hospital o se derivan a Bangalore o Hyderabad”, concreta.

En Bathalapalli, los protocolos de control de infecciones y de limpieza se aplican con rigor. El lavado de manos es estrictamente obligatorio para cada persona que entra por la puerta de la UCI. También el protocolo de almacenamiento de la leche materna ha mejorado. Desde 2013, se realiza en pequeños contenedores de acero, sustituyendo las tazas de barro que se utilizaban anteriormente para beber té chai. Este hecho evita que la leche se contamine, disminuyendo las infecciones.

Para salvar la vida de los bebés, el trabajo del equipo médico empieza mucho antes de que estos hayan nacido. Con más de 4.500 partos al año, solo en el hospital de Bathalapalli, el seguimiento de las madres gestantes es fundamental, ya que muchas sufren complicaciones durante el embarazo, como anemia, diabetes o eclampsia. Pero es difícil que estas acudan al hospital para realizarse las revisiones médicas pertinentes debido a la falta de cultura sanitaria, sobre todo en estas zonas rurales. Por eso, los más de 4.300 talleres de sensibilización que ha impartido la FVF sobre la importancia de que las mujeres asistan a revisiones médicas y de tener hábitos de vida saludables, una nutrición adecuada y unas prácticas de higiene para prevenir enfermedades transmisibles, han sido fundamentales para reducir el número de bebés que necesitan las incubadoras u otros tratamientos al nacer.

 

Una profesora y sus alumnos en la escuela de Edula Mustur (India).

 

 

“Los niños recién nacidos se quedan casi siempre con la abuela porque la madre tiene que volver al campo a trabajar. A veces compran leche de fórmula, pero les resulta cara y la diluyen demasiado. También les dan leche de cabra o esperan a alimentar al niño al final del día cuando la madre regresa del campo. En el hospital se las sensibiliza sobre la importancia de dar el pecho”, explica Núria Torre, pediatra especializada en neonatología que pasó seis meses trabajando en la UCI de Bathalapalli. El equipo de la fundación también lucha en estos talleres contra las supersticiones en las embarazadas que dictan, por ejemplo, que si la madre vomita solo puede beber un vaso de agua con chili al día. Estas prácticas agudizan la anemia y el déficit de vitaminas de las madres.

La lucha contra la mortalidad infantil sería más difícil sin ellas, las mujeres del sari verde. Este indumento las identifica como trabajadoras de salud rurales, que complementan la red hospitalaria existente, dando una atención primaria en las aldeas alejadas de los hospitales. Se encargan de la atención prenatal e infantil y explican nuevos hábitos sanitarios para mejorar la salud de las embarazadas. Además, se encargan de los programas de vacunación contra la polio o la malaria y de atender los problemas básicos de salud. Ellas son el primer eslabón para acabar con la mortalidad infantil.

 

 

Fuente: elpais.com

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Juan e Ignacio García Castelló son gemelos y fundadores de Música en Vena, una asociación que trata de humanizar la estancia hospitalaria introduciendo la música en directo en más de 20 centros españoles.

 

Todo el mundo siente un pequeño escalofrío al entrar en un hospital. Si no es ese olor penetrante a química desinfectante es el tacto áspero de las sábanas de ribete azul. Si no es ese puré insípido e incoloro es el sonido de los monitores o los zuecos de las batas verdes golpeando el terrazo. Los cinco sentidos trabajando de mil maneras para recordarte que estás en un lugar frío y hostil. Todo ello muy a pesar de los esfuerzos pacificadores de los maravillosos profesionales que suelen habitar allí.

En realidad los sentidos son cómplices de tus (malos) recuerdos, tratan de rescatar ese dolor escondido, esa experiencia traumática imaginada, propia o familiar que pasaste o barruntas que algún día vivirás allí. El entorno es propicio para generar una situación de estrés emocional que, curiosamente, sólo desaparece con los sonidos estridentes de loza y cristal de, por ejemplo, la cafetería; territorio neutral para nuestro corazón y nuestros sentidos. Ese sonido cotidiano de la cafetería nos devuelve a una realidad que tranquiliza.

¿Y si buscamos el mismo efecto en otras partes más duras del hospital? ¿Y si trabajamos por mejorar ese espacio de dolor, esquivo y hostil para pacientes y familiares y así enriquecemos el confort de su estancia? ¿Y si engañamos a esos sentidos para vestir de normalidad el espacio navegando entre vivencias positivas y no a través de nuestros peores recuerdos?

Eso es lo que intenta la asociación sin ánimo de lucro Música en Vena desde 2013. Utiliza la mejor herramienta para rescatar la nostalgia buena, la que solo despierta las mariposas del estómago o evoca esa felicidad ya vivida: la música.

La música que cura sin ser medicina

El proyecto pretende una transformación social en el ámbito de la salud con un programa muy profesional. Y va camino de ello. Más de 6.000 músicos han realizado ya 2.200 microconciertos para un total de 44.000 pacientes en los 17 centros con los que se trabaja en la Comunidad de Madrid desde hace seis años. También colaboran con otros de Barcelona y Valencia.

Las audiciones para integrar la plantilla que hace posible Música en Vena son tan exigentes como las del mejor de los conservatorios. Rozalén, Rafael Amargo, Carlos Núñez, Sandra Carrasco, Los Secretos… La nómina de músicos consagrados que han participado en alguno de sus conciertos a pie de cama también revela la categoría del proyecto.

 

El contrabajista Mario Carrillo, en el Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid).

 

 

Algunos de esos profesionales han descubierto un nuevo mundo actuando para los enfermos de oncología, rehabilitación o incluso en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). “Leo Nucci, barítono acostumbrado a llenar el Auditorio Nacional con La traviata de Verdi, nos dijo que el hospital es uno de los mejores escenarios donde había cantado jamás”, cuenta orgulloso uno de los socios fundadores. No es el único. La cantante Rozalén, que también es psicóloga, ha experimentado esa catarsis personal con un público “que no es ni mejor ni peor, simplemente es distinto, agradecido, sensible y muy receptivo a interactuar con ellos”.

Pero Música en Vena trata de empoderar también a esos talentos no tan conocidos y con dificultades para encontrar una salida profesional digna para su larga y complicada formación. Ofrecen una oportunidad laboral con doble gratificación, una de ellas impagable. Si tradicionalmente el mundo del espectáculo se ha apropiado injustamente de la música dificultando el acceso a estos músicos, ¿por qué no llevarla también a otros escenarios para mejorar la oferta?

Esa profesionalidad en el organigrama ayuda a despejar otras dudas. Música en Vena no es musicoterapia, no es medicina alternativa, no trata de sustituir ningún recurso médico; simplemente se integra en el sistema para ayudar a crear un entorno mejor para los pacientes, familiares y sanitarios y así transformar el aburrido ecosistema sanitario. Tanto con tan poco. No es más que ese gesto prodigioso tan rutinario, como ponerse unos auriculares para convertir el aburrido trayecto al trabajo en un viaje único y alucinante. Si nadie puede prescindir de la música en su vida, ¿por qué estaba tan ausente en los hospitales?

Con todo ello, la asociación lleva tres años preparando un estudio científico en colaboración con el 12 de Octubre y aprobado por su comité ético para calibrar el efecto terapéutico de toda esa música en directo con los pacientes de medicina intensiva, neonatología y rehabilitación del hospital. Es un primer paso ambicioso y normativo para intentar oficializar sus terapias.

Hay estudios que demuestran que la música provoca en el cerebro un efecto similar a algunas drogas. Otros que dicen que la música clásica tiene un efecto en genes responsables de producir sensaciones de placer, pero todavía no hay ningún trabajo que recopile los efectos de una terapia hospitalaria como la de Música en Vena.

 

 

 

También hasta el Severo Ochoa de Leganés (Madrid) acude la violinista Maureen Choi como parte del equipo.

 

El nuevo estudio en marcha se llama MIR (Músicos Internos Residentes). Un grupo de 40 profesionales que acuden diariamente a establecer esa relación única con los pacientes. Durante sus sesiones se toman registros de los cambios en parámetros fisiológicos medibles y objetivables mediante el método científico para, al final del trabajo, hacer una valoración técnica de los efectos de la música en sus patologías. Eso será en 2019.

Una dificultad personal convertida en proyecto de vida

Dos de los responsables de este tinglado son los gemelos Juan e Ignacio García Castelló. Hoy, con 23 años bien vividos entre guitarras, pianos, cajas de ritmos y muchas batas blancas, no hay momento que no se les vea tararear, chasquear los dedos o golpear rítmicamente sus manos contra casi cualquier cosa que esconda algún ritmo. Llevan la música en vena y no es casualidad: su familia la ha utilizado como hilo conductor de sus vidas desde que se precipitaron al mundo.

Los gemelos nacieron prematuros y pasaron una larga temporada entubados en las urnas de cristal del 12 de Octubre de Madrid. Esa misma música que ya les acompañó en el complicado embarazo regresaría durante su incubación de las manos y cuerdas vocales de Virginia Castelló Castro, madre, fundadora y hoy presidenta de Música en Vena. El recurso de la nana es una tradición tan antigua como el lenguaje y sirve para sincronizar los ritmos naturales de madre e hijo. Nada nuevo.

Pero la idea de la asociación no nació mientras Virginia tarareaba el Duerme negrito de Mercedes Sosa a sus neonatos. El proyecto surgió hace seis años cuando su cuñada tuvo una estancia hospitalaria gélida como última experiencia de vida. ¿Por qué el final de tus días hay que pasarlos en un entorno tan áspero?

Virginia y el padre de los gemelos, el arquitecto y crítico musical Juan Alberto García de Cubas, pensaron en la necesidad imperiosa de dar color a esa experiencia sanitaria tan gris. Como expertos diseñaron un proyecto basado en la humanización y profesionalidad musical, en el voluntariado, el empleo y la investigación. No vale con poner la radiofórmula en el hilo musical o un par de funciones para disfrazar el ambiente hospitalario; el paciente tiene que tocar, sentir y escuchar los latidos y las emociones de un músico profesional que se implica, que comunica y que a la vez también disfruta de las reacciones de los enfermos y sanitarios. Se trata de reeducar esos sentidos atrofiados por el miedo escénico mediante una experiencia única, coral y recíproca.

El ciclo se cierra 23 años después. Hoy son sus hijos, aquellos primeros neonatos acunados con las nanas de Virginia, los que amenizan a pie de cama con su voz y una guitarra a otros prematuros que, al igual que hicieron ellos, saludan por primera vez al mundo con un buen chute de Música en Vena.

¿Cómo mejor si no?

 

 

 

 

Para ver el vídeo: Los beneficios de la música en la salud. Juan e Ignacio

 

Fuente: elpais.com

 

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Los hospitales Clínic y Sant Joan de Déu de Barcelona inician un ensayo para diseñar un prototipo que recree la bolsa uterina para albergar bebés nacidos con menos de 26 semanas de gestación

 

Cobijados en una bolsa de unos tres centímetros de grosor, flotando en un líquido amniótico al calor del útero de la madre y alimentados por un cordón umbilical, los fetos crecen durante unas 40 semanas antes de nacer. A veces, sin embargo, el parto se produce unas semanas antes y los recién nacidos requieren unos días en la incubadora para acabar de madurar. Pero hay casos más complejos, los bebés prematuros extremos, que nacen antes de las 26 semanas de gestación y sacarlos adelante supone un desafío a la biología: la mortalidad puede alcanzar el 75% y la mayoría de los supervivientes padecen secuelas. Para sortear estas dificultades naturales, un grupo de investigadores de los hospitales Clínic y Sant Joan de Déu de Barcelona han iniciado un ensayo pionero en Europa para diseñar una placenta artificial donde cobijar a prematuros extremos.

 

“El feto está preparado para vivir dentro de su madre. A veces podemos ayudarle a vivir, pero hay un momento en que la biología nos dice que no podemos pasar, porque no tenemos pulmones para que respire o intestino para que coma. Hablamos de no seguir usando tecnología en contra de la naturaleza, sino ir a favor de su naturaleza. Que viva en unas condiciones lo más fetales posible, como si estuviera dentro de su madre”, explica Eduard Gratacós, responsable del proyecto y director de BCNatal, centro de referencia para neonatos del Clínic y el Sant Joan de Déu.

 

En Europa nacen unos 25.000 bebés al año antes de la semana 26 de embarazo y entre el 75% y el 95% arrastrarán graves secuelas a lo largo de su vida debido a la prematuridad. “Cuando un bebé nace prematuro nos preocupan sus pulmones, hay que forzarlos y puede provocar una broncodisplasia pulmonar. Nos preocupa intestino porque no está desarrollado y puede generar inflamaciones. Nos preocupa su sistema cardiovascular o el cerebral. Su desarrollo neurológico está amenazado, no tiene ni el 30% de neuronas ni conexiones de neuronas. Cambios muy sutiles en oxígeno que ni siquiera vemos, pueden provocar secuelas”, advierte el especialista.

El director general de BCNatal, Eduard Gratacós, durante la presentación del proyecto de creación de una placenta artificial para salvar a bebés prematuros

El plan del equipo de Gratacós es diseñar una biobolsa artificial que replique la placenta materna para poder albergar los bebés muy prematuros unas semanas más para facilitar su proceso de maduración. Por ahora, el prototipo es muy primario y se está probando en fetos de oveja. Pero la idea es que, “en cinco o seis años”, puedan desarrollar una placenta artificial en la que acoger a los bebés durante tres o cuatro semanas. En todo el mundo hay otros tres proyectos de investigación en busca de una placenta artificial, dos en Estados Unidos y otro de científicos de Australia y Japón. Los tres están más avanzados que el prototipo de Gratacós, pero todavía nadie ha empezado a probarlo con fetos humanos.

 

La biobolsa de los investigadores españoles será traslúcida, aunque tendrán que protegerla de la luz para semejar el útero materno. A través del cordón umbilical real administrarán los nutrientes y el oxígeno al bebé. “Lo pondremos en una bolsa que reproduce las condiciones del líquido amniótico, caliente, manteniendo el control estricto de temperatura. Reproduciremos los sonidos del cuerpo de la madre y estudiaremos cómo eso le ayuda a modular el cerebro. Lo tendremos monitorizar con biosensores y controlarlo con ecografías no invasivas”, apunta Gratacós. Si tienen que tocar al bebé, los investigadores cuentan con brazos robóticos diseñados para operaciones fetales. “Nuestro acceso a él es infinitamente superior al que tenemos ahora”, señala el investigador.

 

“Lo que hacemos es sustituir un órgano del feto. Durante una etapa de nuestra vida, tuvimos un órgano que se llama placenta y es tan importante como un riñón”, sintetiza Gratacós. La Fundación La Caixa invertirá siete millones de euros en el desarrollo del proyecto que, en una primera fase, desplegará el diseño experimental con fetos ovinos. La segunda fase busca evaluar los efectos a largo plazo en el desarrollo cerebral, cardíaco, pulmonar y metabólico antes de aplicarlo a la práctica clínica. Toda la investigación está supervisada por un panel de expertos externos.

 

 

 

Fuente: elpais.com

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El objetivo es abarcar una muestra de 10.000 menores con edades comprendidas entre 6 meses y 14 años, para valorar en qué medida acusaron emocionalmente el periodo de confinamiento mientras duró y después de su cese

 

El Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Infanta Leonor de Madrid está desarrollando un estudio de investigación para evaluar la repercusión psicológica que el confinamiento, decretado en primavera durante el estado de alarma por la pandemia de COVID-19 tuvo en la población infantil, con el fin de identificar posibles alteraciones de comportamiento que requieran apoyo clínico.

El objetivo es abarcar una muestra de 10.000 niños con edades comprendidas entre 6 meses y 14 años, para valorar en qué medida acusaron emocionalmente el periodo de confinamiento mientras duró y después de su cese. En concreto, se evaluarán posibles situaciones de ansiedad, alteraciones del sueño y problemas funcionales como dolor abdominal y de cabeza, en función de los grupos de edad establecidos (de 6 a 17 meses, de 18 meses a 6 años, y de 7 a 14 años).

«Sabemos que la pandemia Covid-19 ha sido bastante menos agresiva con la salud física de los niños con respecto al grupo de edad de los más mayores, pero los efectos del confinamiento, del cierre de colegios, la exclusión de familiares y amigos, y los cambios vividos en estos últimos meses puede haberles supuesto un importante estrés vital», ha señalado Leticia González Vives y la doctora Ruth Solana Gracia, investigadoras principales del proyecto y pediatras del Hospital Universitario Infanta Leonor.

 

Muestra aleatoria de Vallecas

 

El 80% de los niños incluidos en la investigación (8.000), se corresponde con una muestra seleccionada al azar de la población infantil de referencia para el Hospital Universitario Infanta Leonor (más de 50.000), con los que se ha contactado de forma telemática y aleatoria, a través del envío de SMS a sus padres/madres/tutores, .

El 20% restante de la población infantil a la que va dirigido el estudio son hijos de los profesionales del Hospital Universitario Infanta Leonor (incluyendo también al Hospital Virgen de la Torre y los demás centros sanitarios que tiene adscritos), a los que se ha invitado igualmente a colaborar.

La participación en el estudio supone la cumplimentación de una encuesta telemática en tres fases (una primera, lanzada en septiembre de 2020, y un seguimiento posterior a los 2 y 4 meses).

Una vez completado el cuestionario, el Servicio de Pediatría hará llegar a los participantes un paquete de recomendaciones para ayudar a sus hijos a manejar las posibles alteraciones emocionales identificadas y les facilitará una dirección de correo electrónico de contacto a la que acudir en caso de dudas.

Cuando las puntuaciones obtenidas en los cuestionarios alerten sobre la necesidad de hacer una evolución más extensa o una estrategia de apoyo específica en determinados niños/as, el Servicio de Pediatría se pondrá en contacto por vía telefónica con sus padres/tutores para individualizar las actuaciones que mejor se adapten a cada caso.

 

 

Fuente: abc.es

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Los alimentos que no se compran no se toman. Y si no los tienes en casa no tendrás la tentación de ingerirlos durante la cuarentena

 

“El apetito es algo vivo”, escribió Amélie Nothomb en esa maravilla de libro que es Biografía del hambre. El apetito nos mueve a trabajar, “para ganarnos el pan”, escribía también, algo que en las sociedades más ricas parece estar casi asegurado sin demasiado esfuerzo. Pero no para todos. No siempre. Hemos tenido que leer que más de 11.000 alumnos de familias sin recursos de la Comunidad de Madrid, y que hasta ahora comían sin coste en los comedores escolares, seguirían recibiendo alimentos durante el confinamiento. Lo inquietante del asunto es que lo van a seguir haciendo a través de menús “especiales” que sus familias recogerán en Telepizza y Rodilla, dos de las empresas que se reparten el pastel de la comida rápida en nuestro país. Sobre la pobre calidad de estos menús, pese a que hayan sido aprobados por el Ministerio de Sanidad, ya han alertado nutricionistas como Juan Revenga, que el pasado 18 de marzo denunciaba en redes sociales y calificaba la oferta como “lamentable”. También la Federación de la Comunidad de Madrid de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado denunció públicamente esta solución a través de una nota de prensa: “No es de recibo que la solución que se haya adoptado sea la de recurrir a empresas privadas como Telepizza o Rodilla habiendo tenido numerosos comedores ya contratados”. En Valencia la solución ha sido mucho más respetuosa con familias y trabajadores: se harán cargo del sueldo de los empleados de los centros escolares durante el periodo de confinamiento y distribuirán un vale de 60 euros en concepto de “beca comedor” para que los casi 60.000 alumnos más vulnerables puedan adquirir comida en los supermercados.

¿Cómo debe ser la alimentación tanto de niños y adolescentes como del resto de la familia para que sea saludable? Silvia Romero, dietista – nutricionista especializada en nutrición infantil, sobrepeso y obesidad, autora del blog Equilibra’t, responde que es “aquella que es rica en frutas, verduras, hortalizas, frutos secos, legumbres y derivados (tofu, tempeh, soja texturizada…) y opcionalmente acompañada de una menor proporción de proteínas animales (huevos, carnes y pescados)”. Añade también que debemos alejarnos tanto como sea posible de los alimentos ultraprocesados ricos en grasas insanas, sal, azúcares y harinas refinadas, tales como patatas de bolsa, embutidos, chocolatinas, bollería, salsas comerciales, precocinados o los llamados “refrescos”. Este patrón de alimentación, según Silvia Romero, no debería ser distinto durante este periodo de confinamiento. En todo caso, señala que podemos disminuir las raciones “ya que nos estamos moviendo menos”.

 

 

Un niño come un trozo de sandía, mientras se baña.

Una oportunidad para dejar de comer mal

En enero de 2020, Silvia Romero escribía en su blog un texto en el que ella misma se respondía a una pregunta: ¿Nos estamos pasando controlando la alimentación de nuestros hijos? Explicaba que no es recomendable –y prácticamente imposible– aislar a los niños de la comida insana o poco saludable, y mencionaba momentos estresantes para las familias más “concienciadas” con el asunto de la alimentación como el entorno familiar, las fiestas o la llegada a la escuela. “Nunca debemos perder de vista una alimentación saludable para nuestros hijos y nosotros mismos. Pero no podemos meterles en una burbuja” apunta. Para la nutricionista es importante diferenciar entre lo esporádico y lo diario. En el confinamiento también. “Una cosa es hacer un día un bizcocho con ingredientes saludables y otra dejar que coman chucherías, crema de cacao, cacao azucarado en polvo, postres lácteos azucarados o galletas comerciales a diario. Como siempre digo, lo que no se compra no se come. Y si no lo tienes en casa no tendrás la tentación de comerlo. Debemos tener una despensa saludable siempre”.

El confinamiento por coronavirus ha parado en cierto modo nuestras vidas. No del todo. Aquí, dentro nuestras casas, las tareas escolares y laborales siguen su curso, los contenidos audiovisuales siguen siendo consumidos, las páginas de los libros continúan deslizándose entre los dedos de aquellos lectores –grandes y pequeños– que logran mantener su capacidad de concentración en la lectura. Nuestro apetito sigue ahí, siempre estuvo ahí, y esta vida a ralentí puede brindarle la oportunidad de descubrir que comer rico y sano no es un oxímoron. “Hay muchos profesionales que estos días nos proporcionan mucha información gratis sobre alimentación y ejercicio físico, así que debemos aprovecharla”, cuenta Silvia Romero.

Tener información puede ayudarnos a comer mejor, siempre que queramos, y sepamos, usar dicha información, claro. Para la nutricionista este tiempo con nuestros hijos e hijas puede servirnos para explicarles qué alimentos son saludables, cuáles no lo son, dejarles claro que determinadas preparaciones para desayuno o merienda son para días esporádicos y cocinar juntos recetas que nunca habíamos probado. Y si nos faltan ideas para cocinar, en Internet también las hay. La dietista-nutricionista Melisa Gómez y el cocinero Juan Llorca han elaborado una guía gratuita y accesible para todo el que lo desee: Alimentación saludable en familia. En la guía ofrecen la información esencial para alimentarnos de manera más saludable (qué alimentos priorizar y qué alimentos limitar, la frecuencia de consumo de cada grupo de alimentos o qué debe contener exactamente un plato saludable) y proponen dos menús saludables, con lista de la compra incluida.

La actividad física en la medida de nuestras posibilidades y de nuestro espacio también es importante. Lo es siempre, y lo es para todos los miembros de la familia, pero durante el confinamiento puede tener aún más importancia por la reducción de nuestros movimientos. “Hay que moverse todo lo posible. Levantarse del sofá o la silla cada cierto tiempo, saltar a la comba, hacer yincanas por casa, jugar al escondite, bailar, hacer rutinas de YouTube etc. Debemos mantenernos activos todo lo que podamos”, insiste Silvia Romero.

 

NO, NO HAY ALIMENTOS QUE AUMENTEN LAS DEFENSAS

Dicen que en toda crisis hay una oportunidad. Y en la crisis por coronavirus también parece haberlas. El miedo a contagiarnos pone en marcha nuestro instinto de supervivencia, y el de nuestras criaturas, y esto pasa inevitablemente por pensar en las defensas. No son pocos los mensajes que pueden leerse sobre la importancia de mantener un sistema inmune fuerte, algo que prometen alcanzar gracias al consumo de determinados alimentos. ¿Se puede hablar de alimentos que aumenten nuestras defensas? Julio Basulto, dietista-nutricionista y autor de libros como Se me hace bola o Mamá come sano, considera que se debe advertir a la población de que “no hay pruebas de que podamos aumentar nuestras defensas a corto o medio plazo mediante nuestra alimentación, salvo si estamos claramente desnutridos, que no es el caso en España”.Según explica el dietista- nutricionista, el único alimento que ha demostrado mejorar la inmunidad es la leche materna, pero solo en los niños amamantados. “Los adultos que tomen leche materna no mejorarán ni su inmunidad ni su salud, y restarán esa leche para quien de verdad la necesita: los lactantes”. En todo caso, sí cree que es necesario desaconsejar el consumo de bebidas alcohólicas, porque su ingesta nos vuelve más vulnerables a la neumonía, uno de los síntomas del coronavirus: “El alcohol interrumpe las vías inmunes, disminuye la defensa contra la infección e impide la recuperación de las lesiones en los tejidos”.Sí considera Julio Basulto que es importante desde todos los sectores promover una alimentación saludable –basada en alimentos de origen vegetal poco procesados–, pero no para prevenir la infección a corto o medio plazo, sino porque las últimas evidencias apuntan a que una población bien nutrida es menos susceptible a las infecciones. “Estamos viendo que el coronavirus afecta más a sectores de población con patologías crónicas muy relacionadas con el seguimiento de una mala alimentación a largo plazo, como enfermedades cardiovasculares o diabetes tipo 2”, concluye.

 

 

Fuente: elpais.com

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Un nuevo estudio concluye que dejarles que elijan la cantidad de comida evitará que padezcan obesidad en la edad adulta y refuerza la educación en alimentos saludables

 

La comida es la base de todo, es nuestra gasolina, pero también nuestra medicina. La forma en la que nos alimentamos ya desde que somos unos niños, configura y sienta las bases alimentarias de nuestra vida adulta, sobre todo, porque el organismo de los niños está en pleno desarrollo, y por ello, necesitan recibir una nutrición saludable desde el principio. Y es que, desde la Organización Mundial de la Salud, los expertos señalan al sobrepeso y a la obesidad infantil como uno de los desafíos de Salud Pública más serios de este siglo. El organismo sanitario explica que esta tendencia ha aumentado a un ritmo alarmante, ya en el 2016 se estimó que el número de niños con sobrepeso menores de cinco años superaba los 41 millones en todo el mundo.

Y ahora, un último estudio publicado hace pocos días en el Journal of the American Heart Association (AHA, por sus siglas en inglés) y realizado por expertos de la Asociación Americana del Corazón, sugiere que dejar a los niños que elijan las cantidades de comida puede evitar que padezcan obesidad en la edad adulta. Sin duda, unas conclusiones algo controvertidas dada la supuesta incapacidad de lo más pequeños a saber las necesidades nutricionales específicas que necesitan. Y, además, y como agrega el informe, la dificultad de ser conscientes sobre cuando están llenos al estar influenciados durante la comida por los deseos y demandas constantes de sus padres o tutores, un problema que puede influir negativamente en el menor.

A este respecto, la experta en nutrición y dietética y coach nutricional Beatriz de Haro, @beatrice_venice, asegura que el entorno en el que los niños crecen y se desarrollan puede fomentar la aparición del sobrepeso, obesidad y otras patologías asociadas que pueden comprometer seriamente su salud. “Los niños imitan el comportamiento de sus padres por lo que sería idóneo que estos, fomentaran la práctica de hábitos saludables comenzando por la dieta”, explica. “Por ejemplo”, prosigue, “basando la alimentación del hogar en productos frescos como verdura, fruta, carne, pescado, lácteos, cereales y pastas integrales, frutos secos y limitando lo máximo posible la ingesta de todos aquellos productos procesados ricos en azúcares y grasas”, añade.
alimentacion niños

Comer hasta la saciedad, pero sin autoritarismos

Los expertos de la AHA advierten que el autoritarismo en la comida hace que los niños tengan más probabilidades de comer cuando no tienen hambre y que ingieran alimentos menos saludables. “Un entorno alimentario autoritario no permite que un niño desarrolle habilidades positivas para tomar decisiones, puede reducir su sentido de control, y hacer que coman alimentos que probablemente sean más altos en calorías, lo que aumenta el riesgo de sobrepeso y obesidad”, detallan. Por su parte, Beatriz de Haro refuerza la idea: “Los niños de edades más tempranas, a diferencia de los adultos, no tienen un vínculo emocional tan fuerte con la comida por lo que disponen de una capacidad superior para sentir cuando el organismo les está enviando señales de que ya está saciado y debería interrumpir la ingesta. En el organismo, existe una regulación neuroendocrina del hambre, la saciedad y el mantenimiento del balance energético”. “Si un niño manifiesta que no puede comer más, es seguramente porque está lleno y ya ha cubierto sus necesidades. Presionarle a seguir comiendo puede favorecer la sobrealimentación, el sobrepeso y la obesidad”, agrega.

 

Una alimentación saludable desde el principio

La experta indica que los niños prefieren alimentos altamente palatables –cualidad de ser grato al paladar– y ricos en azúcares y grasas porque son más agradables al gusto. “Incluir productos naturales, evitando los aditivos que aumenten esa palatibilidad desde las edades más recientes, fomentará que según vayan creciendo, los niños hagan elecciones más saludables, ya que su paladar no ha sido modificado previamente”, nos cuenta. “Aunque cada uno tiene sus propias preferencias alimentarias, sienten curiosidad por todo lo que ocurre a su alrededor, por lo que intentan imitar las prácticas de aquellos que sirven como modelo. Por eso, si observan a los mayores comer ciertos alimentos, aumentará su interés para probarlos y descubrir si realmente son de su agrado”, concluye.

Otra investigación, publicada en el Journal of Obesity & Metabolic Syndrome, sobre los factores principales relacionados con la dieta que afectan la obesidad infantil concluyó que “los niños ingieren excesivamente alimentos ricos en energía como la pizza, comida rápida, comida discrecional, refrescos, bebidas azucaradas y helados”. Y en cuanto al patrón dietético determinó: “Los patrones occidentalizados establecidos tienen un alto contenido de ácidos grasos saturados, son densos en energía y pobres en micronutrientes”. Y que los hábitos alimenticios y comportamientos dietéticos de los niños indican que “muchos comen mientras miran la tele u otras pantallas, se saltan el desayuno o comen a todas horas y con mucha frecuencia”. En cuanto a los factores nutritivos positivos, estos expertos concluyeron que se reflejaba una buena ingesta de vitaminas C y D, polisacáridos (fibra) sin almidón, calcio, ácido fólico, y hierro. Pero que mientras la ingesta de granos enteros es adecuada, “se percibe un bajo consumo diario de leche, frutas, verduras y pescado”.

¿Cómo se debe comer? Estos expertos mencionan la denominada dieta de semáforo que consiste en alimentos divididos en tres categorías: verde (alimentos bajos en energía y ricos en nutrientes), amarillo (alimentos de energía moderada) y rojo (alimentos ricos en energía y bajos en nutrientes). E inciden en la importancia de las comidas familiares, comer todos juntos, el control de las porciones y las comidas regulares.

La National Health Service (NHS), por su parte, recomienda cinco pautas básicas, pero esenciales para ayudar a nuestros hijos a alcanzar un peso saludable, estas son: ser un buen modelo a seguir, fomentar al menos 60 minutos de actividad física todos los días, mantener las porciones del tamaño infantil, comida y bebida saludable y menos tiempo frente a las pantallas y más horas de sueño.

 

Fuente: elpais.com

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La vitamina D es el nutriente cuya ingesta habitual está más alejada de la recomendada. También los menores están faltos de calcio, magnesio y ácidos grasos omega-3

 

De entre las múltiples preocupaciones que tenemos los padres, una de las que nos persiguen durante más tiempo es la alimentación de nuestros hijos. Nos preocupa a pesar de que (o precisamente por que) no siempre tenemos suficiente tiempo para preparar a diario el menú perfecto, completo y sin demasiadas grasas ni azúcares. La vida nos supera a menudo. Y el teletrabajo no ayuda. Por eso es importante saber cuáles son las principales carencias de su dieta para poder así atajarlas con los menores quebraderos de cabeza posible.

El Estudio Nutricional en Población Infantil Española (EsNuPi), promovido por la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y la Fundación Española de la Nutrición (FEN) arroja un dato que resulta bastante llamativo: la carencia de Vitamina D en la dieta de los pequeños. Rosa Ortega Anta, profesora de Nutrición en la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, es una de las autoras del estudio, para el que se realizaron un total de 1.514 encuestas personales y 1.449 telefónicas a padres, madres y tutores de niños de entre uno y diez años: “En efecto, en todos los grupos estudiados, la ingesta de vitamina D fue inferior a la adecuada”. Y añade: “Considerando todos lo nutrientes, la vitamina D es la que muestra mayor alejamiento entre ingesta habitual e ingesta adecuada, de modo que la práctica totalidad de los niños tienen ingestas insuficientes.”.

 

Lo grave del asunto es que este nutriente es fundamental para la estructura ósea de los pequeños porque “ayuda a nuestros huesos a absorber y retener el calcio que necesitan para estar fuertes”. Y no solo eso: “Funciona como una hormona con propiedades inmunomoduladoras y es, por tanto, fundamental también para mantener una buena salud inmunitaria”. Es decir, esa que nos ayuda a luchar contra virus como el SARS-coV-2, causante de la covid-19. Por si esto nos parece poco, “además ejerce otras funciones que permiten el buen funcionamiento del sistema cardiovascular, neurológico, hematopoyético y endocrino”, asegura Ortega.

Una niña come una manzana.

La buena noticia es que es sencillo aumentar la cantidad de Vitamina D en nuestro cuerpo. “Las principales fuentes que tiene nuestro organismo para conseguirla son el sol y los alimentos. Teniendo en cuenta que en España disponemos de suficientes horas de sol al día, la hipovitaminosis D de los niños españoles parece estar asociada a la dieta.” Una dieta en la que debe de volver a tener lugar predominante la leche y sus derivados, principalmente las leches adaptadas y reforzadas. “La ingesta de Vitamina D de los niños que consumen leches adaptadas es entre dos y tres veces mayor que la de los que no las consumen”. También son una buena fuente de este nutriente los pescados, sobre todo los grasos y azules (aportan el 24%), los mariscos, los huevos y los cereales integrales. Lo malo es que precisamente son los alimentos menos habituales en la dieta de los niños españoles.

 

Por el contrario, “consumen un exceso de energía, de proteínas y de azúcares libres”, asegura , José Manuel Moreno Villares, coordinador del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Lo que provoca que alrededor de un 40% de niños y niñas de 6 a 9 años tenga exceso de peso, según el estudio Aladino 2019, elaborado por el Ministerio de Sanidad y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Aunque este porcentaje se reduzca hasta un 30% en adolescentes, la realidad es que la alimentación de los niños españoles es mejorable.

 

Rosa Ortega comenta que “conviene que los niños no se salten el desayuno, distribuyan los alimentos en 4-5 comidas y realicen más actividad, evitando el sedentarismo, pues esta falta de actividad lleva a un bajo gasto energético y a la necesidad de comer menos para evitar el sobrepeso/obesidad”. Por otro lado, consumir menos alimentos supone ingerir menos vitaminas y minerales y aumentar el riesgo de sus carencias. Porque la Vitamina D no es la única que habría que reforzar. “El estudio EsNuPi ha puesto de manifiesto que tampoco son adecuadas las ingestas de calcio y magnesio, nutrientes que también son esenciales para la salud ósea y metabólica de los niños”. Moreno Villares también apunta a la falta de ácidos grasos omega-3 (DHA) en algunos grupos de edad.

 

A largo plazo, estas carencias pueden afectar “a la salud ósea, pero también metabólica, inmunológica, funcional”, comenta la profesora de la UCM. Y eso no es lo peor, como apunta el pediatra de la AEP: “Unos malos hábitos en la infancia suelen llevan a unos malos hábitos en la edad adulta. La presencia de obesidad en la edad infantil se asocia a mayor riesgo de obesidad en la edad adulta, con consecuencias bien conocidas. Empezamos a ver en algunos adolescentes y jóvenes con obesidad algunos de los problemas que antes solo veíamos en el adulto: hiperglucemia, hipertensión, problemas óseos y articulares, apena del sueño…”

 

 

Fuente: elpais.com