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Cambios en la nutrición, la vacunación, el ejercicio físico o los aspectos emocionales son algunas de las consecuencias de un encierro prolongado

 

Treinta días. Ese es el tiempo que los niños españoles -exceptuando algunos menores por recomendación médica- llevan sin salir a la calle. Un mes exacto desde que el pasado 14 de abril el Gobierno decretase el Estado de Alarma. La irrupción del nuevo coronavirus y la enfermedad COVID-19 en nuestro país ha trastocado la rutina de millones de familias, y son muchos los padres que se preguntan si este encierro prolongado en el tiempo puede afectar al desarrollo físico y cognitivo de los menores.

Y la respuesta es que no. Según Raquel Jiménez, jefa de pediatría del Hospital infantil Niño Jesús (Madrid), «no existe un límite de tiempo a partir del cuál pensemos que el confinamiento pueda tener efectos perjudiciales en la salud de los niños. Tenemos que tener en cuenta que los más pequeños tienen una gran capacidad de adaptación a nuevas situaciones. Los adultos tenemos que transmitirles mensajes positivos y de confianza y explicarles que es algo temporal».

El mismo mensaje tranquilizador lo lanza la neuropediatra María José Mas, autora del libro «La aventura de tu cerebro»: «en niños sanos es difícil que un confinamiento de un mes, a lo sumo dos, altere el crecimiento físico o cerebral. Desde el punto de vista del neurodesarrollo, las tareas escolares seguirán siendo suficientes para un avance cognitivo. Es verdad que nunca hemos pasado por una situación similar en tiempos modernos, pero nuestro sistema nervioso está preparado para adaptarse a cualquier circunstancia y precisamente el de los niños y los adolescentes es el más adaptable», segura.

De hecho, según expone Carmen Miranda Cid, pediatra del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, «las consecuencias de un confinamiento de dos meses en el niño sano -siempre que se pongan suplementos, se lleve una dieta mediterránea y se haga cierto ejercicio en casa-, no supondrían nada que no fuera irreversible».

Consecuencias temporales
Sin embargo, sí que deberíamos tener en cuenta las consecuencias temporales. La primera, y común a todos los grupos de edad, advierte esta pediatra del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, es la reducción dramática de ejercicio, no solo del ejercicio físico reglado o la educación física del colegio, sino también las horas de juego, el caminar para ir al colegio, juego libre en el parque, en las zonas comunes… «El ejercicio físico se ha limitado a sus viviendas, y no todo el mundo en su casa tiene la posibilidad de hacer ejercicio físico aeróbico, que es fundamental para la osificación de los huesos (o incremento de la masa ósea), que tiene además su máxima importancia en la adolescencia».

 

Falta de Vitamina D

 

La falta de vitamina D es otro de los aspectos que pueden perjudicar a los niños, prosigue Miranda Cid. «Esta es una de las vitaminas más importantes para el ser humano, y no la podemos conseguir a través de ningún alimento, porque se produce en nuestra piel activada por los rayos de sol». De hecho, continua la jefa de Pediatría del Hospital Infantil Niño Jesús, «los pediatras recomendamos que niños menores de un año tomen suplementos de vitamina D en forma de gotas. Pero en general, en niños mayores, si están sanos, no necesitan suplementos durante el confinamiento. Bastaría, siempre que sea posible, con exponerles de forma indirecta al sol durante 10-15 minutos al día (en la terraza -siempre bajo supervisión- o jugando en la habitación más soleada de la casa o el jardín)».

Otro aspecto que preocupa a la especialista del Gregorio Marañón es la dieta. «Es verdad que va a influir mucho el nivel cultural y socioeconómico de las familias, pero aquí estamos viendo ya a algunos padres a los cuales el confinamiento les está suponiendo dificultades para que sus hijos lleven una alimentación correcta. Ahora, después de un tiempo de la falta de ejercicio y mala alimentación… veremos los síndromes metabólicos que nos encontramos a la vuelta».

 

El «desconfinamiento» infantil, con mascarillas

 

¿Cómo debería ser el «desconfinamiento» infantil? Una vez autorizada la salida de los niños al exterior, ¿mascarillas sí, o mascarillas no? Hay diversidad de opiniones. Para el jefe de pediatría del Hospital Universitario Príncipe de Asturias (Alcalá de Henares), el doctor José Ángel Gómez Carrasco, podrían ser útiles, pero reconoce que «en menores de 8 o 10 años es muy improbable que hagan un uso correcto de las mismas, especialmente si no están bajo tutela de adultos. Unas mascarillas no correctamente utilizadas pueden dar una falsa idea de seguridad. Una vez salgan los niños a la calle habrá que acompañar de medidas didácticas precisas y muy dirigidas a este colectivo, para enseñarles medidas esenciales para una convivencia meticulosamente higiénica». Así lo corrobora la neuropediatra María José Mas, para quien »es muy probable que los menores tengan que seguir normas sociales de distanciamiento y de higiene de manos extrema».

Sin embargo, para Carmen Miranda Cid, pediatra del Gregorio Marañón, «la salida de los más pequeños a la calle debe seguir las mismas indicaciones dictadas para los adultos. No hay que olvidar que ellos han sido la mayoría asintomáticos y portadores del coronavirus». «Por tanto, de salir al exterior, los niños por supuesto que también deberían llevar mascarillas. El objetivo es evitar que contagien. Es más, el «desconfinamiento», cuando se lleve a cabo, debe ser gradual, y con previa determinación de los test PCR del coronavirus de una forma generalizada».

 

 

Fuente: abc.es

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